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S e da fin a ía comida. T o d o s los días, al terminar ésta, Francos Rodríguez se dirige a sus habitaciones particulares, donde duerme la siesta. Son las tres de la tarde. Después de inedia hora de siesta se lev a n t a y torna al despacho. Este despacho de F r a n c o s Rodríguez, donde las librerías son plantas trepadoras que ascienden ávidas de pared, que ostenta como j o y a inapreciable el maravilloso grupo escultórico en bronce, obra del insigne Benljiure, titulado De salida- -un toro acometiendo a u n cabal l o- que contiene cuadros tan admirables, como La noche triste, de M a n u e l Ramírez; dibujos curiosos y, en general, valiosas obras de arte, recibe acogedor al maestro y enmarca a otro personaje de g r a n i m p o r tancia en la vida del ilus j e presidente de la Asociación de la P r e n s a D A n i o n i o L ó pez del O r o E l S r López del O r o es hace muchos años secretario de F r a n c o s Rodríguez. S u inteligencia y laboriosidad le han llevado a ocupar puestos principalísimos en el A y u n tamiento de M a d r i d y en la Asociación de la P r e n s a pero, no obstante el incremento de su personalidad, ha continuado desempeñando el cargo de secretario de D José, que despacha c o n él todas las tardes a las tres y media. También despacha con el taquígrafo, al que dicta cartas, artículos, etc. y, terminada esta labor, el ilustre ex m i n i s tro y ex alcalde de M a d r i d médico eminente y g r a n periodista, que, no obstante su larga vida de laboriosidad y actividades sin cuento persiste en realizar a diario un t r a bajo abrumador, se dispone a nuevas actuaciones. Son las cinco de la tarde. E n invierno, cuando el frío hace into! erable la estancia en la calle y en los paseos, Francos Rodríguez v a a los teatros o a los cinematógrafos; pero en verano prefiere el Retiro, donde pasea acompañado de su esposa y de su nieta. Antes de abandonar la casa, D José p e r manece unos instantes en el salón contiguo al despacho, donde también aparecen interesantes obras de ar e. L a s paredes os entan valiosos cuadros de escuela italiana, y en un rincón se exhibe un magnífico busto del maestro, modelado por Benlliure. Está realizado a raíz de ataque de hemiplejía que sufrió Francos Rodríguez, y el insigne artista valenciano ha logrado reflejar en el 1 CON S U ESPOSA, D O N A ASUNCIÓN lado derecho del rostro las huellas de la e n fermedad. E n el interior de una hermosa vitrina hay varios abanicos, verdaderas j o yas, pertenecientes a la esposa de D José, y un auténtico y valioso encaje que formó parte de las ropas con que fué bautizada. E s en este salón donde los esposos hablan breves instantes. E l día que les visita el i n formador se añade al coloquio u n detalle íntimo, algo que D José realiza sin advertir, inconsciente, el peligro que corre con la presencia del reportero indiscreto. C o n siste lo realizado en la entrega de 1.500 pesetas que hace a su esposa como regalo por el pasado día de su santo, para que doña Asunción compre lo que tenga por conveniente. E l acto queda reseñado en silencio por. el informador, que se cuida muy bien de no revelar su indiscreto propósito de darlo a la publicidad, y, hecha la correspondiente fotografía, sale D José a la calle acompañado de su fiel Salvador, fíace más de cinco años que Salvador López Algua cil presta servicio a F r a n c o s Rodríguez como ayuda de cámara: le vela, le cuida, le atiende solícito, y su comportamiento excede a ponderaciones. A tiempo de salir, D José se apoya en el brazo de su sirviente y sube al coche que le conduce al R e t i r o allí tiene el viejo maestro algunos amiguitos i n f a n t i les, que le rodean, y con los ¡jue charla d u rante su paseo. Después de este regresa a su casa, donde se dispone para la cena. Son las nueve de la noche. L a cena de D José es frugal. Algunas noches se dirige a la Asociación de la P r e n sa, entidad que constituye su segunda vida y a la que le ligan afectos imborrables, donde despacha algunos asuntos o preside las Juntas generales. S i así no ocurre, D José vuelve a su despacho, donde lee antes de- acostarse. E n la actua dad está leyendo dos libros de Rodolfo Rodríguez de A r m a s p u blicista cubano, titulados. Discursos y conferencias y Critica literaria, y, finado el y a n tar del espíritu, el patriarca de los periodistas madrileños decide el fin de su jornada y entra en el lecho. Son DON JOSÉ, C O N S U S A M I G U I T O S EN E L RETIRO ¡as once de la noche. LEANDRO BLANCO
 // Cambio Nodo4-Sevilla