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Roma, el de Lúculo, por e j e m p l o el de M a r c i a l el de César u otro cualquiera de los p o n d e r a d o s p o r clásicos historiadores y poetas del alto I m perio? Y la e v o c a ción es justa, porque la entrada al j a r d í n habla de aquella época con sus bustos m a r móreos de imperantes y filósofos. ¿Y esos leones que hay a cada lado de) a puerta? ¡A h! Esos l e o n e s no son u n o s l e o n e s cualesquiera... Dicen, refieren, aseguran q u esos felinos fueron l a brados, en a u t é n t i c a piedra de C a r r a r a para la f a c h a d a d e! Congreso de los D i p u tados. M u y luego se echó de ver que resultaban desp r o p o r donados, por m e n u dos, para la fachada que diseñara Pascual Narciso Colomer. Y después fueron- subs- tituídos por los actuales leones, f u n d i d o s con bronce tomado a los marroquíes en la campaña de 1860. E n estas y en otras ¡legó a la villa y corte don Juan Bautista Romero, quien iba a u l t i mar determinado negocio. E n t o n c e s l e propusieron a d q u i r i r ios leones marmóreos. Prometió a d q u i r i r l o s si el negocio aludido se resolvía b i e n Y como bien se resolvió, h i z o suyas ambas esculturas por l a suma de 12.000 ó 14.000 reales... P o r lo tanto, en el jardín de M o n f o r t e se hallan los primitivos leones del Congreso de ¡os D i putados. Y a estamos en pleno jardín. Y lo p r i mero que se ve es una plaza en la que d o m i na el boj r e c o r t a d o H a y en la atmósfera un acre p e r f u m e d e arrayán. L a s masas se desenvuelven a robustos planos. A c á y acullá, contrastando c o n la verde o b s c u r i d a d se yerguen blancas estatuas italianas. L a plaza está l i m i tada por muretes de ciprés domeñado per la podadera, que ha convertido la vegetación en arquitectura. Y entre las puertas que se forman se ven los viales que parten en- distintas direcciones. Sigamos uno de ellos. N o s llevará a u n lugar recoleto, a más bajo nivel que el resto del jardín. Más esculturas y más ciprés recortado. lín medio, una alberca con los consabidos peces de colores. Cuidado, ¿eh? Porque aquí, si desde el pabellón sueltan una espita, el suelo por donde caminamos comenzará a lanzar agua. Bromitas de l a época... E N T R E T N ARCO DE ROSAS SE V E E l CASTILLO D E RIPALDA JT Y así sucesivamente. L u e g o de esta parte neoclásica del jardín hay su porción r o mántica, con senderos umbrátiles que no llevan a ninguna parte, con grutas en que cae el agua tomando varias coloraciones, con monrañuelas unidas por puente de r a maje, con árboles copudos que recuerdan paisajes de B e r n a r d i n de Saint- Píerre. Pues b i e n ese jardín- -machacamos- -se halla a la disposición de quien desee (y pueda) comprarlo. Federico García Sanchiz propuso que fuera adquirido para la ciudad por el Ayuntamiento o por suscripción popular, caso éste en que se ofrecía a engrosarla con el producto de una charla sobre los jardines de España, que daría cuando y donde se le indicara. C l a r o está que lo más natural sería que l o adquiriera el A y u n tamiento, y a que tiene medios para ello. P e r o el Ayuntamiento, a pesar del tiempo transcurrido, aún no ha dicho está boca es mía n i mucho menos, este jardín es mío... ALMELA (Fotos Vidal. Y VIVES