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MADRID- SEVILLA 24 D E S E P B R E D E 1930. NUMERO 10 CTS. SUELTO R E D A C C I Ó N P R A D O D E S A N SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES Y ANUNCIOS: MUÑOZ CERCANA A T E T U A N SEVILLA ABC ñanza, esa ficción de aprendizaje que se c i fra en la escueta asimilación y repetición de fórmulas verbales, será acreedor a un aplauso sin reservas. E l peligro latente en todo movimiento de reacción se halla al presente en dar a la orientación formativa del bachiller, para alejarlo del estéril verbalismo, un sentido excesivamente realista; para ponerlo a cubierto de sutiles abstracciones, un carácter exclusivamente p r á c t i c o cayendo, en definitiva, al huir del Escila de un memorismo tan agobiador como infecundo, en el Caribdis también deficiente de un empirismo, a ras de tierra, harto alejado de la perspectiva de idealidad que debe informar toda enseñanza de tipo humanista cual es esencialmente la, del Bachillerato. DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VIGÉSIMOSEXTO N. 8.657) OLIVE, ORÍ EN T A C) ONES PEDAGÓGICAS Memorismo y empirismo E n medio del desconcierto desolador en que en tantos aspectos se agita la vida p ú blica española, no deja de ofrecer una nota de optimismo l a creciente preocupación por los problemas pedagógicos. Parece como si, al fin, se fuera dando cuenta el país de que, por encima de la reorganización política, y sin ceder el. paso a l a restauración económica, urge ir pensando en la formación de generaciones capaces de acometer una y otra, bajo la dirección de esas minorías selectas que, aun en l a m á s radical de las democracias, encarnan indeclinablemente la virtud de la soberanía. Como era lógico suponer, la renovación pedagógica de nuestro p a í s se endereza, desde luego, a eliminar esos malos hábitos de enseñanza y ele aprendizaje que, sin cons: tituir un triste privilegio, ofrecen entre, nosotros la natural resistencia de un inveterado, arraigo. N o hace mucho nos sorprendía l a Gaceta, no con un decreto m á s de reforma de segunda enseñanza, sino con una ponencia ministerial sobre la misma, en la cual, entre otras excelentes orientaciones, no se oculta el propósito de dar la batalla a uno de aquellos vicios inveterados, él- memorismo, cuyo descuaje se consider a como la tarea m á s urgente por acometer, sobre todo en el grado de. la enseñanza formativa por excelencia, cual es la segunda, o Bachillerato. E l memorismo, enefecto, en combinación con el verbalismo, en el que acaba por cristalizar, es un modo de aprender y de enseñ a r que todos, m á s o menos, hemos padecido, y que a ú n logra ambiente favorable en ía espesa m a r a ñ a de libros de texto, de pruebas orales, de ejercicios de erudición, que constituyen como la armadura de nuestra organización pedagógica. Aquel señalar una lección de un punto a otro del libro de texto aprendérsela y darla por sabida al simple recitado de carretilla ante el. embobado padre o madre de familia, cuando no ante el rutinario profesor, se halla a ú n lejos de haber desaparecido de nuestros métodos docentes. P a r a exterminarlo del todo se propone la radical supresión de las pruebas orales, su substitución por ejercicios prácticos realizados a base de cosas, no de textos; de realidades vivas o equivalentes, no de fórmulas estereotipadas en el papel y de a h í proyectadas en la plástica cerebralidad de un adolescente. Todo ello supone, naturalmente, el hecho de un empleo abusivo en gran escala de la memoria y del lenguaje en nuestra formación espiritual, y en nada, afecta al uso legítimo, y aun indispensable, que a estas funciones compete en. la vida humana y en el progreso de toda cultura, pese al exagerado olvido en que lo tienen no pocos estigmatizadores del memorismo y del verbalismo erigidos en sistema. Contraído, pues, a dicho empleo abusivo, cuanto se haga por desvanecer de nuestras costumbres docentes y discentcs ese simulacro de ense- tica de l a Segunda enseñanza- -en el cómé de la expresión, en el por qué del cálculo y de la técnica, en el para qué de la manipulación. A u n en ese plano m á s modesto de toda cultura, que, consiste en formarse una primera idea de las cosas, la mentalidad de un verdadero bachiller será sensiblemente superior a la del hombre vulgar. Este, ante la figura de- una circunferencia, sabrá seguramente distinguirla de una elipse o de u n- t r i á n g u l o pero, si le invitamos a que nos diga qué es aquello, se q u e d a r á p é r plejo. E l bachiller, por el contrario, h a b r á de llegar en- todo momento, no sólo a distinguir y clasificar las cosas, sino a describirlas y, mejor aún, a definirlas. en esa j e r a r q u í a escalonada de géneros, especies y diferencias que constituye la perspectiva clásica de la intelectualidad. la a a md Porque e k n i ñ o que asimila la lengua materna en la diaria convivencia con las cosas y con los signos en que se le exhiben, como m á s tarde se impondrá en el idioma e x t r a ñ o a través de un método m á s o menos Berlitz. el muchacho aficionado a la lectura que, por afortunada imitación de estilo, llega a exponer discretamente su propio pensamiento; el profesional de todas categorías, familiarizado, a fuerza de ejercicio, con sus cálculos, sus previsiones, su manejo de aparatos y de máquinas, son indudablemente personas, no sólo informadas, sino también prácticamente formadas en sus respectivos, cometidos. Pero, a qué distancia del joven que aspira a la misma formación por la vía eminentemente educativa de la disciplina intelectual, lograda en la fecunda conjunción de la idea racional con la realidad de la que emerge, y a la que se reintegra, tras el momento sin par de su pura contemplación! Iniciar en ella al espíritu en flor de un adolescente es la tarea cumbre, de indeleble huella en la vida de un hombre, que se halla reservada a ese período de educación que. se llama Bachillerato. Toda vida humana es, en efecto, un sistema de actividades de pensamiento y de conducta que adoptamos y periódicamente repetimos ante la realidad que nos rodea. Bajo cada una de aquellas actitudes se halla latente una norma, que se l l a m a r á regla en el lenguaje, teorema en el cálculo matemático, ley en el dominio de la explicación o previsión científica, precepto en el de la actividad moral. L a mayor parte de las gentes viven su vida en puro empirismo, utilizando y aplicando tales normas, pero sin darse cuenta de ello, sino a lo sumo en perspectivas bien limitadas y asaz confusas: saben andar sin saber Fisiología, hablar i g norando la Gramática, calcular o manejar los objetos a su alcance sin conocer la clave de sus relaciones matemáticas o de sus conexiones físicas. Pero hay siempre, debe haber en todo pueblo celoso de su cultura, una minoría inquieta y ansiosa de dar a su vida, y por ende hacer partícipe a la vida de los demás, del sentido plenamente humano que logra cuando se la vive, no sólo en función de sus objetos, sino también en función de sí misma, de sus propias normas de pensamiento y de a c c i ó n a formar esta minoría aspira el Bachillerato. P o r eso el bachiller no debe contentarse con saber hablar, calcular o manipular: debe, hallarse en condiciones de penetrar- -y en ello estriba la virtud educativa c a r a c t e r í s- S e r í a un error limitar sus horizontes ante el temor de que se falseen y aun se escamoteen tras las hueras fórmulas de un verbalismo encomendado a la pura memor i a M u y de estfniar son i las precauciones para que tal no suceda; pero sólo en cuanto no lleguen a cortar los vuelos del espíritu, que aspira a enfocar desde puntos de vista cada vez m á s altos el laberinto de cosas que desde su primer despertar le envuelve E n el afán de peregrinación que cada día m á s nos invade, el turista vulgar satisface su curiosidad con el simple deambular callejero por la ciudad que v i s i t a pero el viajero refinado busca siempre, como remate y coronamiento de sus informaciones de detalle, la impresión imborrable de una visión panorámica. Cuando desde su atalaya descienda al llano, su pauta de orientación y de valoración de las cosas se sentirá como figurada. A l g o de esto ocurre en la vida a quienquiera haya llegado a otear sus horizontes, sobreponiéndose al t r á f a g o de la experiencia vulgar, desde l a serena y diáfana cumbre de una pura idea. Ayudar a ascender a ella, sin perder contacto con la realidad, al espíritu del adolescente que aspira a v i v i r cumplidamente su vida humana, a capacitarse, en feliz expresión de Ernesto Lavisse. para la profesión no muy sobrecargada de hombre, constituirá siempre la tarea propia de esa formación, llamada por excelencia humanista, el timbre m á s alto y noble de su abolengo intelectual. JUAN ZARAGÜETA INSTITUCIONES LAGEÑAS MA El Asilo de Nuestra Señora d Jos Angeles S i te parece- -me había dicho D A n tonio Baena- podemos aplazar la visita que proyectas hasta el primer domingo de septiembre. E s c día se celebra en el asilo de los Angeles un acto interesantísimo, a l cual quizá te convenga asistir. ¿Q u i é n es este D Antonio Baena, que de tal modo. allana mi labor y tan. cert eramente interviene en favor de mi propósito informativo? E n Málaga no hace falta, decir quién es D Antonio Baena; -en Sevilla y en el resto de E s p a ñ a no h a r á falta tampo-
 // Cambio Nodo4-Sevilla