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w CÁDIZ. B O T A D U R A TENCIA D E LAS AUTORIDADES DE UNA Y MOTONAVE CON ASISPERSONAL D E L ASTILLERO MOMENTO D E SER B O T A D A A L AGUA L A MOTONAVE G E N E R A L J O R D A N A D E MARINA EL ALTO (FOTO IGLESIAS) el kilo, pero computando su respectivo paquete intestinal y todas sus visceras, que en üas volaterías madrileñas se excluyen al venderlos. Igual precio tenían los conejos, los patos y las ocas. Las patatas, un veinticinco por ciento más caras. L a carne de vaca, que en nuestra v i l l a cuesta cuatro pesetas y media el kilo, había que pagarla a 32 francos, o sea algo más de diez pesetas. Las frutas alcanzan precios igualmente desmesurados. L a uva que el madrileño paga a peseta, allí costaba tres. Las ciruelas, las peras, los melocotones, por lo menos un ciento por ciento más caros. ¿Qué más? E n una excursión fuimos a M a r e n nes, criadero famoso de ostras. Nos hicieron pagar sesenta céntimos de- peseta por cada una: puestas en París, con los gastos de embalaje, arbitrio de. Consumos, transporte y beneficio para el intermediario, supongo que se expenderán a peseta. E s de advertir que se venden sin perlas. U n último detalle: IRoyan está enclavado en una zons. eminentemente vinícola. S i n embargo, no hay allí vino más barato del que se vende a tres francos (una peseta) el litro. Y aunque yo no he osado probarlo me consta que no tiene de auténtico ni el color siquiera. Esos precios explican los que se exigen en los restaurantes y en los hoteles, pero no justifican la rapacidad de los comerciantes ni de los campesinos, muchos de los cuales expenden directamente sus productos en el mercado, y, en consecuencia, no pueden alegar que los pagan caros a su vez. ¿Cómo resuelven los turistas extranjeros, y aun los veraneantes franceses de la clase media- -que son millones- -el problema que les plantea esta carestía de las subsistencias? Sencillamente, no comiendo. Materialmente es que no se come. Se engaña e! hambre, se le entretiene con piltrafas aderezadas de un modo decorativo. A h o r a esto se cohonesta con razones de higiene. Pero, al mismo tiempo se ven muchos chiquillos flacuchos, muchas jovencitas escuálidas, de clases aparentemente burguesas. Unas se alegran porque así conservan la línea, aunque conserven a la vez la propensión a la tuberculosis. Otros quieren sanearse tomando baños de sol. L o que tienen que hacer es comer lo suficiente, aunque para ello prescindan de estos viajes del veraneo y de los gastos innecesarios que llevan consigo. Pero si en Madrid, donde la. vida es más Has aromáticas a las tiendas de los herbó- ristas. P a r a conocer la verdad del refinamiento y la opulencia auténtica de un país es importante ver cómo saben despedazar las viandas los tablajeros y observar si las aves que penden, despojadas y a de su plumaje, en las volaterías, parecen bien cebadas o famélicas. H a y un tratado que escribir sobre todo esto. Sería preciso para ello un erudito como Valera, que en Juanita la Larga compuso páginas deliciosas sólo con la gustosa relación de los guisos y la repostería populares de Andalucía. Pues en Francia, como digo, los productos que se venden en el mercado están caros. N o con relación a nuestra moneda, sino en absoluto. M u c h o más de lo que señalaba recientemente en España el maestro F r a n cos Rodríguez. L a sardina, por ejemplo, es, no por virtud, sino por su condición abundante, un pez modesto. E n Royan y en B u r deos, sin embargo, se venden las sardinas individualmente envueltas en papel de seda, como los cigarros habanos de lujo, y a treinta y cinco céntimos de peseta cada una. L a merluza de nuestros años estudiantiles, l a merluza que no falta en ninguna casa de huéspedes de M a d r i d y que ahora se vende a cuatro pesetas kilo, cuesta allí- -donde no tiene gastos de transporte- -á siete pesetas. L o s tomates, que en la corte se adquieren a cincuenta céntimos kilo, valen allí el doble. L o s pollos se cotizaban a siete pesetas BORNOS (CÁDIZ) L A F E R I A D E S E P T I E M B R E VISTA GENERAL DEL REAL DE LA FERIA. (FOTO QUIJANO)
 // Cambio Nodo4-Sevilla