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A B C. M A R T E S 30 D E S E P T I E M B R E D E 1 0. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 32. E l quinto era un toro hipócrita: las daba de extenuado y de mosquita muerta para pillar desprevenidos a los lidiadores con sus imprevistas arrancadas. A Cayetano lo encerró en tablas y le dio un susto de primera clase. Pero la victima no- volvió a liarse n i arrimársele: pinchó dos veces y terminó metiendo el arma por no sabemos qué espacio intercostal de la fachada derecha. ¡Cuántas cosas le diríamos, si ya no le hubiéramos dicho tantas! E l joven maestro tuvo una tarde gris. ¡Mentira parece que tan joven, esté tan. encorvado! Doblado hacia delante desarrolló la casi totalidad de su labor, sólo aplaudida con entusiasmo en unos rodillazos a cabeza pasada en el animado primer tercio del tercer cornúpeto. Aquel bicho, que había salido abanto, huyendo de los capotes, crecióse apenas se enteró de en donde estaba, y con bravura que denotaba su pureza de sangre, hizo hermosa pelea con los de la vara larga, a los que arremetió cinco veces con codicia y pujanza. Los apegados a la rutina de las cuatro varas se disgustaron porque el presidente autorizó una más. ¡Como si no fuera lo más bonito de la fiesta el ver lidiar un toro valiente y consentirle que dé de sí todo cuanto puedan su nervio y su energía! Lalanda no nos gustó ante adversario tan valioso. Con la muleta inerte ante la fiera, fingió lamentarse de que ésta no arrancaba; pero cuidaba de no, mover él trapo para provocar la acometida. Salvo dos naturales muy violentos- -o nada naturales- -y algún pase por alto, el trastear fué barrerista, por la cara y, pese a los adornos de rigor, dominando sólo a medias. N o se ciñó n i en el pinchazo n i en la estocada final, y aunque hubo quien pidió l a oreja, la mayoría guardó silencio. E l bravo bicho fué aplaudido en el arrastre. A l quinto, flojo y de mal estilo, le colocó un buen par y lo muleteó con precaución, matándolo con una estocada caída. Entre la laboriosidad de las cuadrillas destacó el arte, la maestría y la gracia de Rafaelillo, E l Posadero fué cogido por el sexto, que le retuvo entre las patas sin hacerle daño. A l salir el quinto toro- -terciado, aunque bien armado, como los demás- -ocurrió un caso litigioso... U n lidiador espontáneo lanzóse al ruedo provisto sólo de una muletilla que desempaquetó a la vista del público. E l hombre, necesitado de algún palo con que completar los trastos, lo pedía a gritos a los espectadores, y uno de éstos le arrojó su bastón. L a autoridad dispuso la detención del colabora, dor imprudente, y ello originó discusión en la grada: el hecho, ¿era apoyo de una actitud punible, o anhelo de dar medios a un semejante para que mejor se defendiera? Habrá que repasar el Derecho romano... L a entrada, buena, salvo en el sol alto. E l niño ha crecido Manolito Bienvenida tiene hoy talla de hombre. Bien pasados están los dolores sufridos, a cambio del estirón con que le ha espigado- -levantándole sobre el campo del arte- l a peligrosa dolencia sufrida... Fué ella- -de la gravedad de su proceso quedó testimonio en estas columnas- -el cambio brusco del eral al toro; el tránsito temprano de becerrista a matador de alternativa. N o es avivar amarguras prescritas, sino señalar, con alborozada sorpresa el desenlace feliz de las dudas y desánimos que deprimieron entonces el espíritu del chaval, recordar cuan escasamente le acompañó la fortuna en los comienzos de la temporada... Málaga, Cádiz, nuestras corridas de abril, testimoniaron las zozobras dé quien, removido de. un puesto infantil donde era triunfador cotidiano, no lograba acomodarse a gusto entre los profesionales curtidos y avezados en el arte de torear. Simüia similibus... De la dolencia que para Bienvehidita era el verse ante el toro, el toro le curó. Poco a poco, el entusiasmo que en su joven corazón latía fué emergiendo sobre la inadecuación y los sinsabores. Y Manolito fué viendo más fácil y hacedero cada día reanudar ante reses corpulentas, de armas afiladas, la relación, triunfal de sus hazañas de juguete. Y a la postre de unos éxitos. provincianos cuya noticia arrancaba sonrisa de maliciosa duda, llegó el relato de su victoria en Madrid, comentada y encomiada con aserto irrecusable por la firme autoridad de don y porque, ensanchado el. angosto círculo en que hoy se encierra la corrida- -concurso de Un gran par de Manolito. aposturas bellas ante enemigos dóciles- -sé inspira y se remonta sobre su devoción a la alegría gentil, omnisciente y florida de la bendita escuela sevillana... E l sólo él, dio vida a la fiesta, y puso aroma de torería en el anillo, y alumbrq el entusiasmó en la vasta gradería. Lleno de celo, de cariño al arte, de ímpetu juvenil, tuvo su t 4 rde de torero grande, apasionado y artista. Toda la lidia de su primer toro fué un gracioso primor: suaves, apretados, serenos, los lances de capa; maravilla de maestría, realzada por un aire de juguetona travesura, los pares de banderillas, en que el torero parecía decir a la res: ¡N o te canses persiguiéndome, queyo voy a t i! y, vuelto sobre sus pasos, sin pararse en su carrera, hacia la res tornaba, y, unidos los pies- ante l a cara, alzaba con pausa y gallardía los brazos, para clavar- los arponcillos en la cruz; Cerchado de estilo, en fin- -reunidas la adustez de lo clásico y la sonrisa sevillana- -el admirable muleteo. A l ayudado por alto, lleno de majeza, siguió el luminoso fluir de los naturales, prendido el último en la bien ligada arrogancia del pase de pecho. Y entonces- -i sólo entonces! cuando los pitones le habían rozado la faja una y otra vez, cuando el diestro había sumado a aquella imponde- rabie colección de, muletazos dos ayudados por bajo pletóricos dé plasticidad, v armonía, advino el capítulo de los adornos que son enjundia única de otras reputaciones: el desplazar airoso del trapo de una mano a otra, el giro de los molinetes, los rodillazos y toques del pitón con que quedó coronada, llena de inspiración y de maestría, la sobresaliente faena. ¡S i el estoqueador hubiese acertado igualmente... A media estocada alargando e l brazo siguieron unos cuantos descabellos que retrasaron algo el final. Sobre aquella contrariedad se sostuvo el entusiasmo del público, que concedió a Manolito una ovación delirante, haciéndole dar la vuelta al ruedo y saludar desde los tercios. A calmar- la calentura torera del niño no bastaban aquellos- laureles. Todavía, al último de la tarde, falto en absoluto de codicia, le obligó a tomar el capote lanceándole superiormente y exhibiendo en quites- -entre las apatías ajenas- -la gracia de las chicuelinás y la larga afarolada y el prieto recorte a la media verónica. Más destacado relieve que antes- -porque la sosera del bicho oponía mayor dificultad al lucimiento- -alcanzó esta vez el rehiletero, que a un tiempo mismo supe cuidar del toro y de, la brillantez del tercio, clavando en lo alto- -justo al reunirse y primoroso en la ejecución- -tres pares soberanos. Pasó de muleta, por ayudados y con la derecha- -sin amilanarse ante una tarascada muy fuerte- -sacando un buen partido, entre aplausos, de trance tan poco favorable. Y cuando hubo matado de un pincha B i e n v e n i d a en u n a v e r ó n i c a ál sexto. escalofriante media V, a buen auite. S o M r z a n o el n u e v o m a t a d o r de t o r o s en Gregorio Corrochano. Después, la Feria de Valencia, con la encendida apoteosis del joven lidiador. Luego, en fin, un largo relato de corridas, no siempre- -claro es- -realzadas por el éxito cimero, pero siempre reveladoras de que el niño, en fuerza de lidiar; con reses de todos los estilos y todas las vacadas, había vencido, dueño de la facilidad, los terribles obstáculos de un día... Así, el anuncio de, su nombre era en Sevilla curiosidad y expectación- -el rebosante lleno que ayer nos oprimía en la plazca- y también- -en el inexorable juez que cada taurófilo lleva dentro- -afán de comprobar, con el microscopio de la tacañería, la verdad de los progresos que de Manolito se contaban. Y Manolito, lleno de confianza en sí mismo, arrostró el peligro de la grada- -más pavoroso que el del ruedo- -en una corrida fínica donde, si las cosas rodaban mal, la poca estima que de él se hiciera en la Feria grande habría declinado- ¡y esto en su t i e r r a! -a la sima del fracaso irreparable y definitivo. ¡Cuan fácil habría sido el sostener- -prenda de contratos venideros- -el cartel de que, por referencias, gozaba por acá! Esplendido fué el resultado de l a prueba: premio del pundonor y del buen conocimiento del propio valer. Acabada la corrida de ayer, el humanó reguero que de lá plaza de la Maestranza partía, fué difundiendo coli fiebre de emoción, hacia los barrios que en tiempos mejores- -cuando el toreo creaba ídolos- -vibraron de entusiasmo aHfe los triunfos de ¿sus toreros, la buena. rüeva de un gran lidiador sevillano; de un artista doblemente nuestro: porque es Sevilla su cuna
 // Cambio Nodo4-Sevilla