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MADRID- SEVILLA 2 DE OCTUBRE DE 1 930. NUMERO 10 CTS. PRADO DE SAN SEBASTIAN. CERCANA A SUSCRIPCIONES Y TETUAN, SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. N. AÑO 8.664 OLIVE. VIGÉ. tf SJMOSEXTO ANUNCIOS: MUÑOZ SUELTO REDACCIÓN: LA P O L Í T I C A Y LOS INTELECTUALES A l contar de antemano con vuestra benevolencia, sin enfadoso exordio, me entro por el tema propuesto, tal vez demasiado ambicioso, pero que no he dudado en elegir en la seguridad de que por su mismo asunto podrá interesaros, temeroso de mi poco acierto en dar interés a otro asunto que por sí mismo no os interesara: -La- política y los intelectuales. Ante todo digamos, parafraseando a Fígaro Quiénes son los intelectuales y en dónde se encuentran? Desde luego, a muchos de ellos se los encuentra entre los políticos. N o caeré en la vulgaridad de creer que entre los políticos no hay hombres- intelectuales y que la política es patrimonio de fracasados en otras esferas de la actividad intelectual. L a m a y o r í a de nuestros políticos es muy inteligente; algunos, quizá demasiado inteligentes; hasta pasarse de listos, como. suele decirse. Eso s í es triste pensión del Poder que durante su ejercicio esa inteligencia produzca lamentables eclipses y d e ella apenas parezcan señales visibles cuando m á s necesario sería que resplandeciera. Pero una vez en la oposición, la inteligencia de nuestros políticos se aclara, y para los más arduos problemas nacionales que en el ejercicio del Poder no acertaron o no se atrevieron a resolver, hallan en la oposición las m á s acertadas y fáciles soluciones. T a n bien parecen alejados del Gobierno, que el país, incauto, llega a creer que al volver a gobernar lo h a r á n bien aleccionados por la experiencia; pero, ¡a y! que una vez reintegrados al Gobierno, de ellos puede decirse, como de l a Corte y la aristocracia se dijo en Francia al restaurarse la M o narquía, pasadas las tremendas crisis de la Revolución y del Imperio: N o han aprendido nada y lo han olvidado todo. F r a g i lidad de memoria que es incapacidad de previsión. Este es el mayor mal de la política española. A s í hemos visto cómo entre todos nuestros políticos, culpables todos, todos, del advenimiento de la Dictadura, pocos han sido los que han aceptado con nobleza su parte de culpa. L a mayor parte han preferido, con algo que, de no llamarlo peligrosa inconsciencia, pudiéramos calificar de mal gusto, elevar las responsabilidades a las alturas a las alturas en donde, a poco que se entienda de manejos políticos, sabemos que es la región en donde, por su misma altura, no se dispone nada y hay que soportarlo todo. Los que pretenden elevar las responsabilidades de l a Dictadura son los primeros en saber lo que hubiera sucedido de no aceptarla. N i sé cómo hay político! del antiguo résrimen que se atrevan a exigir responsabilidades, cuando sólo por el modo de llevar los asuntos y la campaña de M a r r u e c o s- h a b r í a para eximírselas a ellos hasta empalmar con el día del juicio, en que h a b r á n de dar m á s estrecha cuenta. Y o espero de la cordura de alguno de ellos el más rotundo arrepentimiento de una ligereza que sólo tiene esa dispulpa; haber sido ligpreza. 5 ¿no es toda forma de Gobierno una Dictadura? Dentro del sistema parlamentario, desde el momento en que un grupo, una fracción del Parlamento, consigue imponerse, ¿n o ejerce una Dictadura m á s irresponsable que la Dictadura individual? ¿N o hemos visto cómo el presidente del Consejo de ministros, en Francia, se ha visto obligado a anticipar el cierre del Parlamento para evitar el obstruccionismo sistemático de la oposición? Y en todas partes, en todos los países, ¿qué se ve hoy m á s que D i c taduras m á s o menos disimuladas, y cómo se substituye la imperante sino con otra de mayor presión y violencia? Dictaduras que sen una forma del socialismo, porque tan socialista es la Dictadura en Italia con Mussolini, como la Dictadura en Rusia con Lenín y Staline, como la Dictadura norteamericana con sus plutócratas. Quizá por eso, las tres, aunque diferentes en su aspecto, se entienden tan bien en sus negocios comerciales. E l comercio internacional; el alma de la política en los modernos tiempos. A nuestras izquierdas, cuya m á s relevante cualidad es la consecuencia- -siguen- pensando como en los mejores días anteriores a la revolución clcl 6 S- les parecerá, de seguro, paradoja la afirmación de la semejanza ideológica entre Lenín y Felipe II. Su aspiración era la misma: la unidad, la catolicidad del mundo- -en el m á s amplio y verdadero sentido de la palabra- Los dos atendían al fra sin reparar en- los medios. Hay que conceder que los de Felipe II no eran tan extremosos y violentos; al fin, era un espíritu aristocrático. E l de Lenín no podía ser. m á s plebeyo. De Lenín decía G o r k i Y o creo que la individualidad humana le es indiferente. Sólo piensa en los partidos, en las grandes masas, en los E s tados. E r a enemigo acérrimo del parlamentarismo, de la democracia y de todas las l i bertades. Suya es la frase: L a libertad es un prejuicio b u r g u é s E l Escorial y Moscú, i Q u é interesante estudio comparativo pudiera hacerse de las dos políticas, de sus aspiraciones a la pacificación universal por el universal dominio, en nombre de una idea: la religiosa, en E l E s c o r i a l la comunista, en M o s c ú! Idea capaz de sobreponerse a todos los sentimientos de nacionalidad y de raza. Nuestras izquierdas, al barajar sin concierto los conceptos de república y socialismo, como compendio de todas las libertades, no han acabado de entender todavía que el republicanismo, como lo entienden nuestros republicanos, no tiene nada que ver con el socialismo, que es, justamente, coacción de la libertad individual en provecho de una más perfecta organización social. Los socialistas si lo saben y sí lo entienden, porque son m á s avisados que los republicanos, pero cultivan y fomentan la confusión por lo que pueda aprovecharles. E l día en que triunfara el verdadero socialismo habría que ver el estupor de muchos que hcy se llaman socialistas, al verse chasqueados en sus aspiraciones libertarias. E l socialismo, al implantarse en España, habría de ser por una Dictadura, diérasele el nombre que se quisiera, como todo nuevo régimen por necesidad ha de serlo al im, L a Dictadura. ¡H o r r e n d a palabra! una plantarse y hasta verse consolidado. A l hablar de la consecuencia de nuestras palabra, un nombre, porque, en realidad, izquierdas- -yo no considero a- los socialistas como izquierdas; me refiero a liberales y republicanos- no quisiera que esto pareciera un reproche. N o es que yo estime como gran virtud política o social la consecuencia en las ideas, cuando esta consecuencia sólo significa falta de agilidad mental y m á s parece tozudez; pero siempre es preferible a la versátil y volandera inconsecuencia de algunos, que tanto puede tener de agilidad como de cuquería. N i de cuquería siquiera puede, calificarse esa reciente irrupción por los campos republicanos de algunos viejos monárquicos que de nada sirvieron nunca a la M o n a r q u í a ni para nada ha necesitado de ellos. Y ahora, dándose de ofendidos y postergados, cambian de ideas con la ilusión de que- van a parecemos otros; como el que se retrata en una de esas barracas de feria en donde, con su propia cara, ¡parece a l retratarse con i n dumento de torero, de aviador- o de bailarina. N o me sorprende que- ellos estén muy ufanos de su entrada en la República, que más parece entrada de clowns, de esos que llegan a estirar la alfombra sobre l a pista cuando ya está bien colocada. L o que me extraña es que los antiguos y consecuentes republicanos de siempre no los hayan recibido con la natural y merecida rechifla. Y ¡nada menos pretenden que una República a su gusto, para no malquistarse del todo con sus antiguas relaciones aristocráticas, eclesiásticas y financieras; una República conservadora, de mucho orden y hasta clerical. Supongo que con gorro frigio los angelones de las fuentes públicas y las imágenes de las procesiones, como en los gloriosos tiempos de la gloriosa República española, el m á s desagradable de mis recuerdos i n fantiles. Dejémonos de ensayitos republicanos. Para ensayos, antes de haber perfeccionado el invento, y a tenemos bastante cori las películas habladas. Y no se molesten los republicanos por estas apreciaciones m í a s los recuerdos desagradables de l a infancia se borran muy difícilmente. JACINTO S E Ñ Á L E N T E GLOSAS POLÍTICA D E L A BÉLGICA C E N T E N A R I A -D e las cuestiones pedagógicas y sociales a las cuestiones políticas, no va gran trecho. L a filantropía lo recorre con facilidad. S i en Bélgica, las instituciones fundadas por Solvay han podido a ú n gracias a una asepsia rigurosa, mantenerse en la impasibilidad de lo objetivo, no se puede afirmar de igual modo que todo lo hecho en memoria de Leo E r r e r a haya escapado completamente a la influencia partidista y parlamentaria. A nadie sorprenderá que se diga que, en es. s campo de lo político, es donde el observador encuentra m á s dificultades para advertir, donde el historiador de la cultura está en peor posición para- comentar. De todos modos, lo m á s esencial de este capítulo consignado ha quedado ya en el breve curso de las presentes notas sobre el Centenario de Bélgica. Que se han abierto consignando cómo la obra nacional de este país había logrado su mejor éxito en la colonización! r
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