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A B C J U E V E S 2 D E O C T U B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 del Congo y tenido su peor fracaso en la gravedad de la cuestión flamigante. COLONIZADORES POR MUTACIÓN ¡B R U S C A -L a creación de la colonia del Congo se presenta a nuestros ojos como ilustración práctica a l a doctrina dé cuánta iniciativa puede tener- y por lo tanto, cuánta responsabilidad tiene ¿o r a l m e n t e- -u n Rey constitucional, incluso en el m á s democrático de los regímenes. L a creación de la colonia belga del Congo se debe casi exclusivamente al esfuerzo personal cíe Leopoldo I I E l M o narca convirtió a su pueblo- -por mutación brusca cabe decir, empleando el lenguaje de los biólogos- -en pueblo colonizador a la alta escuela, como otros Soberanos pudieran casi de pronto convertir el suyo, si quisiesen, en un centro de alta cultura universitaria. Las gentes dieron en decir, a lo largo de todo el siglo pasado, que había dos procedimientos para cambiar la vida pública, i n troduciendo en ella reformas trascendentales la revolución, modo artificial y violento, y la evolución, cambio natural, espontáneo y lentísimo. Y claro que l a pereza fatalista se agarraba a este último procedimiento; claro también que el primero encontraba predilección en toda manifestación, más o menos obscura, de voluntad catastrófica. E n lo que parecía no atinar nadie es que, entre la evolución y la revolución, un tercer procedimiento de mutación colectiva existe, el que podemos llamar de intervención, que ni aconseja en cruzarse de brazos como la pri- mera, ni en levantarlos, cerrando el puño como la segunda. Sino en agitarlos valiente y eficazmente, dándolos sin desmayo a l a tarea; en trabajar con ellos, haciendo lo que el buen labrador, que destripa el terrón, un surco detrás de otro surco, sin esperar a que el maná caiga del cielo, o a que baje de él una ave trayendo en la boca un pan; pero sin cazar tampoco al ave cruelmente, ni lanzarse, brutal, a arrebatar de la N a turaleza un botín cruento. A l g o de caza ha podido tener, en alguno de sus momentos y aspectos, no cabe duda, la acción colonizadora congolesa. Olvidémoslos, en homenaje a los otros momentos, a los otros aspectos, a que el esfuerzo nacional ha sido, m á s noblemente, de intervención, de actividad enérgica, pero todavía moral y humana. Hasta qué punto era esa actividad indispensable a la subsistencia de Bélgica corno nación, nadie a mediados del siglo pasado lo preveía. Nadie, sino el futuro Leopoldo II, entonces duque de B r a bante. Sus estadistas t a r d a r á n todavía veinticinco años en comprender; su país, cincuenta a ñ o s H o y cualquiera puede hacerlo y a cualquiera que visite el pabellón del Congo, en la Exposición de Amberes. L A C U E S T I Ó N F L A M E N C A -L o que en aquellas fechas en que Leopoldo I I era duque de Brabante nadie podía prever es la virulencia que iba a alcanzar un día l a ruptura interior entre flamencos y valones. E l optimismo nacionalista se esforzaba entonces a ú n en convencer a todo el mundo de que, al emanciparse de Holanda, había encontrado el país el secreto de una estructura natural y definitiva. N o se sospechaba en aquellos días esa angustiosa fatalidad de escisión interior hasta lo infinito, que permite aplicar a todo nacionalismo teórico los argumentos o aporías de Zenón- de Elea. Por pequeña que sea una nación, siempre cabrá dividirla en dos naciones. Bélgica nos proporciona de ello, in anima nobüi, aquella comprobación que precisamente los razonares del Eleata no tenían l a comprobaciórí experimental. Pero los resultados de esta comprobación, ¿n o a d m i t i r á n doj direcciones antagónicas? E l flamenco que se siente diferente del valón puede, a la vez, sentirse diferente de todo el mundo. Pero también puede sentirse, por el hecho mismo de esta diferencia con el oficialmente connacional, familiar y análogo con otros elementos extranacionales, en la especie, con el elemento neerlandés. L a literatura flamenca, ¿no se incluye ya en substancia, dentro de la l i teratura holandesa? L a s obras de los escritores de aquélla, ¿n o tienen su mayor mercado en E l H a y a o en Amsterdam? Sólo mínimos matices dialectales, especificaciones de cortesanía o de ruralidad separan l a lengua escrita en estas capitales de la que cultivan los literatos flamigantes de Gante o de Amberes. Tales especialidades, tales matices van desapareciendo a medida que estos últimos enriquecen y elevan el repertorio de sus asuntos. Entre los literatos j ó venes han desaparecido aquéllos casi del todo. U n a parte de l a juventud flamigante es hoy, por otro lado, ya declaradamente neerlandófila en política. Sospecho que sin la intervención de Alemania, que aprovechó ocasiones derivadas de la ocupación, cuando la gran guerra, para llevar agua a su molino, una reacción neerlandista sería ahora el desenlace natural del movimiento flamigante. Dígase también, para ser exactos, que hoy h tendencia a esta nueva aproximación no se v e r í a correspondida por una reciprocidad en Holanda. Ninguna veleidad de anexionismo o- -según l a manida fórmula- -de irredentismo atraviesa el cielo sin nubes que preside la pacífica vocación dei reino de los Orange. EUGENIO D ORS Al excitarse se violenta la regularidad tema nervioso, creando grosa anormalidad tan del sisuna peliorgánica. Las neurastenia, excitaciones frecuentes, se concreen s í n t o m a s d e histerismo, desmayos, convulsiones, etc. Eviten estos efectos, c o rrigiendo la causa, tomando con t é o tila, d o s o m á s cucharaditas del AGUA DE A Z A H A R LA GIRALDA fen F a r m a c i a s Perfumerías y Droguerías sedativo de tiiada flores os nervios escogidos de del naranjo agrio. La única medicación natural. D e s de pétalos frescas TENA SEVIL UV- MADR! P