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ABC. VIERNES 3 D E OCTUBRE D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. PAG. 7 superpapús Bugallal, el superpapús V i l l a- nueva y el superpapús Alcalá Zamora. Después del largo ayuno, esos políticos, que sufrieron las pruebas más extenuantes, que debieran estar, consumidos ya por la potencia renovadora del país, como la tierra consume los cuerpos sepultados, se alzan incólumes, frondosos, inútiles, tenaces. Monárquicos o republicanos. N o les importa. V i ven en todos los ambientes. Pero viven, v i ven, viven... Esto no tiene una explicación natural. Esto es evidentemente un milagro. A h o r a centra un milagro es inútil escribir un artículo, pronunciar un discurso, convocar unas elecciones... W. F E R N A N D E Z FLOiREZ NOVELAS D E AHORA H e aquí tu señor... Andrea Duvernet- Bailleul es una bella dama, perteneciente al patriciado industrial, que se ha educado con todos los prejuicios de cíase que antes eran patrimonio exclusivo de la aristocracia. Normalmente, esto es, hacendó omisión de aquellos casos en que el temperamento sufre desviaciones ancestrales más o menos corregibles con los años y la higiene, una señorita carece de originalidad. E s un ejemplar humano que recuerda, por su analogía con otros de su sexo y de su educación, uno de esos aparatos que salen por series de la fábrica. E l l i n a j e y el dinero no han conseguido aún que la Pedagogía realice el milagro de la diferenciación dentro de la uniformidad. Pero allí, donde 110 acierta la educación el ejemplo puede influir en la modificación del carácter y de los gustos. U n camarada de colegio puede adquirir tal ascendiente sobre nosotros que si el azar nos retiene cerca de él durante mucho tiempo nuestra personalidad conserva reminiscencias de la suya. No en vano se ha dicho que la imitación es una ley. A l imitarle nos situamos inconscientemente en su zona de influencia. H a y ocasiones en que un cambio de ambiente nos libera de aquella suave tiranía, pero, si se- güimos en comunicación con lo que nos agrada y nos es simpático, nos ej imposible recobrar por entero la libertad. ¿Cuál habría sido el porvenir de Andrea DuvernetBailleul, la hija de un poderoso magnate de la industria textil, a no conocer, en la adolescencia de colegiala, a la señorita Fanny de Lasparren? Fué la guerra la que reunió en un pensionado de Arcachon a varias muchachas procedentes de regiones y aun de países distintos, que en otras circunstancias no se habrían conocido probablemente. ¿P o r qué había de i r a educarse una señorita de L i l l e en las cercanías de Burdeos? E r a la guerra, con sus peligros, la que favorecía esa forma de la emigración individual, sobre todo en los ricos. Instalarse en A r c a chon equivalía para Andrea la seguridad, pues todo el mundo estaba de acuerdo en que, a menos de no sobrevenir uno de esos pánicos, poco frecuentes, que ponen a un país a merced de la audacia del invasor, el enemigo no podía llegar a la costa del A t lántico. N o todas las amistades que contrajo A n drea en la pensión hicieron igual mella en su espíritu. De su grupo, compuesto de M a r garita Leslie, María Broca y Fanny L a s parren, solamente la última supo atraérsela por un don de simpatía que no tuvo el menor eclipse. E l psicólogo ignora el por qué de la simpatía y la razón del sentimiento antípoda. L a atracción- es igualmente misteriosa que la repulsión. ¿Obedecen la una y la otra a causas físicas no definidas aún? L a amistad que se funda en la simpatía es la más sólida, probablemente porque tiene sus raíces en la afinidad. L o que nos atrae en otro es porque responde a nuestras ten- dencias latentes o reveladas. N o estoy enunciando una ley, sino reconociendo un hecho. L o contrario puede ser también real. L a oposición de los caracteres no distancia a dos seres ue pueden quererse o estimarse por otros motivos. Entre las mujeres l a diversidad, no sólo no es un inconveniente para la armonía, sino que parece un estímulo. Nada tan opuesto como las tendencias morales de Fanny y Andrea. L a señorita de Lasparren es una pagana, impaciente por gozar de todo lo creado, dando, por supuesto, la preferencia al amor. E s ardiente y frenética. Su máxima es ésta: de todo, lo más. ¿Escrúpulos? ¿Trabas religiosas? Regular. E s un tipo femenino bastante corriente en las grandes ciudades en que la hipocresía no obliga a grandes precauciones de disimulo. ¿Causas de ese ímpetu sensual? N a die las sabe. A todo lo que ha llegado l a ciencia es a poner en claro que ciertas fallas morbosas se transmiten, pero de lo otro, de los sentimientos y de las pasiones, se ha averiguado poco y ese poco no ha salido de la categoría hipotética. E l temperamento de Paúl Lasparren, progenitor de Fanny, nos pone, sin embargo, en la pista de aquel enigma. E s un hombre, c o m o s u hija, ávido de sensaciones gratas, sibarita y voluptuoso. ¿Siglo decimoctavo? E s mejor no situarle en ninguna época. Esos tipos se dan en todos los tiempos dentro o fuera de l a c i vilización. Desde que se conocen, Fanny domina a Andrea de l a manera con que se hace la t i ranía más duradera: no haciéndola sentir con la oposición. E l que pretende arrastrarnos a su opinión y a sus gustos, si es nuestro amigo, podrá conseguirlo una vez, pero luego lo evitamos. L o que tiene su pretensión de despotismo nos irrita. E s a tendencia a dominar y la excesiva vidriosidad acaban con amistades que parecían preUña temporada de v i v i r desordenado, emdestinadas a durar lo que nuestra vida. N o palmando las diversiones, es más que sufihay modo de estar de acuerdo con una perciente para saciar a una mujer como ella, sona que a cada rato nos obliga a comde gustos delicados. parecer como un reo ante su conciencia. Marcel Prevost describe ese mundo de Entre Fanny y Andrea ocurre precisamente placer, en el que el ingrediente principar de lo contrario: se quieren porque simpatizan. todos los platos es el exotismo, con un coSi luego domina la primera, es insensiblenocimiento del que podemos dar fe, porque mente, por la superioridad de su espíritu no nos han faltado amistades generosas Divergentes en el fondo, pues Andrea no que nos hayan abierto sus puertas. Cenas, ha violado, como su amigo, el mandamiento dancings, paites femmes qui semblent daa que más importancia concede la Iglesia, mes du monde, et dames du monde qui se ni por un momento se produce entre ellos tiennent comme petites femmes... Buenos el casus belli fundado en el disentimiento mozos, con aspecto de deportistas, y regumoral. Los que se quieren de veras no pienlares mozos que prolongan l a juventud con san en juzgarse. S i la perfección fuese i n ayuda del dinero; cocinas diversas y chamdispensable a la amistad, ese vínculo estaría pañas de todas las marcas; música, ruido en desuso. Felizmente, la amistad, como el amor, es menos ambiciosa. ¿Qué le importa y un polvo erótico que enturbia el aire... Está bien para un rato. E l que lo eche de a Andrea que su amiga haya llegado con menos todos los días es modesto. ¿Qué va el marqués M a x de Vence a un modus via encontrar Andrea en esa sociedad tan vciidi un poco atrevido si está segura de su poco interesante? ¿Cómo va a reaccionar el cariño y, sobre todo, de esa adhesión Ilimiespíritu de la dama entre aquellas gentes tada que damos a veces en la amistad? largas de apetitos y cortas de escrúpulos? Pero está escrito que los seres, como las ¿S e entregará a la corriente? ¿L a salvarán cosas, caigan del lado a que se inclinan. L a sus principios religiosos, su pasado familiar amistad de Andrea y de Fanny da ocasión y sus remembranzas conyugales? Y a vereal amor de Andrea por el hermano de ésta; mos. P o r de pronto está contenta. Tiene a un amor que la extraviará del camino recto su lado a Fanny y acaba de conocer a su que lia seguido hasta entonces. hermano... A l sobrevenir la paz, el grupo juvenil de MANUEL B U E N O Arcachon se rompe, y cada una de aquellas mujeres hace rumbo, según sus gustos, a lo París, septiembre, 1930. desconocido. Andrea, hacia el matrimonio; Fanny, hacia el placer libre. Se cartean, y el cariño subsiste. Andrea no encuentra la EL INTELECTUAL 1 SMO felicidad en el ambiente conyugal, no porREVOLUCIONARIO que se haya casado con un hombre falto de méritos, sino porque entre los esposos no Está ahora de moda en España una cierta llega a realizarse nunca aquella consonancia tendencia intelectual que, iniciada por un temperamental que imprime a las intimidagrupo de agitadores y de superhombres amargados, congrega en torno suyo a todo des nupciales un carácter que las hace i n un borreguil rebaño de snobs con preolvidables. Andrea quiere a su marido, pero no está enamorada de él. N i por un momen- hensiones de apóstoles renovadores. Ellos vienen a salvar a España de un pasado to la decepción de l a materia despierta en bochornoso lo cual extiende por otros paíla dama el más ligero anhelo de compen; sación. E n su hogar es siempre irreprochable. ¿Por qué se ha casado? Pues por lo que se casan muchas mujeres en F r a n cia y en todas partes: porque esa solución de la soltería, si no la ideal siempre, puede ser a veces conveniente. ¿Quién ha dicho que haya que ponerle al matrimonio una obertura apasionada? L a dicha no es, en ocasiones, sino un aburrimiento bien administrado. ¿Perduraría Andrea en la virtud si la fatalidad no hubiese venido a quitarla el marido? H e ahí una apuesta que sería peligroso hacer tratándose de una dama qae no está satisfecha de su experiencia conyugal. Deponen en favor de A n d r e a sus antecedentes familiares y la tradición honesta de su clase social. E l adulterio, aunque se haya generalizado en ciertos países, causa siempre en las- sociedades poco distinguidas un cierto estupor, que no deja de ser un freno. Nada indica que Andrea le hubiera sido infiel a su marido. Pero, viuda ya, sale disparada, como dicen en la A r gentina, huyendo de la ciudad provinciana, que tanto ha contribuido a aburrirla, no sólo por consolarse con otros espectáculos, sino por eludir la declaración amorosa de su cuñado. ¡A h n o! Dos matrimonios r a zonables, jamás. A mi juicio, esa resistencia a las segundas nupcias no l a desacredita por exceso de libertinaje. Se comprende y parece excusable el que una mujer bella y rica, que no ha conocido en un primer matrimonio sino l a resignación con gotas de amor, lo piense mucho antes de recaer en la misma trampa. Procediendo con un tacto irreprochable, Andrea escribe a su cuñado una carta muy expresiva, que no por eso pierde su sentido de desaire, y, como repiten en la Argentina, se manda mudar. L a esperan París y Fanny.
 // Cambio Nodo4-Sevilla