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MADRID- SEVILLA 8 DE OCTUBRE DE 1 930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO DE SAN SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES CERCANA A TETUAN, Y SEVILLA DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O VI G E- S 1 MOSEXTO N. 8.669 ANUNCIOS: MUÑOZ OLIVE, LA POLÍTICA Y LOS INTELECTUALES y Y ULTIMO Todas las ideas políticas, si van bien i n tencionadas, merecen el respeto de los intelectuales, pero a ú n merecen m á s respeto de los políticos las ideas de los intelectuales, que, si son verdaderos intelectuales, han de estar siempre en un plano m á s elevado que los políticos, por serenidad y por idealismo. Que este mutuo respeto sea zona neutral para una colaboración fecunda. L a abstención de los intelectuales no debe justificarse nunca en la diferencia de ideología política. E s como si un médico negara los auxilios de su ciencia al que no fuera su correligionario en política o no estuviera de acuerdo con sus teorías; biológicas. N o es posible que un régimen, un Gobierno, sean nunca del todo a gusto de todos. E n España quisiéramos que los gobernantes nos agradaran hasta en su físico y hasta que vistieran a gusto nuestro. Pensemos que los buenos Gobiernos no se tienen por suerte; hay que merecerlos, y en E s p a ñ a no hemos hecho mucho por merecerlos. Merecerlos, como todo en la vida. Nadie recoge m á s que lo sembrado, y bien puede asegurarse, cuando en un matrimonio es mala la mujer, que no es mucho mejor el marido, aunque su maldad sea tan aparente, y cuando en una familia los hijos están mal educados es porque están peor educados los padres. Todo, en nuestra vida, orocede de nuestras acciones, y m á s que de nuestras acciones, de nuestros pensamientos, y m á s que de nuestras acciones y nuestros pensamientos, de- lo que hemos dejado de. hacer y lo que hemos dejado de pensar, por cobardía o por pereza. E n l a abstención política de muchos intelectuales que ellos fundan en razones de ideología política, podría haber mucho de buscarse un buen pretexto para no intervenir por temor a que l a intervención no fuera muy lucida, como esos autores a quienes se les pregunta: ¿N o estrena usted nada? ¿N o escribe usted nada? ¿P a r a qué voy a escribir? ¿C ó m o voy a estrenar? N o hay actores, no hay críticos; el público está maleado. Y la verdad, es que no escriben porque no se les ocurre nada, y para justificar su agotamiento o su indolencia- -pongámonos en lo mejor- -serían capaces de exigir acomodadores especiales para el estreno de sus obras. N o quieran parecerse a estos autores nuestros intelectuales. E s criban y estrenen aunque la compañía y la Empresa del teatro político no sean del todo de su gusto. Piensen que la inteligencia, encerrada en sí misma, el narcisismo intelectual es cosa despreciable; que nada vale la inteligencia si no se transforma en voluntad por amor. Amor, que por sí solo es causa de entendimiento. M á s existe donde ama el alma que donde anima dijo Cald e r ó n y por amor, nuestros grandes místicos- -Santa Teresa, San Juan de la Cruz- sin estudios, sin ciencia, sin gran experiencia del mundo siquiera, llegaron a las m á s altas cimns del entendimiento, superiores a todos los filósofos y a todos los psicólogos en alteza y hondura. perdón, cuento ahora, si hubiera fatigado vuestra atención con esto que ni me atrevo a llamar conferencia, y. así lo habréis apreciado justamente. Divagación incoherente, tal vez en torno a un tema que, desde luego, j u z g u é inagotable para no caer en la tentación de agotarlo, por temor a no agotar antes vuestra paciencia. E n cuanto dije no he pretendido que hubiera absoluta i m parcialidad. Y o no soy nada olímpico y tengo mis simpatías y mis antipatías, para mí muy justificadas, y cuando llega el caso no dejo de manifestarlas. Eso sí, c o p o nada pretendo personalmente de la política, anti patías y simpatías son del m á s absoluto desinterés. Nada de lo que soy se lo debo a l a poli tica. S i en alguna doctrina política tengo fe, es en el socialismo, salvo algunos de sus directores; pero como creo que el socialismo no, está capacitado todavía para gobernar, en España, entre tanto soy monárquico. Y o he creído siempre que el socialismo no. es, incompatible con la Monarquía, siempre queda Monarquía no se crea incompatible coivel. socialismo. Pero, en fin, como esta compatibilidad no les entraría en la cabeza a los socialistas españoles, y puede que tampoco a los monárquicos, no hay para qué hablar de ella. Como el socialismo tiene el porvenir por suyo en todo el mundo; puede esperar sin impaciencia. P o r ahora, creo que l a Monarquía es insubstituible en España. Dicen los enemigos del régimen que la Monarquía es régimen de pueblos atrasados. Bastaría con nombrar a Inglaterra, Bélgica, Suecia, Noruega, Holanda, Dinamarca para afirmar lo contrario. Pero si, en efecto, fuera de pueblos atrasados, razón de más para que sea necesaria en el nuestro. Ñ o creo que la Monarquía, con la leal cooperación de todos los españoles de buena voluntad, sea incompatible con ningún adelanto. Adelantemos para llegar a prescindir de ella cuando, por fortuna- -fortuna es poder prescindir de cualquier régimen y de cualquier gobierno sin peligrosos trastornos- pueda pensarse en que podemos prescindir de ella. Y ¡perdonad que os haya hablado de m í al hablar de la política y de los intelectuales, yo, que ni soy político y me molesta llamarme intelectual, no por nada, sino para evitar confusiones. JACINTO BENAVENTE NOVELAS DE AHORA H e aquí tu señor Hay, a mi modo de ver, entre el meteorólogo y el moralista una analogía de funciones que, si no les conduce a idénticos resultados, es porque el uno opera sobre la materia y el otro sobre el espíritu. E l p r i mero pretende conocer las vicisitudes atmosféricas, y el segundo, internándose en un dominio todavía m á s misterioso que el espacio, procura informarnos del tiempo que hace y del que ya a hacer en el alma humana. M á s ambicioso, sin embargo, que, el meteorólogo, para quien lo que sucede en la atmósfera es inevitable, el moralista quiere corregir y encauzar la actividad de la conciencia. L o que pueden el uno y el otro es bien poco. N i el meteorólogo tiene medios de influir en las temperaturas ni el moralista de torcer el curso de los sentimientos que nos mueven, en 1 a lucha por la vida. ¿Q u é satisfacción se nos da, si estamos ateridos de frío o abrumados- de calor, diciéndonos que nuestro malestar se debe a tales o cuales causas, si esas causas son permanentes? ¿Q u é vamos ganando con saber a posteriori per qué se produjo un c r i men, o por qué estalló una revolución? Toda la tragedia de la humanidad inteligente se puede resumir en dos palabras: comprender, y prever. A h o r a mismo, mientras escribimos estas frivolidades, unos cuantos hombres de ciencia, recluidos en sus laboratorios, se esfuerzan por lograr de esos dos verbos el m á x i m o rendimiento. L o triste es que no siempre la comprensión de un fenómeno faculta al sabio para influir decisivamente sobre sus. causas. E l nexo entre comprender y prever no es consanguíneo, sino de aproximación. E l día en que aparezca entre los moralistas un Pasteur y dé con el secreto de las perturbaciones de l a conciencia, como do el gran bacteriólogo i con la responsabilidad del microbio en el desorden patológico, el pedagogo tendrá mucho menos que hacer, porque, como el moralista se le h a b r á anticipado en la depuración de las costumbres, el espíritu apenas ofrecerá resistencia a la semilla que actualmente siembra con pocas esperanzas de que. prenda, crezca y retoñe. ¿P o r qué no se ha de llegar a ese resultado que ahora nos parece fantástico? L a endocrinología alentó durante algún tiempo esa ilusión nuestra, A l saberse que el defecto o él exceso funcional de una glándula puede engendrar la alegría o la tristeza, nos hizo pensar que acaso se llegase a descubrir a l g ú n día el método infalible de hacernos pasar a voluntad del pesimismo al optimismo, de l a cobardía al valor y de. la incontinencia a l a moderación de las pasiones. Pero esa i l u sión, como tantas otras, ha sido fugaz. L a investigación en ese punto va con desespe- Y prosigo con mi breve historia política. Si de algún Gobierno recibí algún halago, fué siempre de los conservadores. D e los liberales... s í no quiero pecar de olvidadizo ni de desagradecido. A l regresar de América, después de obtener el premio N o bel, una comida ofrecida por el último G o bierno liberal, días antes del golpe de E s tado. (Supongo que los ministros que. formaban parte de aquel Gobierno no serán supersticiosos y no creerán que yo tengo jettatttra. L a única condecoración española que puedo ostentar y no ostento nunca me fué concedida por la Dictadura, como consecuencia, también, del premio Nobel, sin duda como premio a mi aplicación y buen comportamiento (sección de adultos, porque yo era ya mayorcito) Esta es toda mi historia y trato con los políticos. N o cuento mi diputación a Cortes, cariñoso empeño de D Antonio M a u ra, que me obligó a figurar en su candidatura, sin contarme por ello entre los mauristas. Por admiración, por amistad y por Y nada más, señores. Y si al empezar con- gratitud lo s o y t o d a v í a sin haberme comtaba con vuestra benevolencia, con vuestro, prometido nunca a serlo.
 // Cambio Nodo4-Sevilla