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ESPAÑA Y LOS LIBERTADORES DE AMERIO U E recelo puede ya subsistir sobre el homenaje debido por España a los libertadores de América? -nos dice, a preguntas nuestras, el docto catedrático de H i s t o r i a de América de la U n i versidad de M a d r i d D Antonio Ballesteros B e r e t t a Washington tiene, desde hace bas tantes años, u n m o n u m e n t o en T r a f a l g a r Square. L a estatua de Bolívar bien m e r e c e el lugar que a ella va a ser destinado en M a d r i d pero no debería limitarse el homenaje al Libertador, porque San Martín, M i r a n d a N a r i ñ o y l o s curas mejicanos H i d a l g o y Morelos t a m b i é n lo merecen. C o n v e n d r í a estudiar el modo de no herir s e n t i m i e n tos... ¿Q u i é n d u d a que fueron verdaderos españoles? P o r su o r i gen, por sus costumbres, su cultura y su carácter eran españoles nacidos en América. Bolívar se casó en M a d r i d con su prima Teresa del T o r o y era d e s c e n d i e n t e de un v a s c o S a n Martín, hijo de un militar español, luchó en B a i len M i r a n d a peleó en M e l i l l a contra los m o ros y fué oficial español en Caracas; el general Nariño, el P r e cursor, estuvo en M a d r i d los curas H i d a l go y M o r e l o s que dieron nombre a dos Estados m e j i c a n o s son figuras netamente e s p a ñ o l a s que guerrearon más que contra España contra un movimiento p o l í t i c o liberal que ellos j u z garon pernicioso. Además, las guerras de independencia americanas nacieron al calor y bajo la i n fluencia de la reciente revolución francesa frente al poder absolutista y tienen marcado carácter de guerras civiles. L o s i n dígenas, ios verdaderos americanos, no l u charon contra España, sino a favor de ella. Excepto en Méjico y en Cuba, l a indiada estuvo a nuestro lado y combatió al lado de ios virreyes y de los generales españoles. Y esto fué así porque en el siglo de las luces llevó nuestra P a t r i a a América la Universidad, las ciencias y las artes, y la nueva intelectualidad independizó a las actuales Repúblicas; de otra parte, el ejemplo de los Estados U n i d o s de otra, en fin, el grado de desarrollo de aquellos países, que buscaron el momento propicio, en los a n gustiosos momentos de la invasión napoleónica, para calmar sus ansias de independencia. Este cuadro no es otro sino el que ofrece la historia de la Humanidad. L a indiada estuvo siempre a nuestro lado- -repite el Sr. Ballesteros- E n Méjico, n o porque en Méjico el movimiento de i n dependencia nace como una protesta del t r a dicionalismo cuando Fernando V I I se hace BOLÍVAR, EL LIBERTADOR. Q liberal. E s u n movimiento conservador, que tiene a H i d a l g o y a M o r e l o s por caudillos; el primero con el grito de D o l o r e s- e l grito de dolor según l a graciosa traducción francesa- -y su ejército guiado por la imagen de la V i r g e n de Guadalupe, fijada pe II, y que cae cercado, finalmente, t los Gobiernos realistas, representa otro n vimiento análogo. Fué iucha de españoles contra español Y aun debe anotarse que en l a provmJ colombiana de Pasto, donde u n jefe, au: liado por 1 famí capitán García y puñado de h o m b r resistieron con hero mo i n c a m p a r a b i- existen retratos de 1 Reyes de España casi todas las cas: p o r q u e l o s pastus han c o n s e r v a d o s 5 ideales realistas a t i vés de los tiempos guardan el r e c u e q v i v o de España en j corazón. ¿Q u é decir de Bi Iívar? E m p a r e n t a d con los marqueses á T o r o con p a r i e n t en Caracas y en E paña, amante de M ría L u i s a s e g ú n marqués de V i l l a u r r tía, y apasionado pi Napoleón, advierte su conciencia la cak de este ídolo al coi templar su consagr; ción como Emperadc en París. A r r a s t r a d o por movimiento romántic de la época v a a Rt ma con su compañer de viaje, de su mií mo nombre, el ene clopédico y e x t r a ñ Simón Rodríguez, j u r a ante el Aventin luchar por la indeperj dencia de América. S vida de aventura, s nobleza en el pacto d G u a y a q u i l con S a Martín son neta y clá sicamente española: E n la casa de un es pañol, Joaquín d M i e r a m i g o suy rnurió, combatido po aquellos a quienes en tregara l a libertad p o lítica. San Martín, que estudió en el Seini nario de Nobles de España, y i ó transcurrí buena parte de su vida en nuestro país, -y á vencer en la famosa batalla de Maipú no luchaba impulsado por odios de raza, ni d ideas fundamentales, n i de sentimientos. L e mismo puede decirse de Francisco Antonic Gabriel M i r a n d a el héroe venezolano, que derrotado por Monteverde. murió prisione ro en C á d i z de Antonio Nariño, al servicie del v i r r e y Espeleta en los comienzos de su vida, llamado el Precursor de la Indepen- 1 dencia; de A r t i g a s el héroe uruguayo, y, en general, de todas las figuras históricas de la independencia hispanoamericana. Qué recelo puede existir, pues, para que se consagren oficialmente en España glorias que fueron, de hijos de españoles? A y a c u cho, la consagración de l a independencia americana, fué la victoria del g r a n Bolívar frente a un ejército compuesto casi exclusivamente de indios, los verdaderos e indiscutibles hijos del país. JUAN en el h i e r r o de t i n a lanza; Morelos y P a vón con su misticismo guerrero, que termina en el martirio, como el de su compatriota, ambos fusilados después de la derrota de las armas mejicanas. Fué la de América- -insiste- -una verdadera guerra civil. L a sostenida en Buenos A i r e s desde el siglo x v m hasta 1- 825; tiene tal carácter. España sólo envió 10.000 h o m bres con M o r i l l o más tarde conde de C a r tagena. E s sabido que las tropas sublevadas con Riego en Alcázar de San Juan iban a ir allí, pero no pudieron ser enviadas. E n la Argentina no hubo lucha. L o s libertadores la llevaron a Chile y al Perú, pero la que se sostuvo fué entre españoles o descendientes puros de españoles. Salió a la superficie el espíritu latente de rebelión que lanzó contra la C o r o n a de España en el siglo x v i al menor de los Pizarras, sin que nadie se atreva a afirmar que aquel fuera un grito de independencia nacional. P e r o sólo diferían el ambiente y el momento histórico. A g u i r r e el T i r a n o que con los M a rañones recorre el O r i n o c o y el Amazonas y escribe su famosa y altiva carta a F e l i- M. MATA (Poto V Muro.