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moneda de plata tienen un valor oro. E l señor marqués de Cortina reconoce que cada duro posee plata por valor oro de una. peseta cincuenta céntimos, aproximadamente, y, admitiendo el supuesto, que por el momento no vale la pena de aquilatar, sería evidente que al circular los 400 millones de pesetas plata, circulan ciento veinte millones oro, y en vacío los restantes doscientos ochenta millones. L a plata acuñada en España no tiene, pues, sobre la circulación económica más que esta influencia: la de una inflación de 2 millones en la emisión de billetes bancarios. Esta inflación, ¿es capaz de producir los desastrosos efectos que el marqués de Cortina augura? ¿Autoriza a nadie, perito o ño en estas materias, a lanzar un estridente grito de alarma y a cooperar al descrédito nacional afirmando, que mientras no resolvamos ese problema y los canjeemos por oro (los 1.100 millones de pesetas plata, deducidos los 300 de que se ha hecho mérito, como autorizados por la Unión Latina) perdiendo lo que haya que perder, nuestra moneda será siempre una ficha, como la de un casino, sin otro valor que el qué, en cada momento y circunstancias, represente l a economía total del país para posibles exportaciones Este es todo el problema. Y con sólo enunciarlo ya se está presintiendo la desproporción entre la causa y los efectos denunciados. Aumentar en 280 millones de pesetas la emisión de billetes bancarios sería elevar su cifra a 4.800, aproximadamente. Para su garantía posee el Banco 2.500 m i llones oro, también en números redondos, lo que supone un porcentaje de 52 por 100. Pues tan sólo alrededor de 40 por 100 posee el Banco de Inglaterra para la de los suyos y tiene su libra a la par. ¿Vale la pena de perder el tiempo en estas cosas, máxime cuando esa pérdida redunda- -sin intención, naturalmente- -en la del crédito nacional? Pues todavía los datos presentados por el señor marqués de Cortina deben ser objeto de rectificación. Y es- ¡cosa curiosa! -e l propio ex ministro de Hacienda quien nos la, suministra. N o hace todavía dos años, en la Junta general de accionistas del Banco Español de Crédito, fijó dicho señor la cantidad de plata acuñada en 1.125 millones de pesetas, y en ese supuesto el exceso de plata amonedada no sería sino de 125 m i llones de pesetas, del que, deducido su valor oro, la circulación en vacío a aquél debida no llegaría siquiera a los cien rdllones de pesetas. ¿E s posible que a minucias de esta naturaleza se pretenda imputar la causa de nuestros males? N o está, por desgracia, en ia plata acuñada en España el origen de nuestra situación angustiosa; como no estaba en 102 S en el déficit ele la balanza comercial, que también en ese año el señor marqués de Cortina señalaba como causa de ella. A cerca de 10.000 millones de francos se elevará en Francia, en el año que corre, el suyo; y su franco, estabilizado, no sólo no ha sufrido depreciación, sino que el oro se acumula en su Banco nacional, mientras nosotros, con un déficit sin importancia, vemos crecer el cambio. La- causa del mal está en otra parte. Como lo vengo proclamando hace más de dos años, es puramente política. H o y el marqués de Cortina refuerza m i argumento. Si él, ex. ministro de Hacienda y posiblemente futuro ministro de Hacienda, hace de nuestro mal un diagnóstico a todas luces equivocado, ¿qué crédito concederán a España en la alta Banca mundial, la q üe, si no forja os rayos, sabe aprovecharse de ellos con teda destreza? ¡VÍCTOR PRADERA CÓRDOBA. DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO L A COMISIÓN D E M O N U M E N T O S Y L O S R E P R E S E N T A N T E S D E L A R E A L A C A D E M I A D E CIENCIAS Y B E L L A S A R T E S E X A M I N A N D O U N A D E LAS COLUMNAS CON MAGNÍFICOS C A P I T E L E S E I N S C R I P C I O N E S ÁRABES Q U E ACABAN D E SER D E S C U B I E R T A S A L R E PARAR UNAS P A R E D E S D E L C O N V E N T O D E LAS A D O R A T R I C E S (F O T O SANTOS) EDITACl. ONES FINANCIERAS La plata E l señor marqués de Cortina ha puesto de nuevo sobre el tapete la cuestión de la plata amonedada. Según dicho ex ministro de Hacienda, habiendo llegado a valer el duro la misérrima cantidad de una peseta cincuenta céntimos oro, no sólo no es de admirar nuestro cambio, sino, en todo caso, e! desprendimiento de los banqueros extranjeros, que todavía nos hacen un obsequio tomando nuestros billetes al tipo del So por loo de premio. L a cotización, en efecto, que correspondería a aquel valor de la plata- -de ser cierta la doctrina del marqués de Cortina- -sería la de treinta céntimos oro por peseta, poco mayor que la de! franco chico francés. Con todos los respetos debidos á la fama de financiero del señor marqués de Cortina, he de decirle que en el planteamiento del problema ha padecido notorias equivocaciones de hecho. No circulan- -como parece desprenderse de su artículo publicado en A B C- -1.400 millones de pesetas plata. Esa cifra (exagerada, como luego se verá) es la de las acuñaciones no desmonetizadas; pero hace mucho tiempo que se halla retenida en el Banco de España su- mitad, con lo que su efecto en la circulación es nulo. Aparte de ello, el propio marqués reconoce que hasta la cifra de 300 millones puede acuñarse plata, según los Estatutos de la Unión Latina, como moneda divisionaria; luego, en definitiva, el exceso de plata en la circulación quedaría reducido a 400 m i llones de pesetas. Y ello sin contar las deducciones por pérdida, desgaste, fusión, dispersión, etc. etc. Pero esos 400 millones de pesetas a que queda reducido el exceso de circuición de