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ABC. J U E V E S 16 D E O C T U B R E D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. PAG. 7 andaba medio loco- -medio nada más- -por Julia Bonchaud, a la cual designa en sus recuerdos con el nombre de Elvira. E r a una criolla de ojos negros, también román. tica. Fué, a lo que parece, su más grande pasión. L o curioso de las aventuras de L a martine es que casi siempre las mujeres ponen más que él. Espíritu apasionado y flotante, el poeta sufre lo que pudiéramos llamar síncopes del amor, durante los cuales el ser más querido, siendo mujer, le es extraño. N o es el desvío que se anuncia con pequeñas ausencias del alma. Parecen, y acaso sean, accesos de fatiga, como los que nos acometen al subir un repecho. E n esos momentos las damas de los enamorados no cantan a dúo. Mientras una canta la otra escucha y, en ocasiones, bosteza. E s inevitable. Con E l v i r a fué Lamartine más constante, pero la constancia le fué i m puesta. A depender de él habría roto el idilio apenas logradas sus primeras fragancias. Pero ella le vigilaba, y como el poeta era débil de carácter y en el fondo noble, no tuvo valor para dejar a aquella mujer que lo había arriesgado todo por él. L a dama le perteneció hasta la muerte y dejó en el espíritu del poeta una huella imborrable. Pero, para que aquel amor perdurase, fué menester que ella se convirtiese en su esclava. T a n lejos llevó E l v i r a su abnegación que Lamartine se nos aparece a ratos como un precursor del gigolo moderno, tan en auge con las viejas coquetas e inflamables. ha perdido lo que se ama para siempre: vaciando el alma por las cuencas doloridas de los ojos... MANUEL BUENO París, octubre, 1930. ABC EN VIENA Bailamos sobre un volcán Y a desde hace quince años, es centenaria la frase, si acaso nos acordamos en atribuírsela a aquel obispo cojo y renegado que, vendió su fe a la República, la República a Napoleón, y Napoleón a los Borbolles. Chamarilero de honores y dignidades, sacaba a pública subasta el singular de las suyas para adjudicárselo al que más lo colmara de aquellos plurales. Ganaba en cantidad- -como tantas veces en el comercio del mundo- -lo que en calidad perdía; pues en esto la unidad- honor es más valiosa que la pluralidad- honores, tal vez porque lo primero es imponderable, y la segunda puede valuarse y medirse, y ser, por lo tanto, objeto de tasación y de comercio. A la Reina Hortensia, la más espiritual de las mujeres de su época, y tal vez la única que, en aquella Corte de ópera bufa del primer Imperio hizo pensar que su diadema fué heredada, se le atribuye esta frase a propósito de Talleyrand: N o sé si por intrigante ha llegadoa ser el príncipe de los cojos, o, por cojo, el A l fin un día el buque se decide a fonpríncipe de los intrigantes. dear, y un barco de gran tonelaje no echa Como las doloras de Campoamor, l a H i s anclas en poca agua. Pobre, o, mejor dicho, toria es libro ameno, si detenemos nuestra de modesta posición, el poeta sueña, natulectura al cabo de dos o tres páginas; mas ralmente, con un matrimonio que le traiga si nos condujo el aburrimiento de unas hola plenitud del bienestar material. Su ma- ras de holganza a pretender leerlas todas, dre ha pensado en ello también, pero la nuestro fastidio no se remedia, sino que sicandidatura de procedencia maternal se ha frustrado. H a y que buscar por otra parte. gue un curso matemáticamente acelerado, como grave que cae en el vacío. Porque E l tiene para eso, como para todo, podeasí como en el libro del poeta se repiten rosos aliados, que son siempre mujeres, porideas, conceptos e imágenes, en la Historia que está escrito que Lamartine no conozca toda figura lejana tiene su contrafigura en una sola satisfacción que no le venga del otro sexo. S u herrnana Cesanna, que vela, el ayer más; próximo, y aun en el presente, como si la prime raV proyectara su sombra por el porvenir del poeta, cree haber enhacia el infinito, sino que estas sombras contrado lo que éste necesita en una señorita, llamada M a r i- A n a Büch, de origen se empequeñecen cuanto más se, ale jan. del inglés. No es un portento de belleza, pero cuerpo. cuya silueta copian Y así también su esbeltez, sus ojos inteligentes y su cuello la oportunnla d de tes frases y las frases de cisne son gracias que se suman a una mismas. Y yo no- digo que esa de l a Reina efectiva distinción. A l conocerla el poeta de Holanda sea buena para dich a hoy... no experimentó la menor emoción. L a encontró pasable y nada más. ¿Llegará a amarla? Se ha dicho, a zurdas, que en el corazón no se manda. N o sólo se manda, sino que no existe órgano más obediente que el corazón. Lamartine se propuso querer a su mujer y fué dichoso a su lado... Claro que sin renunciar a otros pasatiempos, sobrellevados con una inalterable discreción y sin causar a su esposa el más ligero dolor. ¿S e habrá concluido en el matrimonio la vida amorosa de Lamartine? N i mucho menos. Todavía le reservaban los dioses otra voluptuosidad más, y ésta, de lo más puro, hay que reconocerlo, la idolatría de su sobrina Valentina, que renunció a todos los partidos que se la presentaron por no apartarse del poeta. E l l a puso calor en el glaciar de su vejez empobrecida. E l l a lo cuidó y lo mimó con ternuras de mujer y de madre, que son de una calidad superior porque contienen la precio 27 sal del amor y la poesía hogareña de la primavera de la vida. E l l a cerró sus ojos, produelo de Id e x p l o t a c i ó n agrícola d e aquellos ojos claros que tan ávidamente se vilb rcirica- del Castillo habían posado sobre todas las formas de la belleza para transformarla en imágenes y en rimas que expresan, como una música divina, todo lo que podemos sentir los seres Representante general de importante fábrien los raros minutos de éxtasis que debeca alemana, con muchas referencias en Esmos a la pasión y a la esperanza. Y ella le paña, desea relacionarse con representantes lloró amargamente, como se llora cuando se solventes en provincias para reorganizar e intensificar venta. Apartado 653, Madrid. H nm t i c T t M i CEBE MOTORES DIESEL Quizá sí, quisa no... Como el libro de, D Annunzio. E s a la de Talleyrand a la que me refiero. Porque fué en esta misrha ciudad de V i e na donde, al saber el desembarco de Bonaparte, la pronunció ante sus íntimos aterrados... H o y no hay en V i e n a plenipotenciarios de toda la Europa que se repartan la herencia de- Napoleón entre unos pasos de minué; hay nada más que un pueblo que pretende olvidar el reparto de la herencia de los Habsburgos, entre unas vueltas de vals. ¡Arme Wien! ¡pobre Viena! -es la exclamación repetida en estos tiempos; pero la pobre Viena baila más que, nunca. E l hombre ahoga sus pesares en eí a l cohol; mas para la mujer, en absoluto mujer, bella y femenina, el alcohol es un mal remedio; enrojece la nariz y mata el brillo de los ojo. s; prefiere reír, reír mucho para olvidarse de que tenía que llorar... Y V i e na es la más deliciosamente femenina de todas las ciudades. Y a no son suficientes las viejas salas de baile, aparte las innumerables de la periferia, que se abren en el centro de la ciudad; cada semana hay un nuevo salón, y a todos acude el público con tanto deseo de bailar que casi no puede conseguirlo; no hay apenas espacio libre para l a danza, que las mesas lo- aprisionaron en límites estrechos; y la sutileza comercial le d a los i o camareros maestría para colocar cuatro servicios de t é sobre una superficie no mayor de un pie cuadrado. E l público prefiere los teatros de opereta, y ya voy creyendo que no es por la música, nada rica de inspiración ni de originalidad en estos últimos años, sino- porque ve bailar a los actores y a las ¡iris. E n los de variedades, el mayor triunfo es el de la bailarina K a r i n Zoska. Y o comprendo muy bien que Viene olvide sus pesares con el arte de esta mujer; Síbaris la hubiera elegido también para su fiesta última. Porque es la gracia rítmica y alada, el copo de nieve empujado por los más diversos aires; no acierto con algo material a que compararla, porque pienso que en ella hasta la materia es alma; s acaso, me imagino que, si alguna vez a un; j sonrisa de mujer le nacieron alas y se hizo primero libélula, esa criatura ingrave e i r i sada fué luego K a r i n Zoska. Viena baila en los cafés ¿y. en los teatros, pero baila encima de u n volcán. L o s heinwehren provocan a los social- demócratas con sus manifiestos desde el Poder y con su desfile entre- simbólicas antorchas, por las calles de Viena. L o s socialistas contestan con pasquines virulentos, y, mientras tanto, acodadas en las fronteras, como interesados jugadores en riñas de gallos, vigilan las naciones de la pequeña Entente: Están las espadas en alto y nadie sabe si se han de envainar en paz. Sopía viento de tormenta y nadie sabe, de tan cerrado como está el horizonte, cuál será la nube que descargará el rayo, si ésta que vuela sobre la ciudad o aquella otra que llega desde más allá de las fronteras. O acaso todo será amenaza disipada por un rayo de so! y más vale esto; pero en tanto Viena baila y se olvida del peligro. N o por todo lo dicho se ha dé pensar que, n i aun en el peor de los casos, a V i e na, como a Babilonia y a Roma ayer, y- a San Petersburgo hoy, le pueda llegar su. fin; no se ha de pensar, pero, si acaso sucediera, doy por seguro que esta ciudad, bella antes, bella ahora, bella después y. siempre coqueta y femenina, ensayaría su más linda pirueta de vals para presentarse a las puertas del cielo, y se pintaría los labios, como otra mademoiselle Aisé, para comparecer, ante Dios. MASIANO TOMAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla