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rior k la ermita, y magnífica cancela, que, unida a la tapia, completa la necesidad, tanto tiempo sentida, de proteger el histórico santuar j, que un día mandara edificar aquel sant Aey que se llamó Fernando. GONZALO NAZARENO Dos Hermanas, octubre, 193 ¡COMO SIEMPRE! (De las Memorias de un gacetillero) Con la entrada del año 1899 creímos atenuados nuestros infortunios. Las pesadumbres intensas, agudas y penetrantes, se desvanecen con el paso del tiempo, y de la derrota que los españoles sufrimos hace treinta y dos años apenas señalamos hondos efectos; se cicatrizó la herida con apresuramiento, como si deseáramos olvidar pronto los sinsabores padecidos con el choque belicoso. Eso sí, el buen humor nos asistió constantemente, y gracias a él, cuando evocamos la risa, acudió con apresuramiento para convertir en alentadoras esperanzas las preocupaciones que debiéramos sentir. Asistimos a la. fiesta de San Antón. ¡Y cómo ha cambiado desde la época a que aludo respecto a la actual! Antes, en el siglo x i x hasta el final y en los primeros años del x x fué regocijo popular, ruidoso y jaranero, en el cual intervenían muchos madrileños. Aún me parece ver, jinete airoso, al aplaudido actor E m i l i o Mese jo, que con muchos concurrentes acudía cada 17 de enero para discurrir por las calles de Hortaleza y Fuencarral y luciendo majezas hoy del todo abandonadas. Aquella romería se fué destiñendo, como otras varias cosas de las cuales nos quedan recuerdos que nos hacen exclamar con amargura: ¡Quién poseyera juventud, eterna descubridora de afanes humanos! Entonces continuamos sufriendo, al través de mucho tiempo, l a contrariedad de contemplar el retorno de nuestros soldados, la mitad aproximadamente de los enviados, para soportar, amén del estrago de la lucha, el de los latigazos implacables del vómito negro y la malaria, ahora abolido gracias a medidas sanitarias de los yanquis. E r a espectáculo continuo y triste el dado por cuantos volvían de la isla de Cuba l u ciendo el uniforme de rayadillo, aquel azul con listas blancas, que desapareció al concluir nuestra desventurada campaña ultramarina. E l rayadillo fué durante muchos anos como emblema de nuestro dominio en tierras americanas. Cuando se hundió completamente con el desastre de 1898 desapareció también el uniforme que acompañaba a los reclutas enviados desde España a las Antillas que nos pertenecieron. ¡A l través de la dominación quisimos ejercer influjo los descubridores del Nuevo M u n d o! N o pod ía ser y no fué. Cuando cesaron las i m posiciones concluyeron las discordias, y hoy con gusto vemos la continua y efectiva aproximación de pueblos animados por igual sangre e impelidos por los mismos ideales. E n los Carnavales de 1899 hubo animación extraordinaria. Los paseos del Prado, Recoletos y Castellana estuvieron concurridísimos. L a s serpentinas y los papelillos se prodigaron; carrozas y coches afluyeron a la fiesta en gran número. ¡Quién podía presumir entonces su casi total desaparición! Pues no cabe duda, ¡el Carnaval es ahora una antigualla irresistible! E n confetti se invirtieron en 1899 muchos mPes de duros, y actualmente no hay quien sea capaz de gastar cinco céntimos en ellos. L a s máscaras desaparecieron. Actualmente se usan otros bromazos más efectivos, con mayor trascendencia, y para los cuales no se necesitan caretas. Eso sí, continúan a diario los disfraces morales. E n aquella época fué cuando dijo Joaquín Costa, orador de temple, y con indiscutible, autoridad, estas palabras, que pue- ROMERÍAS SE CELEBRARA SEVILLANAS A R R I B A IMAGEN D E L A V I R G E N D E V A L M E CUYA R O M E R Í A A L CORTIJO D E CUARTO MAÑANA. A B A J O L A C A R R E T A D E L A V I R G E N CAMINO D E CUARTO (FOTOS PLAZA Y SÁNCHEZ D E L PANDO) ülimn
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