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ABC. SÁBADO 18 D E O C T U B R E D E 1 9 0 EDICIÓN D E ANDALUCÍA P A G 18. EL ABANDONO FERROVIARIO D E GALICIA P o r ser Galicia la región más apartada, del centro de España y por ofrecer su comunicación ferroviaria evidentes dificultades, por causas de los accidentes geográficos que hay que salvar, debería merecer la línea del Noroeste español atención igual, por lo menos, a la que se presta a otras. Nada tan opuesto a la realidad, sin embargo. L a línea de Galicia es un verdadero refinamiento de abandono: Con tarifas idénticas a las que rigen para el resto de España, el material fijoy móvil es de los peores de España. E l viajero que paga por una cama a V i g o 15 duros no tiene derecho, por lo visto, a ocupar los sleeping que circulan en otras líneas con la misma tarifa, sino, que ha de conformarse con uno de esos coches mixtos de p r i mera y camas de notoria inferioridad. L a duración del recorrido- -aun teniendo que ser larga, porque ya sabemos que Coruña o V i g o están muy lejos- -sobrepasa el límite de lo discreto. Y eso que hace pocos años se estableció, poco menos que manu militan, el expreso que invierte ¡tan sólo! dieciocho horas en llegar a Coruña o a V i g o N o han faltado, siempre que se ha hablado de esto espaciosas razones en defensa de esta lentitud: que el trazado de l a línea no permite desarrollar velocidades grandes; que si los puentes están así o los túneles están de la otra manera. Pero justamente de eso se trata: de poner la línea en condiciones iguales a las demás, como está para las tarifas y para los derechos de las Compañías. Porque tampoco se puede admitir i a absurda especie de que Galicia sea una zona geográfica inaccesible e inexplorable. N o ún suelto, n i un artículo, sino casi un libro se puede hacer sobre el abandono ferroviario de Galicia. H o y nos limitamos a uno de los m i l aspectos de l a cuestión, puesto de notoriedad con motivo del descarrilamiento ocurrido el martes en la línea de Monforte a V i g o L o s viajeros que ese día salieron de distintos puntos de esta línea para los de la de Monforte a M a d r i d tuvieron que hacer transbordo en el lugar del siniestro y llegaron a Monforte con hora y media de retraso. Y a no alcanzaron allí el expreso Coruña- Madrid, porque el expreso Coruña- Madrid en esto es inexorable: no espera al expreso que viene de V i g o sino veinte minutos, escaso margen de cortesía para tantas y tantas contingencias como ofrece la línea Monforte- Vigo. E l martes por la noche ocurrió así: el tren de Coruña esperó sus veinte minutillos y se fué. Allí quedaron en Monforte muchos viajeros empeñados en enojosos y estériles debates, con multitud de funcionarios galoneados, acerca de los derechos y deberes de las Compañías. E l consabido libro de reclamaciones fué acaso panteón de las justas iras de alguno de los expedicionarios... Pero vamos al caso: no ya en trance de catástrofe, sino en el servicio corriente y normal, un retraso de más de veinte minutos puede tenerlo con relativa frecuencia un tren, por bien que funcione el servicio. D e l de Monforte a V i g o no hablemos... Y ¿qué pasa entonces? Pues que, como el expreso Coruña- Madrid está muy arregladito a sus horas y con su puntualidad no se juega, pierden el enlace con la línea de la capital de España, ¿qué viajeros de cuál v i llorrio llegados por Dios sabe qué rama! insignificante? i A h! L o s viajeros que se quedan veinticuatro horas detenidos en Monforte son los de ciudades como Pontevedra, V i g o Orense; los de balnearios como Mondariz y L a Toja, y empalmes como el de Guillarey con Oporto. P o r el puerto de V i g o entra en España buena parte del turismo de los Estados Unidos v Centroamérica que afluye a Madrid y no poco del de Alemania que viene desde H a m- que la línea de V i g o no tenga comunicación con M a d r i d sino corriendo el albur de alcanzar en Monforte el expreso CoruñaMadrid. Basta exponer sencillamente el caso para apreciar todo el absurdo de que, no siendo obligado e indefectible el enlace en M o n forte, el interés de una importantísima región y el buen nombre de España ante el turismo extranjero estén supeditados a un horario que no consiente más de veinte m i nutos de espera. E n todo caso, debe asegugurarse ese enlace, y en los de fuerza mayor, como el del martes último, debe suplirse con tren especial, sea o no negocio para las Compañías. E l martes no era negocio, por lo visto. Vale la pena de qué el ministro de F o mento y la Dirección de Ferrocarriles estudien estos problemas, que plantea tan de antiguo el abandono ferroviario en que se tiene a Galicia, y los resuelvan como piden la equidad, la lógica y los intereses colectivos, respetables sobre todos los demás, por muy dignos de respeto que sean. dijo- -los otorinolaringólogos vean disminuir el número de sus clientes Aconsejó mayor atención en caso de supuración dej oído, fenómeno que puede derivar hacia la muerte; y ai hablar de la sordera producida por el vulgarmente llamado catarro seco, dijo que en este punto la ciencia no había logrado poner nada en claro, pues n i la escuela de V i e n a ha conseguido romper el secreto detesta enfermedad. E l doctor Tapia fué presentado por el presidente del Centro, quien leyó unas cuartillas, en las que se reflejaba el orgullo de los segovianos por contar con una gloria mundial, que ha llevado el nombre de España con su asombro y merecido prestigio a los más apartados rincones de la tierra. E l doctor Tapia fué aplaudido, felicitado y agasajado por sus paisanos, que le hicieron objeto de las más cariñosas manifestaciones, extensivas a su distinguida esposa, quien, acompañando al conferecíante, asistió al acto. UNA CONFERENCIA DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Bodas E l ilustre catedrático de la Facultad de M e d i c i n a D Antonio García Tapia fué i n vitado por sus paisanos los socios del Centro Segoviano, de Madrid, a dar nina conferencia en el local del Círculo, establecido en l a Carrera de San Jerónimo, número 15. Se celebró el acto con enorme concurrencia de público. E l doctor Tapia, que cuenta con grandísimas simpatías en toda la provincia de Segovia y singularmente en Riaza, en donde derrocha su generosidad y su ciencia en beneficio del pueblo, aceptó, gustosísimo, la invitación y eligió para tema de su conferencia el de una divulgación sobre l a sordera, explicada en términos llanos y al alcance de todo el mundo. Entre los que acudieron a oír al doctor Tapia figuraban sus alumnos de la Facultad y muchas señoras. Recordó el conferenciante sus primeros años vividos en el pueblo de Ayllón, donde se deslizó su infancia al lado de su padre, médico titular, quien durante treinta años ejerció heroicamente su profesión sin el menor desmayo. Ayllón y Riaza son recuerdos imborrables del pasado, en los cuales encontró amistades, que perduran con el mismo vigor de los primeros días, porque los segoyianos- -dijo- -sienten su mutua atracción como esas piedras admirables del acueducto, que, sin argamasa alguna, resisten, unidas, victoriosamente, el paso de los siglos Habló de la sordera, que hace tristes y misántropos a los enfermos. Recordó a Beethoven, ejemplo, de que la música puede desarrollarse en el cerebro sin el vehículo del oído, y afirmó que algunos autores reputan este sentido superior aún al de la vista. Después explicó las distintas clases de las sorderas más frecuentes: la que se produce por simple oclusión del conducto auditivo; la que nace de una infección de la trompa de Eustaquio- -lo que obliga a aconsejar que, en caso de catarro nasal, se suene el enfermo taponando primero un orificio de la nariz y luego el otro; las sorderas frecuentes, provocadas por la acción material de un objeto cualquiera sobre el oído, por lo que se debe evitar todo contacto externo, siendo axiomático que el oído no debe tocarse para nada, excepto en las intervenciones médicas obligadas. E n suma, divulgó el doctor Tapia con su conocida sencillez y amor a sus semejanteSj los conocimientos más elementales para evitar las sorderas, aunque con tal procedimiento- s Én la Catedral de Santiago de Compostela, capilla del Pilar, adornada con flores, tapices y profusión de luces, se celebró la boda de la bellísima señorita María T e resa Espinosa con D Ramón de Madariaga. L a novia vestía elegante traje de raso y velo de encaje antiguo. Actuaron de padrinos l a madre del novio, doña María. A de Madariaga, y el padre de la novia, D Alfredo Espinosa, y de testigos, por parte de él, su hermano don Juan José, D Romualdo de Madariaga, don José Alonso y D Ángel Portillo, y por ella, el marqués de Figueroa, los condes de Taboada y Canalejas D Daniel de la Sota. Entre los invitados figuraban las marquesas de la Atalaya y Figueroa, condesa de Taboada, doña Josefa Flores y Suárez de Deza, señoras de Neira, Gutiérrez de l a Peza y B arrié, marqueses de Estera de las Maravillas, señores de Várela de L i m i a y otros. L a concurrencia fué obsequiada con un almuerzo en el hotel Compostela. Los novios salieron para el Pazo de Cascagid, propiedad dé la familia de la novia, desde donde partirán con dirección al expiran j ero. E n el santuario del Santo Cristo de Lezo contrajeron matrimonio el director de El Diario Montañés, y colaborador de- Blanco y Negro, D Joaquín Arrarás, con la bella señorita María del Carmen Subijana. Bendijo la unión y pronunció una sentida plática, alusiva al acto, el magistral de Burgos, Félix Arrarás, hermano del novio. Fueron padrinos D Melchor Lacabe, tío del novio, y doña Dolores Anabitarte, viuda de Subijana, madre de la novia. Firmaron camo testigos, por parte de él, D Rafael de la Vega Lamesa, abogado y ex alcalde de Santander; D. Ramón Ruiz Ocejo, ex alcalde de Ampuero D Jorge Diez de Sollano, abogado, y D José F r a n co y por parte de ella, su tío, D Ramón Pagóla; D Miguel Sorueta y D Francisco Larrañaga. Después del banquete con que fueron obsequiados los invitados, los nuevos esposos salieron en viaje por el extranjero. E n la capilla reservada de la parroquia de Santa Bárbara, se ha celebrado el matrimonial enlace de la bella señorita María P i l a r Brualla y de E n t e n z a h i j a del que fué ilustre general, con el joven arquitecto D Eduardo Burgos Castillq. r burgo. Pues todo ese público es víctima de