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EL TURISMO EN El DESIERTO s i como en pleno verano las modistas ern piezan a mostrar los modelos que preparan para el i n vierno, esa m u l t i t u d que frecuenta las playas elegantes y ha hecho un placer del nom a d i s m o planea y a los viajes que h a de realizar t a n p r o n t o como los fríos y las brumas c i e r r e n l o s Falaces, del Atlántico. De l a Costa A z u l y a no hablan s i n o l o s que andan rezagados en punto a modas de turismo. L a facilidad de comunicaciones, l a baratura r e l a t i v a de los precios, han heciio cié las a n t i g u a s estaciones invernales lugares a d e c u a d o s para l a b u r g u e s í a modesta, refugio donde los oficinistas realizan su sueño de mundanismo y pueden aspirar a pasar su luna de miel las d a c t i l ó grafas. N i s i q u i e r a Egipto- -donde a c a da momento se e s t á en riesgo de presenciar y acaso de sufrir alborotos y m o t i n e s que perturban el sueño milenario de l a s esfinges- -atrae a e s e público de millonarios y de smobs q u e u n tiempo l o frecuentara. L o que ahora les interesa es el desierto a f r i c a n o e n cuyos linderos l a perspicacia mercantil francesa ha erigido y a los hoteles y apostado los e l e mentos de d i v e r s i ó n que las gentes saciadas de todos los p l a- LA ESCENA Y EL TRAMOYISTA cerés necesitan. A l a sombra de esos a l m i nares que siempre recuerdan l a G i r a l d a j u n t o a las murallas de tierra de las antiguas a l c a z a b a s y a han hecho su aparición los c a m p o s d e tennis. Y los a u t o m ó viles- orugas recorren sin dificultad esas regiones arenosas, cuya e x t r a ñ a poesía p u s o de relieve Benoit, per o en las que no parece p r o b a b l e q u e nunca a p a r e z c a s u Antinea. L o s desplazamientos veraniegos me han permitido c o n o c e r a un taumaturgo c r e a- dor de estaciones balnearias, mezcla de artista y mercader, que a h o r a se p r o p o n e construir u n Palace para turistas elegantes entre jas d u n a s c o n que comienza el Sahara. E s uno de e s o s empresarios q u e c o nocen el arte de manejar las muchedumbres y de explotarlas, por supuesto; un maestro en P s i c o l o g í a colectiva, que tiene l a modestia de a p r o v e char e x c l u s i v a m e n t e para sí mismo sus lecciones; u n mago f a bricante de e s r p e j i s mos capaz, de i n f u n dir emoción lírica a la prosa publicitaria y a las i m á g e n e s de los carteles y de los anun- tíos. A ¿E s posible q u e se pueda hacer de esas tierras desoladas l u gares de turismo? -le he preguntado c o n f i G J E K R F K O TUA ECJV, EVOCADOR, t O SU PRESENCIA, DE AQUEL YUSTJF QUE E N dencialmente. LA ÉPOCA ROMÁNTICA LLEGO A GENERAL D E LA. CABALLERÍA FRANCESA -l.o son y a -P e r o ¿por. qué v a la gente allí s i n necesidad? -Porque el viaje es costoso y las comodidades se obtienen a peso de OTO. P o r consiguiente, no és de temer que. la estancia allí se vulgarice. Invernar en el desierto es, en cierto modo, como hacerlo en la soledad del O c é a n o L o que y a no es posible lograr en las grandes ciudades- -el silencio- -se tiene desde el umbral de ese vasto paisaje arenoso, donde no es de creer que los sábados, por la tarde, acudan para pasar el fin de l a semana los p e q u e ñ o s burgueses de las cercanías, como en las ciudades invernales de Europa. -Pero, si no hay otro, atractivo, será preciso para comolacerse allí tener un temperamento cenobítico, que no es, por l o común, el de los viajeros de hijo. -E s claro. Sólo qtie en. esa zona norteafricana lindante, con el desierto subsiste lo poco que todavía queda de pintoresco en nuestro v i e i o mundo occidental. H a y allí aldeas troglodíticas, habitadas por tribus guerreras que construyen sus viviendas como imaginamos que se a l z a r í a n hace miles de años. E x t r a ñ o s lugares que tienen algo EL VIAJE RESERVA EMOCIONES QUE NO SON LAS DE L A CARRETERA ASFALTADA O LAS de colmenas y algo de cementerios orientales, hechos de adobes, en los que n o se proDEL SLEEPINOCAR 1