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A B C. M I É R C O L E S 22 D E O C T U B R E D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 3. DEL FALLECIMIENTO DE DON FERNANDO DÍAZ D E MENDOZA T r a s l a d o de los restos. U n rasgo del ministro de F o m e n t o E l h o m bre de mundo. O p i n i o n e s T r a s l a d o de los restos V i g o 21, 4 tarde. A las tres de l a tarde fué colocado en un furgón del expreso el féretro que contiene los restos mortales de Díaz de Mendoza. E n Monforte se desenganchará el furgón y se acoplará al expreso de Coruña a MadridE l traslado de los restos desde el hotel Moderno a l a estación se efectuó en un coche ambulancia sanitaria del Ayuntamiento. Detrás iba un coche, conduciendo coronas de Borras, Ayuntamiento de V i g o Casas del Pueblo de V i g o y Madrid, señores F r a ga, Valcárcel, Alcalá y otros. Seguían n u merosos coches, ocupando el primero los hijos y los familiares del finado. E n los andenes de l a estación se habían congregado las autoridades locales, todos los artistas de l a compañía, periodistas y centenares de personas. E l féretro fué trasladado desde el coche furgón a hombros de los artistas de l a compañía Guerrero- Mendoza, que iban turnándose, a pesar de l a corta distancia, pues todos querían rendir este tributo postumo. Las coronas se colocaron dentro del furgón, que fué cerrado seguidamente y que no se abrirá hasta llegar a Madrid. A c o m pañan al cadáver los hijos y familiares del finado. Hasta que arrancó el tren, cuantos se encontraban en l a estación permanecieron descubiertos y en absoluto silencio. V i g o 2i, 5 tarde. P o r haber descarrilado un tren de mercancías entre Barco de Miño y Orense, el tren que conduce los res tos mortales del ilustre actor tendrá que detenerse en esta última estación. E n un automóvil se trasladará el féretro desde Orense a Monforte y allí será depositado en el expreso de l a Coruña. de los gastos a que ascienda el traslado en ferrocarril. A l darnos esta información el Sr. Monteagudo nos suplica que hagamos público el. agradecimiento de los actores al ministro de Fomento. E l hombre de mundo M i vuelta a l a Redacción, después de cierta temporada de rej oso, coincide con uft triste hecho, por el que l a escena española está de luto: L a muerte de D Fernando Díaz de Mendoza, marqués de Fontanar, conde de Balazote, dos veces grande de España, etcétera, etc... Fernando Díaz de Mendoza fué, en su primera juventud, ese señorito de casa grande, que parece venir al mundo con el único objeto de prestar un poco más de esplendor a cada fiesta con el brillo del almidón de su camisa de frac. Hubiérase dicho que su oficio en la vida era el de decorar un rincón de los salones en frivolo discreteo con esa damita de l a comedieta, que sonríe eternamente detrás de un abanico de plumas. L a fiesta cada noche y tras l a fiesta, de madrugada, el señorito iba a sorprender l a partida del Círculo, para tallar con gestos de gran señor una baraja de boceará. V i d a fácil, amable, a l a que, una vez inciado en su molicie, es difícil renunciar. Pero Fernando Díaz de Mendoza, además de su frac de gomoso, poseía algo que supo salvarle de aquello que, para otro, hubiera podido representar un precipicio: poseía un alnia de artista, y al leer, por ejemplo, los versos de nuestros clásicos sentía bañado todo su espíritu en unas aguas claras y purificaderas. E n sus incursiones al salón, bien pronto su gusto depurado presintió l a poca consistencia de un ambiente, en el que alternaban las marchas rígidas de los rigodones con la languidez confiteril de unos ramplones valses. Y tuvo una feliz idea: la de llevar un escenario al salón. D e aquí nació el teatro Ventura a quien do nomi bre el de su primera mujer, entonces muchacha. Y todo ello ocurría en el hotel que habitaban los duques de la Torre, padres de ésta. Bien. pronto el nombre de Fernando Díaz de Mendoza se elevó, en alas de la fama, por encima del coro- de señoritos ociosos y de trasnochadores de Casino, lo que antes, le rodeara. Gustó del placer de ser considerado como gran actor antes, de- serlo oficialmente. V i u d o muy joven, y con l a ha- rienda de sus mayores mermada en exceso, consideró que muy bien, podía constituir. un fin lo que hasta entonces sólo había sido una necesidad de expansiones artísticas. ¿Por qué no... Y entonces tuvo otra idea más feliz aún que la primera: la de llevar el verdadero salón al escenario. Y es que puede afirmarse que, hasta que Fernando Díaz de Mendoza no pisó l a escena- como profesional, en España la mise en scene era algo. superfluo eme despreciaban todos los empresarios. Raídas y destartaladas decoraciones, muebles de guardarropía, comidas servidas en escena donde loz comestibles eran de cartón. Todo fué transformado en un santiamén, y Fernando Díaz de Mendoza, ya casado con esa gloria española que se llamó María Guerrero, hizo de la sala de su teatro un lugar de cita para la más alta aristocracia. ¡Pretéritos lunes del Español. E l que E l fervor religioso del señor Díaz de M e n d o z a V i g o 21, 12 noche. A raíz de l a enfermedad que él S r Díaz de Mendoza padeció en Valladolid rogó con el mayor encarecimiento a su sobrina María que si de nuevo caía enfermo no dejara de llamar i n mediatamente a un confesor por temor a que sé inmutase, pues l a nresencia de un sacerdote en trance tal habría de confortarle y darle gran satisfacción. Ateniéndose a estas instrucciones, los hijos avisaron, por. l a mañana, aL coadjutor de l a parroquia de Santa María, a quien el enfermo acogió con alegría y estrechó l a mano. Durante su estancia en ésta, el Sr. Díaz de Mendoza oía misa a diario y comulgaba con gran fervor, piadosa costumbre que seguía con asiduidad desde l a muerte de M a ría Guerrero. 1 esto escribe era aún muy niño, pero conserva todavía la visión primera de aquella sala en una noche de lunes. Volcado materialmente, veía, desde su delantera de paraíso, el blanco y doble cortejo de los descotes empolvados y las pecheras rutilantes. Alguien, cerca de él, señaló cierto palco en donde se podía ver una dama, constelada de joyas, a la que acompañaban dos muchachas. -A q u e l l a es la marquesa de l a Laguna con sus hijas solteras. Teatro Español, ya remozado actualmente: a tus oros de hoy, acaso resplandecientes con exceso, yo prefiero aquellos otros, más desvaídos, que sólo existen en el recuerdo, y que tal vez fueron los primeros de un teatro que brillaron ante los ojos de aquel mal estudiante que yo fui. D e aquel estudiante que hacía sacrificios económicos para adquirir una delantera de paraíso, cuando el nombre del maestro Benavente comenzaba a ser glorioso y los vanguardistas de entonces criticaban el viejecito de perilla blanca y gabán de. pieles que era D José Echegaray... V i n o después para Fernando Díaz de Mendoza l a época del teatro de l a Princesa. Fué su momento de gran esplendor, que hubiera aprovechado cualquiera al contar, con el más ligero atisbo de sentido práctico. Pero Fernando había nacido gran señor, y no podja dejar de serlo. Poseía teatro propio, un hotel en las cercanías de l a Castellana, y de sus excursiones por América había nacido ya en él l a idea de edificar un teatro en Buenos A i r e s L a escena era servida en su tablado con toda rigurosidad. Tapices auténticos, vajillas de plata, muebles de gran valor. Su compañía, era l a compañía por excelencia, y en ocasiones, para darle l a réplica surgía en el escenario la figura procer con voz cascada, de aquel eterno petrimetre que se llamó Mediano, y fué un devorador de fortunas... Fernando Díaz de Mendoza ha muerto seguramente pobre, tras una vida continuada de trabajo constante. Que otros le juzguen como actor. E l cronista de sociedad que suscribe sólo ha querido hablar de él cr- no hombre de mundo. Pudo ser un señorito más en los salones; el señorito d buena pinta como se dice ahora, que sabe llevar un frac y pasea cierta gardenia perfumada sobre su solapa de raso, a la caza de una buena dote. Pudo ser eso, y, sin embargo, consciente de su dignidad y de su arte, prefirió honrarse con colocar el escudo de grande de España sobre el adamascado telón de una embocadura de teatro. -Gil de Escalante. 1 U n telegrama de d o n Fetnando Díaz de M e n d o z a y G u e r r e r o Hemos recibido el siguiente telegrama: Marqués de L u c a de Tena. Urgente. Madrid. Figúrate m i pena. T e recuerdo y suplico tu ayuda para conseguir cumplir la voluntad de mi padre. No quiere manifestación alguna; todo ha de ser sencillo y modesto. Se le trasladará en automóvil al cementerio rápidamente para evitar comitiva, coronas y otras manifestaciones de duelo. Estoy decidido cumplir su deseo, y te pido lo hagas saber por medio de A B C, esperando que por el cariño que todos le tenían respeten su deseo. Abrazos. -Femando. T a n respetable y digno de loa como el rasgo de ejemplar modestia del insigne finado es el propósito firme de su hijo D F e r nando de cumplir l a última voluntad paterna. Por nuestra parte, con l a publicación del telegrama que antecede, contribuímos a d i vulgar los deseos de l a familia doliente, dignos de respeto y de ser complacidos, porque l a mejor manera de rendir homenaje a la memoria del ilustre actor es cumplir m voluntad. U n rasgo del ministro de F o m e n t o A y e r mañana l a Junta del Sindicato del Montepío de Actores acudió al ministro de Fomento, D Leopoldo Matos, para pedir su ayuda en el deseo de los actores de traer a M a d r i d desde V i g o el cadáver de don Fernando Díaz de Mendoza. N i el Sindicato ni el Montepío disponen de dinero suficiente, y el Sr. Matos, con una generosidad digna de la gratitud de todos los actores españoles, se encargó personalmente
 // Cambio Nodo4-Sevilla