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A B C. M A R T E S 28 D E O C T U B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 8 cuencia del aumento de máquinas que las producen. D e l extranjero, especialmente de los Estados Unidos, de Francia, de Inglaterra y de Alemania, naciones de mayor actividad automovilista, llegan noticias aterradoras. E n las ciudades, la guillotina ambulante mata y atropella a diestra y siniestra. Contra ella no hay defensa posible ni lugar seguro. Se lleva a la gente por delante; sube a las aceras y a los burladeros; se mete en los paseos y entra en las tiendas. Derriba postes luminosos, árboles, faroles y bancos. Nadie al salir, de su casa está seguro de v o l v e r o no volver herido, ondulado por un automóvil. Cuantas precauciones se toman contra él resultan i n suficientes. A veces hiere y mata en montón. G u i l l o t i n a ha habido que de una vez, en un segundo, ha atropellado a seis y ocho personas, haciendo necesaria la movilización de la C r u z Roja. Algunas de estas desgracias son obra de la fatalidad, y a nadie puede hacerse responsable, pero otras muchas son verdaderos asesinatos. Cuantos conducen un automóvil saben que el exceso de velocidad puede, inesperadamente, sin tiempo ni medios para evitarlo, acarrear la muerte de un transeúnte, y a pesar de esto, de tener conciencia de que están en riesgo casi inminente de matar a alguien, corren como locos por calles y plazas llenas de gentío. A la mayoría, si le preguntásemos la razón de tanta prisa, no sabría darnos una contestación justificativa. ¡Cuántos van a ochenta por hora para uego detenerse en la terraza de un café v tomar el aperitivo! Todos habréis observado que, generalmente, los que más corren son los que menos tienen que hacer, y entre éstos, en primer lugar, los tarambanas. H a y que temer a los juerguistas que pasean en automóvil su mala sombra y su borrachera. Si además van acompañados de mujeres, borrachas también, contra ellos no hay más defensa que, la browning. E n el Código penal de la Dictadura, en vigencia, se establecen penas graves para los conductores de vehículos que atropellan por imprudencia temeraria. A l ponerse en vigor el citado Código, los chauffenrs de Madrid y Barcelona pensaron ir a la huelga, en protesta de que se pusiera obstáculos a l emocionante sport de descalabrar a los transeúntes. Pero en vez de ir al paro optaron por moderar la velocidad. E l miedo a la cárcel los humanizó. Desgraciadamente para el pobre peatón, este miedo pasó pronto. Poco a poco fueron acelerando la marcha, y a las tres semanas de Ja promulgación del nuevo Código penal corríase como antes, sin respeto a nadie. E n caso de atropello, la ley de fugas. Tres son las causas básicas que han hecho del automóvil una guillotina ambulante la excesiva velocidad, la falta de respeto a! a vida humana y el seguro contra accidentes. L a primera podría evitarla el celo de las autoridades y la inflexibilidad de la Justicia. Con fuertes multas y con el retiro del carnet al conductor del auto que contraviniera las disposiciones sobre velocidades se reduciría en alto grado el número de los atropellos, y si al que atrepellara, por haber faltado a aquellas disposiciones, se le aplicara con todo rigor el castigo que señala la Ley, ya veríamos cuan cautos se volverían los chauffeurs y cómo se curarían del vértigo de la velocidad. Por lo que está ocurriendo, por fuerza ha de haber cierta lenidad en la aplicación a los malos conductores de automóviles del Código penal. Contra la falta de respeto a la vida humana no se puede hacer, más que castigarla ejemplarmente. E l seguro contra accidentes, que en principio nos parece bien, está dando pésimos resultados, en perjuicio de la colectividad. Por unas cuantas pesetas al año, el propietario de un vehículo n e s e ha de preocupar de la responsabilidad pecuniaria por el daño que con su coche, carro o moto pueda hacer a tercera persona. L a casa aseguradora paga... lo menos posible, y hace i m p o s t e s por pagar lo menos. L a seguridad que tiene el conductor de un vehículo- de que un posible siniestro no ha de afectar a su bolsillo le convierte en una especie de ángel exterminador. O t r a cosa sería si la responsabilidad civil recayera exclusivamente sobre él. Cuando una muerte, heridas o lesiones le costaran miles de pesetas, los atropellos por automóviles serían escasos. E l Manchester Guardian, indignado por la falta de respeto a la vida humana de los conductores de autos y del espantoso número de desgracias que ocasionan en Inglaterra, pedía recientemente a los Poderes públicos la prohibición del seguro contra accidentes ocasionados por transportes mecánicos. L a petición del gran periódico inglés nos parece sobradamente motivada y digna de ser atendida. P o r razones de moralidad y de humanidad, hay que i r a la revisión del seguro contra accidentes. N o se trata de lesionar intereses creados, sino de ponernos a salvo de posibles desgracias, evitables en la mayoría de los casos. Por muy respetables que sean los intereses de las Compañías aseguradoras, no lo son tanto como la vida de las personas. H a y que defenderse contra el azote común. ADOLFO M A R S I L L A C H 11 servicio perfecto en su mesa comí etará e reíinamiento moderno le su n o g ar l- -Í A G A que sus criados puedan servir- -aun en las épocas calurosas- -el más selecto menú de un modo perfecto. Los mis exquisitos y deliciosos postres, los helados, las gelatinas de todas clases, los vinos... todo aquello que requiere un grado especial de congelación o enfriamiento llegará a su mesa como acabado de preparar si ha sido conservado dentro de un Frígidaire. Este refrigerador completa, el refinamiento del hogar moderno Su frío seco y tu temperatura siempre igual son la mejor garantía para la conservación perfecta de toda ciase de alimentos. 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