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ABC. V I E R N E S 7 D E N O V I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 cha de que. esta lección de humildad que le ofrezco pueda llevarle hasta el claustro; pero me atormenta más a ú n la de que usted, que quiere romper los moldes inmortales, sea un vanguardista. Sentiré que ese mote le parezca como piedra arrojada contra el cristal claro de nuestra amistad... L o s e n t i r é pero me creía obligado a tratarle a usted con dureza... Perfectamente; ahora ya puede usted marcharse. Digo que si nuestros eternamente jóvenes políticos se decidieran a venir a Viena, conocerían nuevos procedimientos de propaganda electoral: el retrato de los candidatos m á s jóvenes y apuestos publicado en los diarios y revistas; la proyección sobre las nubes, por medio de reflectores potentes, de los nombres más ilustres; las injurias graves lanzadas contra el partido contrario en pasquines, periódicos y hojas sueltas los pasacalles con banderas y charangas; los mítines nocturnos a la puerta de una iglesia, con una cruz iluminada sobre la tribuna... Comprendo que algunos de estos medios de propaganda, como el de los retratos, no sería eficaz en España, porque aún, entre nosotros, la mujer no tiene derecho a votar, y, aunque así fuera, nuestros hombres pi iblicos no están preparados para el sufragio femenino. E n general, son feos y mal trajeados; me sospecho que sus efigies en los periódicos no despertarían grandes entusiasmos entre las electoras. Tampoco es importable el mitin piadosamente encuadrado, porque en España no existe el problema semita y porque algunos de los políticos nuestros, detrás de una cruz, darían l u gar a chistes fáciles e irrespetuosos. E n cambio, las injurias graves matizarían amenamente la lucha y r e p a r a r í a n la injusticia de que sólo sea el candidato triunfante el que, después, pueda pronunciarlas con toda libertad en el Parlamento. L o s reflectores les darían a nuestros ilustres compatriotas la satisfacción de contemplar, al menos por una vez, su nombre por las nubes. Pero, sobre todo, el pasacalle me parece de una gran eficacia. Recuerdo que cuando yo era niño se servían de este medio de propaganda las compañías de títeres que llegaban al pueblo. Casi siempre, después de un brillante desfile de tontos y ecuyeres, se les llenaba el circo. Nuestros jefes de partido, si se decidieran a emplear este medio, obtendrían un resultado halagüeño, porque los españoles somos muy fáciles de convencer con charangas y lentejuelas. Estoy seguro de que e l S r Alcalá Zamora, al frente de una murga y marcando el paso, triunfaría de su rival señor conde de Romanones, si éste se decidía a imitarle. Nos convencería de que con él ha sido injusto eí destino, que lo apartó de la. poltrona presidencial, donde tantas veces se sentó el conde, y acaso, de este modo se le cumplieran sus aspiraciones, sin necesidad de dar saltítos hacia la derecha o hacia la izquierda. P o r lo demás, estos consejos míos son completamente desinteresados. N o aspiro a presentar mi candidatura por n i n g ú n distrito, porque estoy desengañado amargamente de la política. E r a yo casi niño y vivía en una aldea aneja al Municipio de la ciudad, para el cual elegía tres concejales. En cierta ocasión presentó su candidatura un amigo de casa, al que estábamos obligados a ayudar. E l candidato contrario era rico y pagaba por cada voto un duro y una azumbre de vino. Nosotros teníamos muy pocos duros y todo nuestro vino se lo bebieron entre el candidato amigo y los correligionarios que con él llegaron desde l a ciudad. Decidimos confeccionar los votos en casa. Esta idea me pareció genial, porque yo t e n í a entonces muy alto concepto de las confecciones caseras. Cuando necesitaba reponer mis modestas galas, las manos de mi abuela cortaban y cosían; luego, al probarme la prenda, llenaba de besos mi frente y mis mejillas y exclamaba con un sincero entusiasmo: D i o s m í o ¡S i vas a ir hecho un principe! ¡Aquellos besos no los he olvidado nanea ni cuando, a lo largo de los años, cayeron otros, besos sobre sus huellas consiguieron borrarlas. ¡Pero las p a l a b r a s S í preciso es confesarlo... M e recelo que mi abuela tenía una idea muy equivocada de lo que es un príncipe. Decidimos cor. feccionar los votos en casa, con gran contento mío, que juzgaba las cosas de confección casera, como los hojaldres, melindres, baberos y pantalones, de calidad muy superior a los comprados en la calle, hechos con Dios sabría qué i n gredientes y materiales! Dentro de cada candidatura de papel recio, bien doblada, como manda la ley o la costumbre, introdujimos diez papelitos tenues, vaporosos, con el mismo nombre de nuestro candidato, y el señor presidente de la mesa, al tomarla de manos de nuestros partidarios, dejaba caer en la urna la candidatura y la bonita sorpresa que encerraba, sin oponer grandes d i ficultades. E l señor presidente, a pesar de pertenecer al partido contrario, era un hombre honrado y bondadoso. de entrada y l a interior que a ésta corresponde, desde la calle el transeúnte contempla, enmarcadas en parrales y colgadizos, bellas marinas lueñes de luces y colores l i m písimos. Nos invitan, por último, a visitar el Compás, el cementerio y las canteras, de donde se extraen mármoles excelentes, base de una lucrativa industria local; pero el tiempo apremia y hemos de volver a Mala- ga a hora concertada. L o hacemos, desde luego, bajo la impresión de sorpresas mucho mayores de lo que presentimos. L a villa de M i jas, el pulmón de Málaga, como nuestro ilustre doctor D Pablo L a z á rraga la titulara, merece ser conocida de todos los españoles y de los extranjeros que busquen climas privilegiados de altura. N i n guno como el de este pueblo de la sierra, que hermana los beneficios de su altura- -igual a la de Madrid- -con los que se derivan de su proximidad al Mediterráneo. Málaga se enorgullece de contar en su provincia con una villa tan ilustre, tan r i sueña, tan llena de salud, de riqueza y de colores. MANUEL P R A D O S L Ó P E Z A BC EN VJENA Procedimientos electorales Estos, empleados en Austria por los d i versos partidos, podrían servir de enseñanza a nuestros políticos si se decidieran a viajar... Los viajes educan la juventud. Ñ o sé a quién atribuirle tal frase, vieja como el mundo; acaso la pronunciara C é sar cuando, a ú n adolescente, volvió de la Corte de Nicomades 111. S i ello es así, la conducta del mancebo ilustre debía de ser ejemplo a seguir por nuestros hombres públicos. N o h a b r á español de buena fe que no les desee un viaje feliz y parecido al de César a Bitinia, donde puedan adquirir, para bien de la Patria, la misma experiencia que el héroe romano. Repito que es pertinente tal frase, aunque se trate de estos señores a quienes se ha dado en llamar viejos políticos. F e r n á n dez Flórez, cuya obra, de haber sido escrita en francés o en alemán, ya estaría traducida al ruso, al japonés y al hindú, los ha motejado de momias y superpapús. E n esta ocasión F e r n á n d e z Flórez es injusto. P e r m í t a m e que se lo demuestre, amigo Wenceslao: ¿L e parece a usted decrépito el alcalde de Zalamea? ¿Se le figura senecio el cuadro de las lanzas? ¿T i e n e por anticuado el Andante de ¡a Casalion? ¿M o teja de ridiculamente ancestral el Apolo del Belvedere? N o estoy seguro. Sobre lo imperecedero, l a palabra lo dice, no pasan los a ñ o s conserva eternamente un aroma de juventud fresca y lozana. U s ted mismo lo asegura: esos señores son i n destructibles, inamovibles e inconmovibles... ¡Como el arte, amigo Wenceslao, que es también único y eterno! Y nuestros políticos también son únicos y son eternos también. Escúcheme unas palabras, no se impaciente... L e esperan a usted para echar unas maní tas a! poker? B i e n es sólo un momento... Quién era usted hace treinta años? ¿Q u é será cuando hayan pasado otros seis lustros? Medite bien sobre estas dos preguntas... E n cambio, los hombres que tan duramente moteja ya intervenían entonces en la vida del p a í s a ú n se preocupar á n de hacernos felices cuando haya pasado ese tiempo. Medite bien, le repito, sobre lo imperecedero, que son ellos, y lo efímero, que somos nosotros... ¡Gusanillo de luz que se quiere alzar hasta el cielo para brillar entre las estrellas! Amigo Wenceslao, me entristece la sospe- Eso maldita caspa le atormenta. Y mientras sufre el martirio constante, sus cabellos caerán un tJia y otro día, hasta la cal vicie tota! Evite el peligro friccionándose en seguida con la maravillosa Loción d e A z u f r e B E R R Y M a r c a INTEA Suprime la caspa e Impide jne se reproduzca: fortalece la raíz del cabello y detiene su caída desde la primera fricción. En Perfumerías y Droguerías, Gratis recibirá catálogo ilustrado. Pídalo a INTEA, Aparta o 82, Santander. De esta manera nuestro candidato consiguió una mayoría tan grande, que podríamos calificarla de excesiva y hasta de m i lagrosa si nos viniera en gana. E l número de votantes inscrito en el colegio no pasaba de seiscientos, y nuestro amigo obtuvo mil quinientos sufragios. A pesar de esto, contra toda idea de equidad, fué proclamado concejal el candidato contrario, con sólo cuatrocientos votos a su favor. Desde entonces no tengo una gran fe en la pureza del sufragio, en la justicia humana ni en las confecciones caseras... ¡H e aquí a qué amargo escepticismo me ha, conducido mi experiencia en cuestiones políticas MARIANO TOMAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla