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NUMERO EXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO- SEXTO, m m W BC NUMEROEXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S AÑO VIGÉSIMO- SEXTO. W SÉ Una Meca de los enamorados. El monasterio de Santa Cruz, en Austria. M AS allá de B a dén y de Veslau, en los lím i t e s de la W i e n e r- B a l d se alza el monasterio de H e i lligenkreuz, f u n d a d o en 1135 por el duque L e o p o l d o III y rec o n s t r u i d o en el siglo x v i i para reparar los estragos de la i n vasión t u r c a A p e nas si, este c o n v e 11 to cisterciense tiene más historia; pero en su cementerio, en un r i n cón sombreado de helechos, se a l z a u n a cruz de m á r m o l negro, y b a j o l a c r u z una l á p i d a con esta inscripción s e n c i l l a VETSKRA 151. DE 19 DK 1871. DE ENERO MARZO MARÍA NACIÓ que se detuvieron para siempre en sus o r i llas, bajo un f r e s c o verdor de frutales, entre, cerco de vides con j u g o s o s agraces, como la del poeta Cabalioti en la ribera del l a g o M a y o r Mas para ésta de María Vetsera n i 1 g ú n 1 a reo 1 11 más apropiado que e! paisaje de Heilíigenkreuz... P a r e c e que desde siglos y siglos la estaba esperando, y los muros fueron haciéndose r u i n o s o s y negros, y los árboles, v i e j o s y retorcidos, para que luego, en la madurez de su melancolía, p u d i e r a n recibirla y ser dignos de ella. Aquí abrieron esta tumba una noche de e n e r o a hurtadillas, entre las sombras, con temor de que el r u i do de los azadones al hundirse en la tierra despertara a la ciudad de Vieua, dormida al otro lado de la llanura. Creerían que, en este rincón olvidado y s i l e n c i o s o sería la tumba de la niña muerta de amor una lápida más, con un nombre más, olvidado a poco; creerían que sobre la piedra sólo traería el viento polvo y hojas secas; pero se engañaron, porque siempre hay bajo los heléchos que velan su s u e ñ o brazadas de flores recién c o r t a d a s E l l a m o m e n t o s antes de morir, dejó una carta para su hermana, en la que le pedía flores para su sepulcro; no le faltaron nunca flores n u e v a s ni h o y tampoco, c u a n d o ya han desaparecido todos los que la quisieron en vida, porque aún aman su recuerdo los enamorados y vienen desde la c i u d a d para a d o r n a r l a de violetas en primavera y de c r i s a n t e m o s en otoño. H E I L L I G E N KRETJZ, COLUMNA D E LA SANTÍSIMA VIRGEN MUERTA EI, 3 0 DE 1889. Y o he v i s i t a d o el monasterio de S a n t a Cruz a fines del último otoño. E l día era sin sol, y el v i e n t o que bajaba desde la montaña próxima, al atravesar la W i e n e r B a l d t o m a b a entre s u s brazos invisibles las hojas amarillas y las vestía en lluvia de oro sobre los senderos encharcados y las albercas de c r i s t a l e s turbios. Desde el valle subía la niebla en j i r o nes, y todo el paisaje tenía una dulce gracia melancólica, c o n los árboles sin hojas asomados tras las tap i a s r u i n o s a s del claustro, con las estatuas en piedra de los santos de la O r d e n recortándose sobre el cielo nebuloso, y las ráfagas de viento, que v e n í a n a estrellarse, en un revuelo de hojas secas, contra los m u r ó s ennegrecidos por las lluvias. H a y tumbas que sólo se comprenden en las m á r g e n e s de un riachuelo r u m o r o s o que c o n v e r s e quedo con las sombras cíe los
 // Cambio Nodo4-Sevilla