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CHUFLILLAS DE EL NIÑODE LA PALMA (1925) ¡Q u é revuelo! (A i r e que a l toro torillo le pica el pájaro pillo que no pone el pie en el suelo! ¡Q u é revuelo! Angeles con cascabeles arman l a marimorena, plumas nevando en la arena rubí de los redondeles. L a V i r g e n de los caireles baja una palma del cielo. ¡Q u é revuelo! V e n g a s o no en busca mía, torillo mala persona, dos cirios y una corona tendrás en l a enfermería. ¡Q u é alegría! ¡Cógeme, torillo fiero! 1 Qué salero! D e Ta gloria, a tus pitones, bajé, gorrión de oro, a jugar contigo al toro, no a pedirte explicaciones. ¡A ver si te las compones y vuelves vivo al chiquero! ¡Q u é salero! ¡Cógeme, torillo fiero! A l a s en las zapatillas, céfiros en las hombreras, canario de las barreras, vuelas con las banderillas. Campanillas te nacen en las chorreras. j Q u é salero! ¡Cógeme, torillo fiero! T e dije y te lo repito, para no comprometerte, que tenga cuernos la muerte a mí se me importa un pito. D a toro torillo, u n grito y ¡a l a gloria en angarillas! ¡Qué salero! ¡Q u e te arrastran las mulillas! ¡Cógeme, torillo fiero! JOSELITO EN SU GLORIA A Ignacio Sánchez Mejías. L l o r a Giraldilla mora, lágrimas en tu pañuelo. M i r a cómo sube al cielo la gracia toreadora. Niño de amaranto y oro, cómo llora tu cuadrilla y cómo Hora Sevilla despidiéndote del toro. T u río, de tanta pena, deshoja sus olivares y riega los azahares de su frente por l a arena. -D i l e adiós, torero mío, dile adiós a mis veleros y adiós a mis marineros, que y a no quiero ser río. Cuatro arcángeles bajaban y, abriendo surcos de flores, al rey de los matadores en hombros se lo llevaban. -V i r g e n de la Macarena, mírame tú cómo vengo, tan s i n sangre, que y a tengo blanca m i color morena. Mírame asi, chorreado de un borbotón de rubíes que ciñe de carmesíes rosas m i talle quebrado. Ciérrame con tus collares lo cóncavo de esta herida, ue se me escapa l a v i d a por entre los alamares. V i r g e n del A m o r clavada lo mismo que u n toro el seno, pon a t u espadita bueno y dale otra vez su espada. Q u e pueda, V i r g e n que pueda volver con sangre a Sevilla y al frente de m i cuadrilla lucirme por la Alameda. SEGUIDILLAS A UNA EXTRANJERA Todos los torerillos que hay en Sevilla te arrojaron, al verte, la monterilla. Dinos cómo te llamas, flor extranjera. -E n t r e los andaluces, l a arrebolera. Cinco rejoneadores, cinco perfiles, clavaron a l a gracia de los toriles. G r a c i a negra, de fuego, tras los percales, pintándolos de moras de los morales. ¿Por qué ocultas l a cara tras l a mantilla y rueda por el ruedo tu gargantilla? 4 Y por qué de l a gloria baja y se eleva, a caballo, u n arcángel que se l a lleva? L l o r a n zumo de azándar y de limones, desgarrados, los flecos de los mantones. Y tú, arriba, en los palcos, crucificada, desangrándote el pecho con una espada. M u e r t a de los caireles, ven, que de amores pretenden requerirte los matadores. ¿Cómo te dicen, dinos, flor cineraria? -E n t r e los andaluces, la pasionaria. RAFAEL ALBERTI (Dibujo de M a r u j a M a l l o