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de concepto a r t í s t i c o bien distintas. L a primera, obra de g r a n empeño, recuerda, aun cuando no con ventaja, al Huertano de hace tres o cuatro años. E n Mirando al mar hay vacilaciones de línea que perjudican a esta figura, que más bien que mirar al mar parece hallarse en momento de i n i c i a c i ó n de un baile popular. Bibelot, dentro de su menor importancia, es obra graciosa y espontánea. Pérez Comendador concurre con c u a t r o obras: un busto de Joaquín Bilbao, excesivamente p r o s a i c o Macarena, busto en bronce dorado a l o Leoni; Sevillana, figuPEDRO G I L IGLESIA D E L I S I E U X rita en barro cocido, un tanto desencajada de anatomía, y un busto de mujer en madera policromada con poca fortuna. F MÁXIMO RAMOS. N O S O SEÑOR S A N YAGO E n la sección de Grabado y Dibujo se exhiben muy pocas obras. José Pedro G i l en tocante a grabado, compensa con la fina calidad la escasez de expositores. Este artista, de gran sensibilidad, tan excelente litógrafo como aguafortista, envió un cuadro conteniendo varios grabados a punta seca: E l titulado Iglesia de Lisieux tal vea sea el mejor. mos envió dos obras de escultura decorativa de gran interés. L a titulada Noso Señor San Yago es una fuerte interpretación decorativa a modo de gran azabache del apóstol compostelano, con toda la grandiosa monstruosidad de una escultura románica popular. Espinos Alonso envió un plato de hierro repujado, cuya técnica, excesivamente uniforme y precisa, cae más bien dentro de la labor de platería. Esta obra resulta mezquina, por exceso de preciosismo y minucia. ¡Tierra! proyecto de vidriera alusivo al descubrimiento de América, obra de Gutiérrez Santos, es obra bien compuesta y de lógico despiece. E l arquitecto Jimeno Pérez envió unos proyectos de faroles para el ministerio de Instrucción publica, obras premiadas en el concurso Nacional de Artes Industriales. Un mueble, con reminiscencias del siglo xvT I I de Manuel Moriñigo, le acredita como excelente conocedor del oficio. Cerremos estos comentarios aludiendo con piadosa vaguedad a algunas obras dé arte decorativo, especialmente. en hierro repujado, a las que se lleva un realismo absurdo. Retratos realistas de personas conocidas, ejecutados en h i e r r o y repujado, recuerdan, por lo grotesco, esos trabajos de horteras con iniciativas cuan- ¡do en las proximidades de Nochebuena ejecutan cabezas de políticos en mazapán, o bien en vísperas de Cuaresma exhiben el retrato del conde de Romanones compues ü to con trozos de bacalao... D i g a m o s no obstante, en j u s t i c i a que las obras de este tipo son más disculpables que las otras. Cuando menos, son obras e f í m e r a s que prestan el servicio de anunciar absurdamente una mercancía que habrá de ser v o r a z mente destruida... ANTONIO MÉNDEZ B O R R E L L N I C O L A U CABEZA E N M A R M O L BLANCO CASAL (Potos V. Muro. Excelentes como dibujos de tipo viñeta son dos cabezas- -Retrato del poeta Ramón Vinyes y el Retrato del poeta Francesch Más- Abril- obras de Joaquín Biosca- VUa. Solís Avila e n v i ó un carbón titulado Rosario, obra graciosa y suelta, que supone un avance en la labor de este artista. Dos retratos femeninos de León Astruc, en los que destaca como una ráfaga de sensibilidad, son obras de dicción fácil. Recordemos t a m bién dos pasteles de doña María Muntadas, en los que hay cualidades apreciables. E n arte decorativo, el fino dibujante, autor de delicadas estampas, Máximo Ra- M A N U E L MORINIGO. C U A D R O CON F L O R E S Y CÓMODA D E C O R A D A E N CARÁCTER A N T I G U O SOLIS A V I L A ROSARIO
 // Cambio Nodo4-Sevilla