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MADRID- SEVILLA 11 N O V B R E D E 1 930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO D E SAN SEBASTIAN. CERCANA ABC SUSCRIPCIONES Y A TETUAN, SEVILLA. DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GESIMÓSE, XTO N. 8.698 I ANUNCIOS. MUÑOZ OLIVE, DE POLICÍA PARTIDOS Severing es m á s temible, porque es capaz de dar un espíritu a la admirable Policía de Prusia, creación suya dicen. L A EMBAÍ ADOR A BOLCHEYIOUE Alejandra Kolontai ha sido recibida oficialmente en Suecia como embajadora de los Soviets. PROPAGANDA P A T R 1 Ó T I C A Se ha filmado una película de la Guinea española, que se proyectará en cimes. de Madrid y provincias, como propaganda patrietica. Y eso no se ha dicho con aires de censura. Se ha expresado en tono admirativo que desconcierta. L a Policía de las Naciones, seg ú n las nuevas corrientes ideológicas, debe ser cosa, o patrimonio, o instrumento, ya de un hombre, ya de un partido político. D e s de hoy la Policía está en manos de é l se dice, sin que tiemble la voz, refiriéndose a Severing. E s muy curioso lo que en el mundo pasa. Los partidos políticos revolucionarios piden a los Estados que se desposean de sus medios coactivos, porque éstos- -afirman- -no pertenecen a la autoridad, sino al pueblo. Pero cuando los términos se invierten y la revolución está en el Gobierno, lo primero que aquélla hace es centralizar en sus manos todos los elementos de fuerza. Y l a i n consecuencia es justificada y aun alabada. Se trata- -dícese sin reparo alguno- -de defender la revolución. Antes se trataba de l a defensa nacional, que es bastante m á s respetable que la de l a revolución. Severing es socialista. L a oleada racista obligó a los Gobiernos socialistas de Alemania- -entre ellos al de Prusia- -a defenderse contra su empuje. Y a Severing se encomienda el ministerio del Interior. Hombre de puño, los socialistas d o r m i r á n tranquilos. L a Policía- -aquella Policía a l a que tantas veces en tiempo del Imperio han denostado- -estará al servicio del socialismo, en contra del racismo. N o solamente no se levanta escrúpulo alguno en las conciencias de los revolucionarios, sino que se encuentran bien avenidos con ese estado de cosas. L o malo para ellos no es que l a Policía esté a las órdenes de un partido; lo malo es que esté a las del contrario, o a las de quien represente legítimamente a l a nación. Se repite que el mundo pasa por un período de transición, en que, perdidas o rotas las antiguas formas políticas, va buscando a tientas las nuevas que sean adecuadas al momento de la evolución social en. que va a entrar. E s posible. Pero no lo creo probable. L o probable es que el profundo malestar que atormenta al mundo sea consecuencia precisamente de las formas políticas que en él dominaban. F u é lo ocurrido, que su nocividad se desconocía, porque no había habido ocasión de contrastarla. Ese es el triste progreso de estos tiempos. H o y está a la vista lo que antes se hallaba oculto. Cuando l a revolución pedía a los E s tados, a nombre del pueblo, su desarme i n terior, buscaba simplemente hacer fácil el asalto al Poder. E l pueblo le importaba muy poco; lo que le importaba era su propia sangre. E n el lugar de la Policía nacional pone- y lo confiesa- -policías de partido, cuando triunfa. De su partido, entiéndase bien. Eso es lo que el pueblo va ganando con la instauración de las revoluciones en el- Gobierno. VÍCTOR PRADERA A l comunicar esta sensacional noticia a sus lectores, un gran diario madrileño publica la fotografía de la célebre agitadora comunista, disfrazada de alta dig. iataria diplomática. Se ve, en efecto, a Alejandra K o lontai envuelta en ricas pieles y ataviada l u josamente, descender de. una carroza de gala frente al Palacio del Rey Gustavo, entre los saludos protocolarios de algunos personajes de la Corte. ¡L o que se h a b r á reído, por dentro, la Kolontai al recibir estos homenajes palatinos! ¡E l l a que formó parte del Estado Mayor de Lenín, cuando l a revolución de octubre, y asistió jubilosa a las matanzas exterminadoras del terrorismo soviético! N o en balde había que premiar a tan fiel propagandista. de la primera hora. Pero no se inquiete el lector. U n galante comentario acompaña la fotografía, y nos asegura que: política aparte, se trata de una diplomática, una mujer y una persona inteligentísima y respetable Vamos, lo que llamaríamos una gran señora, si este concepto no tuviese cierto desagradable sonido aristocrático. Sin embargo, la estrella roja de Moscú puede estar satisfecha del reclamo, y supongo que lo estará igualmente el Gobierno soviético. A estas horas no faltarán aquí burguesitas trabajadoras que en la oficina o en su casa suspiren y envidien la suerte de la K o l o n tai. ¡Q u e enorme progreso el de R u s i a! Allí basta que una mujer sea inteligente y respetable para que los bolcheviques la nombren en seguida embajadora a todo postín, con un gran sueldo, alhajas, pieles v auto a la puerta. Sí, desde luego. M a s no se trata solo de lucir vestidos v pasear en coche. P a r a tan alto puesto es preciso una ardiente fe revolucionaria y una incansable labor de agente comunista en los países en que se está oficialmente acreditado. Justo es consignar que amb condiciones las reúne en grado sumo la ciudadana K o lontai. Y a anteriormente. dio pruebas de su actividad en Méjico, cuando los Soviets la nombraron allí su embajadora: Y fué tal el celo de la sagaz diplomática para darle una orientación comunista a la guerra civil, que el propio Gobierno mejicano le entregó sus pasaportes. Ahora le toca el turno a Suecia. N o tardarán sin duda mucho los suecos en sentir los. efectos políticos y sociales de la estancia de esa eminente, bolchevique. Tampoco le faltarán, a ésta, la inmunidad diplomática de la valija, los cuantiosos fondos de la I I I Internacional, ni. los colaboradores de la Guepeon. Pero si al cabo de unos meses fracasa en tan delicada misión, tendrá que volver a Moscú a disculparse ante los zares rojos del Kremlin. L e quitarán su Embajada. Y entonces al hacer cola, con su cartilla de alimentación, entre la muchedumbre rusa, pobre y anémica, sentirá acaso la nostalgia de esos odiosos países capitalistas v burgueses donde aún hay lujo, prosperidad e insolente alegría. ALVARO ALCALÁ GALIAN O Con qué facilidad aplicamos un interés patriótico a cualquiera de nuestras decisiones. De intenciones patrióticas tenemos- empedrada nuestra vida. ¿P o r qué ha de ser patriótica la propaganda de la Guinea? ¿Es una colonia modelo? ¿V a siquiera, camino de serlo? Q u é modestos son nuestros gobernantes para sentir el patriotismo. N o creemos que baste al patriotismo el ilusionar con unas preciosas fotografías de un país exuberante y tropical y no advertir al margen la realidad angustiosa de la colonia. P a r a que esta película empiece a ser patriótica le falta por lo menos que fuera sonora. Porque siendo sonora oiría el espectador, maravillado, lo que dijo M a x i m i liano en San Carlos, ante l a concurrencia oficial que fué a hacer una investigación y se ha traído una película. Maximiliano es el indígena de m á s prestigio de Fernando P ó o Maximiliano es el mejor. catador de negros y blancos, muy útil si se le sabe oír. D o n Ángel Barrera, gobernador de grato recuerdo en la colonia, si no le tema como asesor, le escuchaba con interés. Maximiliano, en San. Carlos, ante el gobernadpr. y el director de Colonias, insinúo los anhelos insatisfechos, las quejas, las luchas, lo que divide a la colonia en política fratricida. P a r a Fernando Póo, todavía está E s p a ñ a en un régimen de Dictadura. A ú n se. hacen plebiscitos, como aquellos que se hicieron en E s p a ñ a que contribuyen a la discordia cuando menos. Y en tanto los problemas vitales, si no desatendidos, sin resolver, porque, sobre no ser de fácil e inmediata solución, falta el esfuerzo que da la concurrencia, la unidad lograda con l a confianza en el mando. P a í s agrícola sobre todas las actividades, y no tiene la agricultura preponderancia y atención en las esferas oficiales. Se quiere hacer propaganda patriótica con una película, y los Gobiernos se desentienden de ¡a colonia. E s t á tan lejos y hay otros problemas tan cerca... Desde que se rompió el Tratado con L i beria, hay un constante peligro bracero, que amenaza a la colonia en lo m á s fundamental; Se va saliendo adelante jon pequeñas e inseguras reclutas. Y puede ocurrir que un día, cuando las nuevas concesiones estén en producción, se queden las pinas de cacao en las fincas, porque no haya braceros que piquen. Propaganda, s í mucha propaganda hay que hacer de Guinea, pero antes que en los cinemas públicos, en los. salones oficiales. Mucha propaganda, para ver si se aficionan a la colonia aquellos que deben velar por su prosperidad. Después de esto, cuando la colonia sea un cuidado de quien debe serlo, cua ido les aspectos sanitarios soci- V col, arancelarios estén resueltamente C didjs, entonces puede pensarse en la propaganda, y hasta si se quiere darla importancia, puede llamarse patriótica. G. C O R R O C H A N O
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