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A B C. M I É R C O L E S 12 D E N O V I E M B R E D E 1930. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G ECOS. NOTAS Y LECTURAS Los andrajos de la púrpura nos traen un Vaho perturbado cíe bondoir romántico y decadente. D Annunzio es el último residuo literario de una época en que los poetas i n fluían en la vida social y en el corazón de Üas mujeres des Mimí, Margarita... A eso es a lo que llamamos hov literatura. V i e j a desacreditada y tumefacta. L o cual no quiere decir que D Annunzio sea un mal poeta, sino que sus adoradora tenían rrmv siniestra idea de la literatura. Y que la época era propicia al amor literario. Todo el siglo x i x todo el romanticismo v subsiguientes escuelas buscan el amor a través de los libros. Aquel Chateaubriand, sin i r m á s lejos... Aquel Chateaubriand, que fué, como Shelley, como Byrori, como el D Annunzio evocado por Benavente, un perfecto zascandil amoroso. Las damas linajudas se sometían al hechizo ele su verbo. L a marquesa de la ¡iTour du P i n ya vie- ja, recordaba un día ante su nieta ai literato, que había sido su huésped. -A q u í ha estado Chateaubriand. Aquí escribió sus mejores páginas. Aquí hubo una escena de amor entre el poeta y la marquesa de la Tour du Pin. y en estas baldosas se hincaron unas rodillas aristocráticas... ¿L a s de él, n a t u r a l m e n t e? -p r e g u n t ó la nieta. -L a s mías. E n mi tiempo, Tas rodillas femeninas sabían rendirse fácilmente, ante los poetas. Aquel Chateaubriand que nos trajo a E s p a ñ a a los cien mil famosos hijos de San L u i s iluminados de retórica... L o s cuales se hincaron de hinojos ante Despeñaperros como ante una dama y saludaron a E s p a ñ a con una oración de palabras hinchadas, arrnoniosas y exuberantes. E n el a ñ o último, el premio Nobel de L i teratura correspondió al novelista alemán iThomas Mann, y en los anteriores- -que recordemos hoy- -a Echegaray y Benavente (españoles) Sully Prudhomme, Federico Mistral, Romaín Ko land, Anatoie 1- ranee y Bergson (franceses) Maeterlinck (belga) Mommsen, Eucken, Heyse y Hauptmann (alemanes) Bjórnson, Knut Hansun (noruegos) Sienkiewicz (polaco) Carducci y G r a z i a Deledda (italianos) Rudyard K i pling, Yeats y Bernard Shaw (ingleses) Selma Lagerloef y Heidenstam (suecos) y ¡Rabindranath Tagore (indio) EL HOMBRE D E L DÍA S 1 C LA 1 LEWIS tinario de dólares, arrastrado por ese aceleramiento de jazz- band, por ese estruendo ferruginoso de grúas, bocinas, ascensores sirenas, máquinas y. tranvías que resuena, de sol a sol, en toda la ancha tierra de los Estados Unidos y que imprime carácter al país. A un país donde, no es que vivan, sino que se dejan vivir millones de Babbitts encarcelados en la esterilidad de su espíritu. M a r t i n Arrowsmith, su mejor obra; E l mer Gantry y Dodsworth son también narraciones sanguíneas y realistas; tienen una vitalidad desbordante y un dinamismo cinemático. El escritor es un viajero infatiga ble, y con la casa a cuestas- -un automóvil vivienda- -ha visitado el mundo entero. Se había negado hasta ahora a recibir premios literarios. Rechazó incluso el Fulitser: 1.000 dólares. Pero ahora no. Ahora ha manifestado, sin efugios, su satisfacción por la re compensa, si bien ha rechazado el dinero i ofrecido generosamente a la familia de un escritor que sea joven y pobre. No podía rehusar el galardóp. Toda l América del Norte- -cien millones de individuos- -se siente recompensada hoy en su esfuerzo diario, febril, doloroso y mecánico, Babbitt es su símbolo. -Trivelín. El gran escritor yanqui acaba de ser ordenado en Estocolmo de Premio Nobel de Literatura. Tiene cuarenta v cinco años; lia nacido en una pequeña ciudaa ae Minnesota, de oriqen irlandés; ojos grandes y agudcs; sano, alto y deportivo. Su popularidad empezó con M a i n Street, en 1920, y se reforzó Sinclair Lewis es el escritor norteameluego con Babbitt, su más famosa novela, ricano m á s combatido por la juventud y por la crítica. ¿Será esa razón la que ha traducida a todos los idiomas y origen de su movido al areópago de Estocolmo a concenombradla internacional. George F. Babbitt j derle este a ñ o el premio Nobel r L o s parti- es el tipo standard del yanqui, encarnación darios del arl for art s sake, los Penates perfecta de la mediocridad burguesa, del i del arte puro se sentirán defraudados. Pero hombre- cadena, del hombre- trust, inserto en los Babbitts se enorgullecerán de crae, por un ambiente, de máquinas, de oficinas, de primera vez, se conceda a Norteamérica un deportes; con una ideología imbuida, con g r e m i o Nobel de Literatura. Habían tenido una escala fija de sentimientos, con una calos de Física, Química, Medicina y P a z pacidad inalterable de emociones. Don Quipero la Academia de Estocolmo no había jote, Ótelo, Fausto, Don Juan, Tartufo, Euquerido hasta ahora otorgar su refrendo a genio Grandet eran algo: una pasión o un la literatura yanqui. ¡Helio, Babbilt! ¡U n zt hisky por Noruega! carácter enderezados al bien o al mal. Babbitt no es nada: y de ahí su grandesa como tipo representativo de una época y de una E x i s t e una vieja y hermosa traducción civilización mostrencas. Está construido por castellana de Moliere, que recomendamos una sistema de eliminaciones. La sociedad le a los actuales traductores de comedias franfor- cesas. E s obra de Cándido M a r i a T- rigue- ha arrebatado cuantos elementos; podían mar su personalidad. Es tina cifra, un voros, literato del siglo x v m Se llama El gazmoño, y el gazmoño era Tartufo. lumen, un nombre. Nada. Un amasador rur r
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