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A B C V I E R N E S 14 D E N O V I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 11 redactar una enérgica nota dirigida al Gobierno alemán. E l subsecretario del mismo ministerio guardó preciosamente esta reclamación, pidió su auto y fué a entregársela al embajador de Alemania. En Alemania se pusieron a limpiar los cascos con una pasta especial. En Francia quebraron dos Bancos. En Madrid, el Consorcio de la carne intentó subir el precio del solomillo. E l embajador de Alemania abandonó el lecho, donde le retenía una dolencia, y fué cojeando a presentar las excusas de su país al ministerio de Estado. No hay guerra. Si, a pesar de esto, la hay, que se cuente conmigo. Porque una cosa es que sean asesinados veintitantos hermanos nuestros a bordo del Badén, sin que rtos indignemos demasiado ni hablemos muy categóricamente de indemnizaciones, que sabe Dios si serán concedidas y cuándo serán concedidas. Las madres, los hijos, las esposas, están habitua dos al hambre y pueden esperar. Otra cosa es que un obrero español no tenga en Francia contrato de trabajo y sea tratado como un negro, y hasta se le niegue la entrada en un hospital cuando su. cumbe destrozado. Otra cosa es que en Argel, por ejemplo, úh español que quiera tener los derechos de un hombre civilizado haya de naturalizarse francés, porque su patria no le ampara. -Otra cosa, que en las facendas brasileñas se robe a nuestros compatriotas, y que en Méjico se les desposea. de sus propiedades, y que en la Argentina se les moteje despectivamente. Pch! A l fin son unos millares de pobres diablos. Otra cosa es que todos los días la Prensa de Inglaterra, de Francia, de Italia, de Alemania, de Norteamérica; cuente fábulas vejatorias y absurdas. de. los españoles, sin. que nuestros representantes se molesten en rectificarlas. Estas fábulas dañan nuestro crédito, disminuyen nuestra importancia, nos cubren de ridículo, perjudican desde nuestra dignidad hasta nuestros intereses. No obstante, pueden pasar... Pero que un. simple extranjero, escriba a un ciudadano español una cartita, en la que parece que hav un poquito de retintín... ¡es intolerable! En otros tiempos un intachable caballero que se había asomado a la. ventana de su casa para contemplar la aurora vio llegar z un hombre, vio cómo arrojaba una piedrecita a los cristales de la habitación de su hija y vio cómo esta hija salía sigilosamente con un maletín y cómo el galán la ayudaba a sentarse a la grupa del caballo. -i Oh! -gimió el padre- ¡En qué época de perversión vivimos! He ahí un desvergonzado que viene a raptar a mi querida Inés. ¡Qué gran desgracia! Se caló un poco más el gorro de dormir, porque la mañana estaba fresca y lluviosa. Pero como la lluvia había formado charcos, los piececitos de Inés se enlodaron al atravesar el jardín, y el caballero. observó que el raptor, después de mirar en torno con geáto de quien, busca algo, entró enel vestíbulo, volvió a salir llevando una tira de damasco rojo que adornaba el tallado arcén y limpió con ella los zapatos de su amada. ¡A h miserable! -rugió. el caballera- jPues no me estropea mis damascos... I Eso sí que no lo toleraré! Juró por sus barbas. Descolgó su escobeta v mató al intruso de untiro en el corazón. Como ciudadano consciente, como admirador de aquel rey que llevó a su pueblo a una gucfra de ocho- años, porque, el, eraba- j. jacor le estornudó en- una; mano al besar- sela, doy gracias al presidente del Consejo y al ministro de Estado por haber defendido con tanta presteza, con energías tan heroicas, los damascos de nuestro vestíbulo. W. F E R N A N D E Z F L O R E Z- ¿Cómo- -exclamé, indignado, mientras me frotaba la cara con el paño- ¿Y ustedes ponen ese anuncio aquí? ¡En el Cantábrico, precisamente en el Cantábrico! ¡Pero si las mejores sardinas, del mundo se pescan y enlatan en esta costa! Y como si todavía atormentase mi paladar un trozo de sardina noruega que comí, años atrás, en un viaje por Holanda, sentí deseos de enjuagarme la boca con algún elixir para suprimir, el sabor mecicamentoso del aceite de ballena, con ei que, ge- neralmente, preparan los noruegos sus conservas. E l maldito anuncio era un atentado coritra la prosperidad nacional; recordé las angustias de los heroicos pescadores cántabros, en lucha titánica con las olas, para prender en las redes de Sotüeza el ansiado cargamento de plata sardinera. Recordé también las curtidas manos femeninas ordeñando, fatigadas, los ubérrimos olivares andaluces. L a mejor sardina con el mejor aceite dan, necesariamente, la mejor conserva. ¡Y todo esto, fruto del noble esfuerzo español, quedaba borrado por un anuncio exetico en un establecimiento dei Cantábrico, precisamente del Cantábrico! Pagué aregañadientes el servicio peluqueril, omitiendo la propina, como represalia patriótica contra la exhibición depresiva del anuncio intolerable. PROBLEMAS ESPAÑOLES Nacionalismo industrial Un viaje en auto de Madrid a Valencia, partiendo a las nueve de la mañana, requiere detención en Albacete para echar lastre al estómago. Una de la tarde. La hora está indicada y el apetito propicio. Arribamos al hotel que, por su título y aspecto, parece el mejor de la capital. E l camarero nos atiende con diligencia, toma razón y sirve él almuerzo. Un almuerzo vernáculo, con mucha grasa y mucha vaca. Llegado el momento de los postres, surgen peras y carne de membrillo. ¿Ño hay queso? -Sí, señor. ¿Cuál prefiere ei señor? ¿Holanda, Roqueíort, Gruyere? Diga el señor. -Pues le diré a usted: estando en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero olvidarme lo más indicado es tomar queso manchego. Venga un trocito. Otra semana más y doy en Badajoz, reEl mozo me mira con extrañeza. Creo adivinar en su mirada una acusación de in- querido por un asunto profesional. Dos de la tarde. Restaurante de afectada elegancia. ferioridad, algo que. no me enaltece. En fin, Poco apetito. Desflorado apenas el cubierante el camarero aparezco como un paleto to, pido un poco de jamón. E l mozo acude de la tierra. Pedir queso manchego en un con una bandejita coquetona, conteniendo hotel de tanta importancia es de una ortres tajadillas laminadas de una substancia dinariez imperdonable. Y el sirviente resdescolorida. Era jamón de York. ponde desdeñoso: -Aquí no tenemos ese queso. ¡Bueno! -exclamé- ¿Yíqué se ha heSin ningún disimulo solté sobre la mesa cho del jamón de la tierra? ¿Es que ya no un. puñetazo de protesta, que, hizo desmohay, cerdos en Extrernadüra; ronarse uha ¿pirámide- de plátanos, y- uvas. Y- -Xo hay otro, señor. v Y a los cuatro amigos que me acompañaPuesto de pie, increpé al camarero, al ban les enderecé un discurso de oposición dueño del comedor y al público, que- acepcondenando la poca estima en que se tiene a taba sin reparos esta ofensa inconcebible a los productos nacionales. ¿Cómo ha de prosla producción n a c i o n a l É s t o es indigno, perar el sentimiento de nacionalidad en un caballeros. ¡Servir jamóh de York en un pueblo que; ofrece, al gastrónomo tres quealmuerzo extremeño! ¿Bará esto piden ussos extranjeros y casi se avergüenza de sertedes protección a la ganadería: ¡Dónde vir el castizo queso de Don Quijote, el están las suculentas lonjas s de caoba, esas más sabroso de todos los quesos? Tentado magras, apretadas y, aromáticas de las anestuve de no pagar la cuenta. cas porcinas extremeñas, nutridas con la Transcurrió una semana y mis andanzas sana bellota? ¡Tierra de conquistadores 1 me situaron en Santander. Había que ra ¡Cortés, Bizarro, Valdivia- ¿De qué os sirparse, y entré en una peluquería del Paseo. vió conquistar un mundo extraño, si ahora, E l bárberillo, solícito y amable, iba dejanes un extraño mundo el que conquista vuesdo el rostro más terso que una bombilla tra tierra con manjares exóticos, inferiores eléctrica. De pronto, fijé la mirada en la- a los productos de vuestros valientes enciparte superior del amplio espejo frontero nares? y leí este anuncio inverosímil: E l boquiabierto camarero interrumpió mi Pida usted sardinas noruegas. Son las lamentación presentando un papelifo en el mejores. que se contenía la cuenta. Tres duros. Los arrojé con fruición sobre el blanco platillo de loza, pensando, satisfecho, que entregaba tres fichas de casino, de las del sefor marqués de Cortina. Dieciocho reales, en total. RÁPIDOS CAMIONES, Así, mermando el numerario, pude vengarme de aquel atropello contra ei prestigio de nuestros jamones magníficos. Y meditando, acerca de la situación espiritual de nuestra amada España; tan neceNUEVOS. MODELOS sitada de estímulo para sentir. el nacionaH. ay piezas de repuesto. Gloríela de San Bernardo, 3. lismo industrial, pienso en lo n; ucho que elevado til público debe leer diariamente 1 hay que trabajar para despertar. ese regiones sentimiento, adormecido. has a efl nuestra sección de anuncios por clásicas, como la Mancha, que esconde su Montaña, palabras clasificados en secciones. queso; como lasus costas; que posterga la producción de como ExtremaEn ellos encontrará constantemen- dura, que desdeña el tesoro de sus carnes... E 0 N v te asuntos que pueden interesarle. DOCTOR A L B I T A N A
 // Cambio Nodo4-Sevilla