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humildes chozas de pescadores, la compañera de sus días, la esposa fiel y amantísima, pide clemencia para el ausente: ¡Señor, haz que vuelva; no permitas que la muerte le arrebate... ¡Señor... A l paso de ¡as embarcaciones el mar ríe sarcástico, irónico, traidor, agitando sus fauces voraces y absurdas en fantásticas cabriolas, que se quiebran sobre la afilada proa de los barcos al zarandearles bruscamente. Las ¡ras del temporal. Y a en alta mar el temporal arrecia y las olas pasan sobre cubierta sin obstáculo alguno, llesfando el agua hasta la cintura de los marineros, que para no caer o dejarse arrebatar por aquéllas han de asirse fuertemente. Para lograr calar la red, a veces, pasan horas y horas, Y lo más trágico, lo más desesperante es cuando al izarla sale hecha jirones sin una sola pieza. Hay que repasarla y volver a empezar de nuevo. Pero el tiempo pasa, y en tierra, el retraso de unas horas aumenta la impaciencia y la angustia de los corazones que no saben esperar... SELECCIONANDO EL PESCADO Cómo se practica la pesca. Elegido el caladero, o sea el lugar en que se ha de echar la red, se dispone ésta para la operación. E n cada extremo, para su fácil descenso, lleva unos trozos de madera reforzados con láminas de acero, quedando sujeta a bordo por dos grandes cables. Durante tres o cuatro horas continúa la embarcación su marcha, arrastrando por el suelo la red, que va recogiendo a su paso todos los peces que encuentra. Una vez terminada esta operación se iza la red, dejándola suspendida sobre cubierta uno o dos metros. A l abrirla, una verdadera catarata de pescados de todas clases se precipita sobre cubierta, invadiéndola totalmente. A continuación lo depositan en las bodegas, convenientemente clasificado y destripado, El regreso. Alegría y optimismo en los corazones de los fornidos marineros, que regresan a tierra con la satisfacción reflejada en sus rostros bien curtidos por el mar y con el ansia de pisar tierra nuevamente para estrechar entre sus fornidos brazos a los suyos. Un aficionado a la música arranca algunas notas a un viejo acordeón, mientras el resto de la tripulación, con sus voces bien templadas, ensaya un alalá: X a fún a Marín, Xa pasei o mar... REPASANDO L A R E D PARA E L DÍA SIGUIENTE ¡j Tierra! Vigo está al frente, con su típico barrio de! Berbés, esperando el regreso de sus heroicos marineros que a bordo de sus airosas embarcaciones conducen la riqueza que el mar quisiera guardar sólo para él. Y a han vuelto. Y a están aquí. U n día más que lian sabido burlar las acechanzas de ese mar traidor y misterioso que no perdona una sola vida a estos humildes marineros que saben cuándo salen de su casa, pero que ignoran cuándo tornarán a ella... Por eso yo he querido dedicarles desde la alta tribuna de A B C este humilde trabajo a los heroicos trabajadores del mar... L C O N D E D E R I V E R A UN PUESTO DE VENDEDORAS (Fotos Pacheco.