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lo l o que hay de personal, esa destreza en descubrirlo, que justifica u n tanto el temor de los hombres de ciertas razas a ver reproducida su imagen, esto es, a dejarse a r r e batar y exponer en público el secreto diferenciar de cada orno, M i g u e l del P i n o los tiene y los muestra aún más en sus retratos de adultos, y, sobre todo, en sus retratos femeninos. Y eso explica su prestigio en l a alta sociedad de París, como entre la bohem i a artística española. L o s camaradás de esta última, aunque lo imaginaban abrumado por los encargos y perplejo ante lo que hubiera de hacer con sus enormes ganancias, a l a postre acababan por dejarse captar por su arte tanto como por su sencillez y su simpatía. Porque lo de las ganancias fabulosas no era verdad, naturalmente. M i g u e l del P i n o trabajaba mucho, pero ten í a- -y supongo que tendrá muchos a ñ o s- -una despreocupación estudiantil del dinero. L o que le apasionaba era su arte. Nada de le ya hecho le satisfacía. N i n g u n a novedad profesional le era desconocida ni le despertaba esa hostilidad instintiva, que es el signo ineau voco de la vejez en los artistas. Y sin dejarse arrastrar por las exageraciones de l a moda de cada día, pinta de esa m a nera sintética, que es probablemente lo único aprovechable 3 e la técnica moderna, quiero decir sin esos retoques, sin esa enfadosa y falsa perfección académica, que parece materializar y, por tanto, privar de su espiritualidad a las figuras. L a simplicidad de su procedimiento, l a ligereza de su pincel, l a J U L I T A O R T I Z D E LA T O R R E Y C A R C E R M A D R I D I930. (FOTO M O R E N O) soltura y, simultáneamente, l a precisión con que inmoviliza el alma de sus personajes en el lienzo, no son obra de audacia, sino fruto de una elegancia temperamental y remate de una destreza adquirida en muchos años de aprendizaje laborioso. U n d í a m e propuso: -U s t e d a quien tanto interesan las cosas de M a r c e l Proust venga esta noche conmigo. L e voy a presentar a una dama que le trató mucho. i Quién es? -Madame Schaikewich, que fué hija política de Carolus D u r a n Así conocí a la exquisita mujer, confidente un día del gran escritor, de quien no ha mucho publicó una interesantísima serie de cartas inéditas. Y a l mismo tiempo a algunas de las espléndidas criaturas que habían posado para M i g u e l del F i n o A l salir, sorteando los automóviles de la gente que había acudido a la fiesta, caminamos un rato por d barrio de l a Estrella, a aquella hora casi desierto. ¿N o ha sentido usted la tentación- -le pregunté- puesto que se ve tan solicitado por este mundo fastuoso, de tomar alguna parte en la farsa? Quiero decir de poner un Mmtuoso estudio, como hacen otros compatriotas del mismo oficio, con tapices, y p a noplias, y cornucopias, y criados de calzón corto; afeo, en fin, como se imaginaba en tiempos de A l f o n s o Daudet para un pintor mundano? -N o ¿Para qué? N o es necesario. Y a ve SEÑORA ORTIZ DE LA TORRE. F O T O MOREN OJ LADY ABÜY. PARÍS,
 // Cambio Nodo4-Sevilla