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A B C. V I E R N E S ai D E N O V I E M B R E D E 1930. EDICIÓN. D E ANDALUCÍA. P A G 17. ENSEÑANZAS D E L EX- TRANJERO El respeto a los agentes de la autoridad, en Inglaterra Con motivo de los recientes sucesos, se han expuesto diversas opiniones respecto a las atribuciones de la fuerza pública, y se ha llegado a afirmar que, en ciertos casos y para evitar desgracias, la fuerza públka debe retirarse, dejando el campo libre a quienes deseen hacerse dueños de l a calle. También se ha dicho que la fuerza pública no debiera, en ningún caso, hacer uso de las armas de fuego, y, para casos extremos, debiera estar provista de un arma i n ofensiva, algo así como un sable de madera. Se ha alegado también que en Inglater r a los guardias policeman no llevan armas, y así nunca se da el caso de que puedan disparar contra la multitud. Habiendo residido diez años en Londres, podemos ratificar esta última afirmación. Los guardias en Londres no llevan armas porque no las necesitan. E l policeman representa la sociedad; es su fiel guardián; es la garantía del orden, del derecho y de l a libertad de todos, y, como tal, su persona es sagrada e inviolable. Jamás se ha dado el caso de que los guardias de Londres hayan sido apedreados. E n Londres ha habido, hay y habrá huelgas y manifestaciones, generalmente justificadas, y para un español resulta un espectáculo inverosímil el ver una manifestación de miles y miles de hombre sin trabajo, o de huelguistas, desfilando, por las calles de Londres guiados y dirigidos por una pareja de guardias sin armas. Ese espectáculo se da con bastante frecuencia, pero nunca se ha dado el caso de unos manifestantes que pretendiesen variar el itinerario que les había sido marcado, apedreando a los guardias para conseguirlo. i Qué poder sobrenatural poseen los guardias ingleses para hacerse respetar de tal manera, imponiéndose a las multitudes sin más armas que una porra de madera? N i n guno. N o poseen ningún poder sobrenatural. Son hombres ordinarios, y, ciertamente, no necesitan ser tan sufridos y pacientes como los guardias españoles. L o que les da su prestigio, su autoridad, es el hecho de que el menor ataque, a su persona es considerado como un ataque gravísimo, y quien les haga frente, en el caso más favorable, no se l i bra de algunos años de trabajos forzados. E n Londres, en 1912, presenciamos un caso que demuestra a qué extremos llega un pueblo democrático y liberal en defensa de la ley y del derecho. Tres o cuatro maleantes cometieron un atraco y, al huir, hicieron frente a los guardias. Se refugiaron en una casa deshabitada de Sidney Street, en el barrio de Houndstich, en la parta Este de Londres, donde se hicieron fuertes, disparando sobre los guardias enviados para detenerlos. E n vista de que no se entregaban, se recurrió a la artillería del Ejército. Dos cañones fueron convenientemente emplazados, y sus disparos redujeron bien pronto a escombros el improvisado fortín. E l Sr. Winston Churchil, ministro de la Guerra del Gobierno l i beral, dirigió personalmente las operaciones. L o s cadáveres, destrozados, de los que habían resistido a los guardias, fueron extraídos de las ruinas. E l hecho, como es de suponer, fué comentadísimo en toda Inglaterra. Durante mucho tiempo sólo se habló del Sidney Street Siege. Y no se oyó una sola voz que condenase el que nada menos que la Artillería y el m i nistro de la Guerra en persona se hubiesen puesto al servicio de los guardias. Cjsos como ese, naturalmente, son rarísimos. Bastantes años más tarde, en las postrimerías de la guerra, se registró otro, ü n L A VUELTA A L TRABAJO -Y A H O R A TINA R E F O R M I T A E N E L G A B I N E T E sinnfeiner (separatista irlandés) realizó una fechoría de carácter político, y, al huir, disparó sobre los guardias, hiriendo a alguno antes de ser detenido. Antes de que hubiese pasado una semana el infeliz había sido ejecutado, y eso que tenía, al menos, la excusa sentimental de que, acertada o equivocadamente, luchaba por l a independencia de su patria. Esto sucede en Inglaterra, el país más l i beral y democrático del mundo, el país que está gobernado por un Gobierno obrero. Y educados en ese ambiente de libertad y democracia, nos extraña grandemente el que en nuestro país, quienes blasonan de demócratas y liberales, pretendan que la fuerza pública, amparadora de las vidas y haciendas de todos, sean unos monigotes que sirvan de blanco en un pim, pam, pum callejero. A l fin y al cabo, los guardias son hombres, que tienen su alma en su almario. Pero, aunque fuesen ángeles bajados del cielo, no podría exigírseles que se dejen mansamente apedrear. -Eugenio Terol. de regreso de su excursión a dicha provincia, S. A el infante D. Jaime. De la estación, el augusto hijo de los Reyes se trasladó directamente a Palacio. E l regreso de la Reina y las i n fantas S. M la Reina y Sus Altezas las infantas doña Beatriz y doña Cristina llegarán seguramente a Madrid, de regreso de su viaje a Inglaterra, el próximo día 28. Con la Soberana y sus augustas hijas vendrá a España la marquesa de Carisbrooke, para pasar aquí una temporada. E l viaje lo efectuarán por Francia. E l viaje de S. M la Reina a Cádiz, de que se ha hablado recientemente en la Prensa, no está determinado aún. Desde luego, la Soberana tiene el propósito de ir a pasar unos días a la citada capital andaluza y visitar al infante D Juan en la Escuela Naval. L a hija del gran duque C i r i l o San Sebastián 20, 3 tarde. Las infantas doña Eulalia y doña Beatriz de Orleáns y la princesa Quira, hija del gran duque C i rilo de Rusia, visitan esta tarde el Centro de Cultura Femenina y el Círculo de San Ignacio. LA FAMILIA LA REAL Y CORTE E l infante d o n Jaime Madrid 20, 4 tarde. Esta mañana, a las ocho, en el correo de Valencia y acompañado de su profesor, teniente corone! de E s tado Mayor, Sr. Uzquiano, llegó a Madrid, Las prendas del R o p e r o de Santa Victoria Madrid 20, 4 tarde. Estos días han sido llevados a Palacio muchos paquetes de prendas del Ropero de Santa Victoria que han de figurar, como todos los años, en la E x p o s i ción de costumbre, para ser repartidas después a los pobres de M a d r i d ea