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ROMANZA ANACRÓNICA A Catina. ¡Ya llueve en la montaña... Con las primeras lluvias s. e han quedado en silencio los jardines... Las villas cerraron sus ventanas. No hay flores, ni sombrillas, ni jerseys amarillos, ni adolescentes rubias, ni mujeres morenas por el sol bronceadas, ni cluxons, ni raquetas. La vida se ha parado... Y entre las enramadas sólo un rumor de hojas conmueve las glorietas... En las glorietas, fríos, desnudos, olvidados, unos setos de boj, una estatua, una fuente, y el último paseo de algunos rezagados que completan el cuadro melancólicamente... Yo amo esta paz postrera en que, muerto el estío, de nuevo recupera la soledad su antiguo señorío. Me complace mirar los parques solitarios a través de las viejas cancelas oxidadas, con sus largos paseos de chopos centenarias, con sus líricas pérgolas y sus empalizadas... Todo parece entonces más sereno, más bello... Las lluvias han lavado el cristal del paisaje, y el agua, en las piscinas, lanza un vivo destello, como si un pavo real abriera su plumaje... Gusto de imaginarme, tras de cada cercado, una historia romántica o una tragedia obscura. ¡L a del buen caballero que murió asesinado! ¡La de la secuestrada que era mártir y pura! ¡A veces, un enfermo, tendido en una hamaca, a esperar del invierno la cura milagrosa, con la dulce mirada, sumisa v elegiaca, hacia una primavera quimérica y dudosa... 1 ¡A veces, en el claro de una limpia solana, como estatua yacente reclinada en su lecho, la impúber escultura de una Virgen cristiana, con las manos de niña plegadas sobre el pecho... ¡Honda melancolía del otoño... Las cosas tienen la descarnada verdad de lo inmudable. No hay suspiros de amor... No hay risas engañosas ¡Pero tampoco hav un misterio que no hable... ¡No vengas, no, Catina... Tu gracia desentona en el rincón de otoño que era de estío ayer...
 // Cambio Nodo4-Sevilla