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DOS ASPECTOS D E L A SALA D E HONOR U CASTILLOS DE FRANCIA. BLOIS el color y las tentaciones. ¡Qué admirable F r a n c i a! ¡Qué partido saca de todo y con qué acierto maravilloso especula sobre sus invenciones! Y sin embargo, también aquí ha habido santos. L a cristiandad ha tenido en este país campeones de elevada estatura espiritual, quizá menos heroicos que los nuestros en el sacrificio de los impulsos naturales, pero, por eso mismo, más humanos y, en m i sentir, más simpáticos. U n San F r a n cisco de Sales y un Bossuet, aunque no se mortificasen hasta perder de peso ayunando, no hicieron menos por l a causa de D i o s que esas beáticas que esperan congraciarse con el cielo vistiendo mal y privándose de los goces de su edad. H a y que adorar a Dios, pero sin menosprecio de las cosas bellas que ha creado en la tierra. A s í lo han entendido los franceses, y por eso prestan la misma atención a sus vinos, a su cocina y a sus trapos que a sus ideales. Y a hemos observado antes de ahora que la diferencia que hay entre l a Monarquía y la República está en que la una crea y la otra destruye. E s raro visitar uno de estos monumentos artísticos sin aue se nos diga en los libros que los describen que lo qu í tienen de ruinosos se debe al vandalismo revolucionario. E n el concierto político, en cuanto la batuta sale de la plebe, la orquesta se desmanda con el desorden de un terremoto. H e aqu un palacio que, como casi todos? us congéneres, empezó siendo fortaleza. Como el hombre ha sido igual en todas las épocas, ha cuidado de defenderse del prójimo, no tanto con el catecismo en la mano, aunque sea ese cristiano texto una exhortación a la mansedumbre, como con las armas. E l conde Tibaldo de Fullero, fundador de este castillo, no debía Confiar m u cho en la templanza de las costumbres, cuando vivía encerrado dentro de unos muros muy recios. E r a n tiempos de intranquilidad, en los cuales los derechos riel triunfador prescribían pronto. ¿Qué haría gran señor en los breves ocios de la paz i L o que casi todos: jugar con ventaja, cazar y poner céreo a las doncellas del contorno. E r a este un medio cómodo de asegurarse la fidelidad de los vasallos. E l castillo pasó a poder del duque C a r los de Orleáns allá por el año de 1440, y el nuevo propietario lo mejoró bastante, sin privarle de su carácter militar. Muerto el d u q u e prematuramente, no sabemos si de e n f e r m e d a d o de heridas ¿e guerra, su h i j o L u i s X I I tomó a empeño el ensanchar la finca y el embellecerla, y como ya por e n t o n c e s el r e n a c i miento italiano expandía sus g r a c i a s más allá de las fronteras, el joven L u i s no dejó de aprovecharlas con fines o r n a m e n t a l e s H i z o m á s r o d e ó el castillo de u n v a s t o jardín y construyó una capilla, pues aquellos grandes señores, que abusaban de su poder en l a tierra, no perdían de vista el cielo. Pero vino más tarde F r a n c i s c o I, recién casado con Claudia de Francia, que era una O r l e á n s y más pe- NO de los secretos de la superioridad francesa en el mundo es el haber aprendido pronto el arte de v i v i r T a l arte no se reduce a l a mera sociabilidad, en la que este pueblo ha sido el maestro de Europa. L o comprende todo: desde la cocina a la filosofía. S i E p i c u r o resucitase, es probable que, a seguir las tendencias de su espíritu, se naturalizase aquí. N o todos los franceses tienen fe en el ciel o pero todos creen que l a tierra puede ser un lugar delicioso para el que sepa admir i s t r a r el placer. Nosotros somos más idealistas, y los italianos, más artistas; pero el francés nos gana a todos en l a apreciación de lo real. E s el pueblo más sibarita- e inteligente que conozco. E l sibaritismo no es una depravación, como suponen algunos cretinos; es una virtud temporal que, si no ayuda a la conquista del cielo, contribuye a enseñarnos lo que vale l a tierra. ¿P o r qué viene la gente a divertirse a F r a n c i a? ¿F o r qué los desterrados de todo? los países y de todas las ideas se refugian en P a r t s? Porque en ninguna parte transcurre la existencia más amablemente que aquí. Este privilegio de F r a n c i a de atraer a todos los extraños es l a r e c o m pensa que otorga el destino a las empresas más humanas de! a inteligencia. E l sentido pagano podrá haber tenido sus precursores en R o m a pero donde se ha impuesto de veras ha sido en F r a n c i a D e l paganismo griego no se hable, parque es un supuesto sin base histórica. L o s griegos, fuera de la religión, no fueron pacanos nunca, p u e s vivían con una sobriedad que parecería exagerada al proletariado de nuestro tiempo. E n cuanto a nosotros, lo hemos t e n i d o t o d o caudillos, poetas, conq u i s t a dores, santos; todo menos artistas de la v i d a que es una materia más difícil de dominar que la rima. FACHADA IXTERTOK T KL CASTILLO
 // Cambio Nodo4-Sevilla