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AB AfíXE? 25. D E- N O V I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANÜALUCIA. PÁ G. n que plin que cos sar el público siente predilección por Chay no que prefiere las cintas mudas, aunhaya costosos esfuerzos cinematográfique puedan llegar a ser populares a pede carecer de sonido. El barrio peligroso M a r t h a SJeeper- Warner Baxter LOS E S T R E N O S D E L A SEMANA EN SEVILLA i Alta sociedad Janet G a y n o r- C h a r l e s F a r r e l l L a F o x sonoriza en esta película, que está muy bien de fotografía, un argumento ameno y candido, del estilo americano, que tanto priva hoy, desenlazado en la felicidad -vencidos los consabidos obstáculos que se oponen al previo matrimonio- -de dos j ó venes que se quieren de un modo horroroso. L o ilógico del asunto y sus arbitrarias escenas signiíkan poco- -el público tiene manga ancha- y del estupor que producen es paliativo la musiquilla sencilla y melódica, que, en ocasiones, hace olvidar lo que se aburre uno viendo todo aquello. Bien interpretada lo está Alta sociedad; eso sí. L a ha pasado la pantalla del L l o 1 réns. E l gastado tema de Chicago y sus bandidos. Las luchas de bandas rivales, que dirimen sus contiendas en plena calle, con todo el aparato teatral de sus ametralladoras v autos blindados, se ha librado esta vez de la monotonía del conocido escenario, por la habilidad de Ralph Ince para comunicar a El barrio peligroso, cinta estrenada en los cines Ideal y Goya, un discreto tono humorístico que, sin borrar el dramatismo de algunas escenas, consigue la novedad precisa para dar interés a un folletín situado en un ambiente tan explotado por los productores norteamericanos. Discreta la película, y discretos sus intérpretes, entre los que destaca su actuación Spec O Donnell, el gracioso chico de las pecas, especializado en la incorporación de muchachos judíos. -A. B. C U L T U R A D E CINE Interpretaciones Hay inventos que por su apariencia tras cendente y por la manera impresionante con que vencen las leyes naturales más difíciles, parecen llamados a rendir a la H u manidad enormes servicios; pero después quedan relegados a un orden subalterno. Tal, por ejemplo, la navegación submarina, esa maravillosa creación de la Cienciaj que sólo sirve para aumentar las complicaciones del arte de guerrear. E n cambio, hay otros inventos que nacen con la modesta apariencia de no ser m á s que un capricho, tma amenidad o un juguete, y resultan, sin, em- bargo, una poderosa máquina de civilización. Este es el caso del cinematógrafo. E l cinematógrafo no puede decirse que haya hecho a los hombres ni más ricos ni mejores; pero ha servido para que, se conozcan m á s los unos a los otros, lo que supone un considerable progreso en el camino de la unidad humana. Como jugando, sin pretensión pedagógica alguna, y sin exigir siquiera que se le asigne mucha importancia, el cinematógrafo ha llevado a- los últimos rincones del mundo y a todas las capas de la sociedad la cultura más práctica y m á s difícil de e n s e ñ a r el conocimiento directo de las costumbres, los ademanes y los modos de vida de. todos los países del mundo. Según esto, cabría intentar una diferenciación de orden cultural a través del cinematógrafo. E s decir, medir la. enorme distancia que separa a la inteligencia popular de antes y de después d e l cinematógrafo. i Cómo veían las gentes el mundo hace treinta o cuarenta a ñ o s? D e qué les aprovechaban las lecciones de. Geografía aprendidas en el colegio o las narraciones leídas en los libros? Sin contar la espesa y grandiosa masa del vulgo que ni aprendía Geografía ni miraba un libro. Mientras que ahora, toda esa masa espectacular, sin m á s que sentarse en un salón cómodo, puede asistir a los consecutivos desfiles de todos los panoramas imaginables, de todos los paisajes raros o magníficos que hay en la tierra, de todos. los centros de civilización que decoran los continentes, y puede, sobre todo, presenciar, o como quien dice vivir, la. vida de los, pueblos más remotos, grandes, inteligentes y progresivos. De modo que el cinematógrafo ha hecho que el vulgo sea hoy menos vulgo que antes, menos aldeano y asombradizo que antes. 1 Galas de la Paramount P o r los principales artistas d e la C a s a Charlot visto por Cebrián. set mientras las cámaras siguen funcionando. E n seguida vuelve y pide a uno de sus segundos que le quite los guantes de boxeo y, hecho esto, abandona de nuevo el set, dejando así a la imaginación del espectador el adivinar la razón de haberse quitado los guantes. U n a de las situaciones m á s graciosas de este film es aquella en que el pequeño atorrante, que no piensa siquiera que habrá de ser llamado a disputar un prize ring, pasea a orillas del Támesis, murmurando de su mala estrella. D e repente surge de una calle vecina un borrachín de mal aspecto, arrastrando una cuerda que tiene en uno de sus extremos un nudo corredizo y en el otro una piedra. E s evidente que se propone poner fin a sus días, y así se lo anuncia, en efecto, al pequeño atorrante, tras de espiarle durante un rato. Charlie trata de disuadirle y le insta a cobrar ánimos y a ser un verdadero hombre. Y al decir esto, saca el t ó r a x un t ó r a x que parece mucho más exiguo que lo que pareda cuando el comedianté llevaba abotonado su saco característico. E l borracho se convence de que, después de todo, vale bien la pena de vivir la vida, y sigue charlando con Chaplin. Pero poco después cambia de opinión otra vez y decide que el suicidio le es necesario. E n consecuencia, se ajusta el nudo corredizo, que inadvertidamente abraza, no solamente su cuello, sino también el del pequeño atorranté. A l agacharse para levantar la piedra, el suicida liberta su propio pescuezo de la cuerda. Y cuando la piedra se hunde, arrastra consigo al infortunado Charlot. M í s t e r H a l l habló luego con Chaplin, quien le dijo que esperaba terminar el trabajo fotográfico de Luces de la ciudad, en tres semanas, lo cual significaba que la película estaría en condiciones de pasarse en ¡Nueva Y o r k el invierno próximo. L o s productores se muestran aquí tan vacilantes, que se sentirán impulsados a hacer cuando menos una película muda si la comedia de Carlitas logra buen éxito. Pero en realidad la acogida que se dispense a Liices de la ciudad demostrará únicamente L a costumbre adoptada por diversas marcas cinematográficas de reunir en una película- -a modo de revista o magasine- -a sus principales actores, para que cada uno lleva a cabo alguna cosita de su especialidad, ha tenido nuevo ejemplo en Galas de la Paramount, donde están muy agradablemente aprovechados, no ya los elementos clásicos del séptimo arte, sino las nuevas calidades que ha traído la sonoridad. Ramón Pereda y Barry Norton dirigen los principales números, algunos realizados por artistas de habla española, recientemente contratado por aquella Casa editora. Se trata en estas Galas de una exposición de cuadros aislados, sin el nexo de un argumento o intriga, lo cual es una ventaja muy grande, porque en materia de argumento ya sabemos lo que el cine viene dando de sí. E n algunos pasajes, el tecnicolor está muy bien logrado, y la partitura, aunque ligera, es agradable e inspirada, estando los conjuntos, sobre todo en el cuadro final, muy diestramente manejados. Nancy Carrol y Chevalier intervienen con singular acierto, y entre nuestras compatriotas, dejan muy bien puesto el pabellón la Argentinita, Rosita Moreno v E r nesto Vilches. Galas de la Paramount ha alcanzado un gran éxito en el P a t h é Cinema, ESTRENOS E N MADRID Radiomanía) Sran L a u r e l- O l i v e r H a r d y Los dos grandes caricatos, payasos auténticos de circo, compiten aquí, como en tantas películas anteriores, en l a habilidad de hacer toda clase de ejercicios funambulescos y de tonterías libres. Con una ventaja: que hablan, o balbucean, en castellano, en un castellano circense, que dá más relieve a su gracia natural. E l espectáculo es muy divertido. Pocas palabras y muchas muecas. Casi ningún elemento puramente cinematográfico, pero una h i l a r i dad, general y bastante bien provocada. E s una película. muda, a la que se han añadido ocurrencias en castellano, cuyo chiste, m á s que en la ocurrencia, está en la bizarra prosodia de los dos grandes clowns. Tuvo un buen éxito. -C. E l país que mejor se ha dado a conocer por intermedio del cinematógrafo es Norteamérica, acaparando la producción casi total de l a industria cinematográfica, ha con-
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