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ESTRENOS EN MADRID obra no sea enteramente visible de una vez. E l crítico, desconfiando de sus medios de observación, no se atreve a formular conclusiones sin condicionarlas. Es cauteloso. Pero ser cauteloso no nos incapacita para la malevolencia. ¿De qué se queja T r i s t á n Bernard? Y o no recuerdo de escritor m á s mimado que el ilustre humorista. L o que puede haberle ocurrido no es que se le haya desconsiderado, sino que en tal o cual oca- sión el nivel de los elogios a su obra haya descendido un poco. T r i s t á n Bernard no sabe lo que es verse maltratado en letra, impresa, porque no escribe en español. ¡Y a le quisiera yo ver en cualquier país de nuestro idioma! Esa diferencia de procedimiento tiene dos causas: la primeera- está en la actitud relativista del crítico, que le veda caer en las temeridades de la definición. Aquí no se dice, como en España, que una obra es buena o mala. Se insinúa lo uno y lo otro con mil circunloquios. L a otra causa p r o cede de ia densidad del mercado. E n un país. que produce mucho, el crítico no necesita ensañarse con un solo autor para sentirse aliviado. Puede distribuir su mal humor entre varios. E s la manera de contraer muchas antipatías, sin provocar ningún odio. H a y en la carta abierta de T r i s t á n B e r nard a Mauricio M a r t í n du Gord, una afirmación, que parecerá discutible a todo el que no sea muy inteligente. L a categoría de una obra dramática se revela en el diálogo Nótese que se dice la categoría. E l interés, que es otra cosa, puede estar, por entero, en ía intriga. E 1 diálogo? U n escritor que no se: dé en el diálogo es incapaz de internarse- en la sensibilidad ajena. Nos descubrimos por el gesto y por la palabra. N o saber leer en una fisonomía ni penetrar en una frase es confesarse impotente para escribir novelas o dramas. E l diálogo de una comedia de Eenavente o de Donnay es una maravilla. Para conquistarnos, para subyugarnos no necesita el centelleo del ingenio; basta con que la palabra refleje la temperatura del espíritu. E l de T r i s t á n Bernard siendo quizá más divertido, es menos humano. L a palabra conserva demasiado la huella del ingenio del dramaturgo. L o importante de T r i s tán Bernard, sin embargo, no es su donaire intelectual, sino su filosofía. E l Homo res sacra homini de los estoicos adquiere en la obra del ilustre humorista un contenido d e piedad burlona que lo coloca, a mi j u i cio, por encima de Moliere. Los personajes de T r i s t á n Bernard, prisioneros de sus pro: pias incoherencias, no se quejan nunca ni i n vocan la ayuda de tina providencia que ya nb puede nada sobre nuestros menudos problemas personales, porque los ha subordina éo sabiamente al ritmo moral del mundo. Pero tampoco se desesperan. Confían en lo desconocido, que viene a ser tal vez eJ modo m á s humilde de requerir el auxilio divino. ÍY al final se salvrn siempre; el empresario medio en quiebra, porque encuentra el cabal. p blanco ya ensillado; el marido, que no dormía, -atormentado por inquietudes conyugales, porque encuentra en los labios amados ia mentira que tranquiliza; el financiero, que malversó capitales ajenos, porque ve subjr, inopinadamente, en la Bolsa, un papel que él creía de estraza; la mujer, que ha disparado sobre el marido, enviándolo P é r e L a 1 chaise, porque encuentra en la inconsciencia- del Jurado un veredicto indulgente. E l optimismo de T r i s t á n Bernard no consiente que ninguna ilusión se malogre. Se explica, pues, que a este hombre, nacido para servir de modelo a una providencia que no acaba de aparecer, le enojen los reparos de la crítica. Y o no le pondría ninguno. E l artista que se entretiene en depositar un regalo en nuestro balcón, no una sola vez en p año como los Reyes Magos, sino cinco Tres obras importantes, y de éxito lisonjero, se han estrenado en la pasada o seis, cumple una misión segrada: la de semana en los teatros de Madrid. En la Avenida, los Sres. Neyra y Xhnénes hacernos creer qiie todos nuestros conflictos de Sandoval obtuvieron un triunfo halagüeño con su comedia Orestes I Ho- tienen solución. norio Maura ha estrenado en el Cómico M e lo daba e l c o r a z ó n y los Sres. Paso y Borras, E l tonto m á s tonto de tocios los tontos, en la Zarzuela. MANUEL B U E N O P a r í s noviembre, 1920. (Fotos Alfonso.