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(VE A D M O N L O C A L Numero de plazas ilimitado. Instancias hasta 28 febrero 1931. E x á m e n e s en 1 mayo del mismo. Contestaciones, p r e p a r a c i ó n y circular con detalles, que se regala, en INSTITUTO R E U S Preciados, 23; Puerta del Sol, 13, y Mayor, 1, Madrid. OPOSICIONES E n el presente a ñ o h a b r á convocatoria para segunda y tercera c a t e g o r í a No se exige titulo. E d a d desde I03 v e i n t i t r é s a ñ o s Para ei programa, nuevas contestaciones y p r e p a r a c i ó n en las clases o por correo, para primera, segunda y tercera c a t e g o r í a en turnos independientes, d i r í j a n s e al antiguo y acreditado I N S T I T U T O R E T Í S P R E C I A D O S 23; P U E R T A D E L S O L 13, y M A Y O R 1, M A D R I D E n las tres oposiciones celebradas de primera y- segunda c a t e g o r í a obtuvimos en las tres el n ú m e r o 1 y 479 plazas, cuyos retratos y nombres se publican en la circular que regalamos. Tenemos internado. P r e p a r a c i ó n para la p r ó x i m a o p o s i c i ó n P r o g r a m a y Contestaciones en el antiguo y acreditado I N S T I T U T O R E U S P R E C I A D O S 23; P U E R T A D E L S O L 13, y M A Y O R 1, M A D R I D plazas, cuyos n ú m e r o s y nombres se publican en el prospecto que regalamos. Tenemos internado. con el Banco Hipotecario de E s p a ñ a G e s t i ó n rápida y eficaz. E del Rio, Avenida Dato. 6, Madrid. CAZADORES A SECRETARIOS DE AYUUTAÜiENTO Ultima o p o s i c i ó n obtuvimos 27 M Sur de Inyf aterra Se a d m i t i r í a n h u é s p e d e s en hermosa villa frente al mar. Lugar ideal para estudiantes, por su quietud. Se e n s e ñ a i n g l é s si se d e s ea. I n f o r m a r á n SN, Apart. 911, Madrid. PRESTAMOS una nueva caía de cartón para embalajes (patente n ú m e r o 5.255) q u í m i c o s A n á l i s i s Industrias. INST A L A C I ON COMPLETA. MATERIAL Y Escopetas garantizadas, desde 15 pesetas a l mes. 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RODRIG- UEZ- SOLIS JJOS G U E R R I L L E R O S D E i8o S u Por las ventanas de la sala mortuoria, completa mente abiertas, las flores del jardín enviaban a su ¡hermana María sus más delicados perfumes. La luna, oculta hasta entonces por una espesa nube, apareció espléndida en el horizonte e iluminó con sus plateados rayos la blanca frente de la hermosa niña. E l caudaloso Ebro pasaba murmurando por delante del cadáver de la pobre María, a veces silencioso y a veces alborotado. ¿Qué ocurría en su proifundo seno? ¿Lloraba o maldecía? ¿Saludaba a Mafia o juraba vengarla? ¡Quién lo sabe! Los pájaros, que tantas veces habían arrullado a María con sus dulces trinos y recogido la comida de sus manos, entraban en la sala y picoteaban las ¡blancas manos de la niña, buscando, sin duda, en ellas el acostumbrado festín. ¿Dónde estaba el infortunado padre? ¿Dónde? Cumpliendo sus deberes para con la Patria, luchando como bueno al lado de sus hermanos. ¿Por qué no venía? 1 Pluguiera: al cielo que no hubiese de venir jamás... Por mucho que tarde aún llegará sobrado temprano para conocer su inmensa desdicha. Un secreto presentimiento, un dolor inexplicable, jiña fuerza incomprensible le atrajo a su casa. Cuando a lo lejos contempló la sala baja ilurninada, sintió un escalofrío que, naciendo en la raíz de sus cabellos, se extendió por todo su ser. ¿Qué significaban aquellas luces, cuando los franceses eran dueños de Tudela y cuando lo racional era ocultar de su vista las casas, las haciendas y las personas? Fornabar ordenó a uno de los mozos que se adelantase y averiguase la causa de aquella extraña iluminación. E l mozo echó a correr, llegó a la casa, yió el ¡cuerpo de María velado por el viejo Pedro y retrocedió espantado, sin saber qué decir a su amo. Al notar la palidez, la agitación y las lágrimas del criado, se lanzó Fornabar a la casa y penetró en ella como un loco. Renunciamos a. describir la escena que allí ocurrió, porque nos sería imposible. Fornabar levantó sn sus brazos el cuerpo de María, le colocó en sus rodillas, le cubrió de besos, cual si con ellos quisiera volverle a la vida; le estrechó en sus brazos y le llenó de caricias. ¿Quién convencía a aquel padre infeliz de su tremenda desdicha? ¿Quién se atrevía a decirle que la hija de su alma estaba muerta? Nadie. En aquella lúgubre estancia todos lloraban, mezclándose a los ayes del padre los suspiros de los criados, las gotas que se desprendían de las hachas y que semejaban lágrimas, la tristeza de las flores, que inclinaban mustias sus corolas, y el sordo murmullo del río. De pronto, Fornabar, presa de una agitación vivísima, habiendo llegado a ese punto en que la razón y la locura se tocan y casi se confunden, con los ojos secos y fijos en el rostro de María. cayó al suelo desplomado. ¿Cuánto tiempo tardó en volver? Tamas lo pudo decir. A la madrugada, Pedro, ayudado de los demás criados, cavó en el jardín una fosa para María, rodeándola de tiestos con las más hermosas flores. Al volver en sí de su letargo, Fornabar, luego de abrazar a Pedro y a los mozos de su casa, vnica ¡familia que le quedaba, juró vengar a su hija idolatrada, y todos le ofrecieron ayudarle en tan noble empresa. Apenas se supo la inmensa desgracia ocurrida a Fornabar, cuando de todas partes se le presentaron hombres, jóvenes y viejos, para engrosar su guerrilla. Todos los mozos de la ribera, todos los montañeses del Cierzo, de la Torre de Monreal y de San Medán, unos con la escopeta del viejo sistema, otros con el trabuco, quién con una hoz, quién con un chuzo, vinieron a su encuentro, y sobre la tumba de María juraron pasar a degüello cuantos franceses cayeran bajo su mano. Al frente de los mozos de su casa y de aquellos leales amigos, convertidos de labradores en guerrilleros, y llevando siempre en la mente y en el corazón la imagen de su hija, fué bien pronto Fornabar el terror de los franceses, a los que no perdonaba ni concedía cuartel. Sólo después de una sangrienta lucha, en que hizo
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