Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA TI -RTULIA D I A R I A D E MUÑOZ SL CA E N U N C A F E D E L A G R A N V I A ción, articulo o pronombre; un por un l a un l e un l o s esas voces modestas que, validas de su insignificancia, j u guetean traviesas y se enredan en la sintaxis, calificadas por Benot de duendes del lenguaje, espíritus filológicos que tan poca cosa deben inquietar a la maestría del i n genioso autor de El sinvergüenza en Palacio. Realmente, una palabra cada quince segundos no es mucho escribir. Tiene razón el autor de La tela. Pedro Muñoz Seca, el eufórico escritor del enhiesto bigote, cuyas afiladas puntas avanzan por el espacio como antenas que captaron una eterna sonrisa en una onda de optimismo, se levanta a las nueve menos cuarto de la mañana. ¿Qué hace tan temprano? -M e dispongo para ir a la oficina, en la que entro a las diez. Porque el autor de La venganza de don Mendo trabaja- -dígase una vez más- -en l a Comisaría de Seguros, donde es las s i guientes cosas: jefe de Administración de primera clase, jefe del personal y ¡vocal del Tribunal arbitral del seguro ferroviario obligatorio! Estos cargos, que debieran ser incompatibles con el espíritu del escritor jocundo y hombre simpático, son, aunque no lo parezca, desempeñados con entusiasmo por el trabajador infatigable. -E s t o y ligado a esta labor por los lazos fraternales de mis compañeros- -dice el autor de La barba de Carrillo- cuando i n tento pedir la excedencia, se reúnen todos y se oponen a que me sea concedida. -S e r á n sus primeros admiradores. -S e g ú n- -d i c e el subinspector general de Seguros, L) Rodrigo de Espinóla, que asiste al acoso de la nota i n f o r m a t i v a- cuando ha tenido un éxito la noche anterior no viene a la oficina; pero cuando ha fracasado y se presenta, a las diez, tan tranquilo, an- tes de que acuda, como tiene por costumbre, a despachar con el inspector general, señor Aragón, caemos sobre él todos los compañeros y le ponemos verde. -P a r a mí no existe el consuelo al fracasado- -dice el autor de Albi- Melén- las frases alentadoras T e n g a usted paciencia O t r a vez será E l público no ha entendido la comedia que se suelen pronunciar en estos casos, aquí están substituidas por ¡Q u é barbaridad! ¿P e r o cómo ha escrito usted esa estupidez? ¿N o le da a usted vergüenza? y otras que definen este ambiente de fraternidad y camaradería que me une para siempre a la Comisaría de Seguros. Resolviendo cuestiones de. asuntos generales, atendiendo a consultas que no están perfectamente definidas, tratando de ahorros de seguros del campo y excluyendo en absoluto su profesión de autor, permanece Muñoz Seca en la oficina hasta las dos menos quince minutos, hora en que se dirige a su domicilio. Pero antes de seguir conviene incorporar al relieve un personaje importantísimo en la vida del fecundo autor de El voto de Santiago. E s este personaje D. A n t o n i o Jiménez, funcionario de la Comisaría de Seguros que, desde e año 1909, copia a máquina todas las comedias que escribe Muñoz Seca. ¿límite usted juicios acerca de ellas cuando las está copiando? -preguntamos al Sr. Jiménez. -C a s i siempre, y casi siempre me equivoco. E s dificilísimo acertar. -C u a n d o copió La raya negra- -dice M u ñoz Seca- -me auguró un éxito definitivo. De tal manera estaba entusiasmado con la comedia, i e después de copiarla me la pidió para leerla nuevamente. E l resultado de aquella producción ya sabe usted cuál fué: uno de los fracasos más grandes que he tenido en m i carrera teatral. E l autor de El porgue de Sevilla come a las dos y seguidamente se traslada a un café de la Gran Vía, donde tiene su tertulia diaria. ¿También incondicionales? ¡QuiáJ orno en la oficina, como en mi casa. Cuando he tenido un fracaso me acometen, me insultan... Pero aquí hay una agravante: que entre mis agresores suele estar m i colaborador Pérez Fernández, que a veces es autor también de la obra que se critica. A l coro de dicterios añade su censura: S í hombre, sí; ya te decía yo que eso era un tontería. Y eso ¿sobe usted? es una comedia en la que él ha puesto por lo menos la mitad. ¿Prefiere esta tertulia del café a las reuniones de los casinos? -S í por las facilidades que doy a los que quieren verme, especialmente a los sablistas. 1 Qué necesidad hay de que regañe con un portero el hombre que busca un duro? Algunos ya ni entran a la tertulia, me ven desde la acera, señalan con los dedos la cantidad que desean, yo hago una leve inclinación de cabeza y a la salida tienen su dinero. Hace pocos días me abordó un operador M e da usted tres duros? di ¡o, M i tarifa son tres pesetas repuse. D a usted poco. -Quizá; pero ¿cuál es el más f á c i l? ¡A h eso é U s ted. ¡E n t o n c e s! A las tres y treinta o tres y cuarenta y cinco el autor de ¡Usted es Oriiz! abandona la tertulia y se encamina a su domicilio, en el caso de que no tenga ninguna obra en ensayo. S i es así permanece ensayando hasta las seis de la tarde, y a esa hora regresa a su casa; pero, de no tener próximo ningún estreno, Muñoz Seca empieza a trabajar a las cuatro de la tarde y trabajando está hasta las ocho de la noche. Y en esas cuatro horas... -E n esas cuatro horas sale a luz toda mi producción, que, como le digo, no pasa de seis cuartillas diarias, cantidad suficien;