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A B C. D O M I N G O 30 D E N O V I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 5 DE ECOS SOCIEDAD DIVERSOS Diálogo sin importancia Voz desde detrás de la puerta. Se puede... El señor (en su despacho) ¿Quién vendrá a importunarme a estas horas? Tengo dadas órdenes de que por la mañana no recibo a nadie. Vos desde detrás de la puerta. -Abre, papá. N o puedo entrar. Está corrido el pestillo. El señor (que se levanta a abrir) ¡A h es mi hija... Debo echarme a temblar. Después de su propia madre es la persona que más temo. La hija. -Buenos días, padre. Bien te recluyes en tu fortaleza. Te doy m i frente a besar; pero no te beso. Acabo de pintarme y te pudiera manchar. El padre. ¡Bah, qué importa! ¡S i no fuera más... N o es al rojo de los labios a lo que yo temo. La hija. -Lo sé y te prometo el secreto. Precisamente mamá no se pinta. El padre. ¡Niña. ¿Qué estás ahí aventurando sin más n i más... La hija. -No aventuro nada, padre mío. N o te alarmes. Vengo... El padre. -Ahora es cuando me alarmo. ¿Dinero, no... ¿Cuánto... La hija. -Precisamente dinero, no. A l g o que se le parece, sin embargo. Reconozco que de continuo te estoy dando sablazos, a pesar de la mensualidad que me entregas. Vengo, pues, a proponerte un pacto, que me compromete a no emplear ya nunca esta esgrima que tanto te disgusta. El padre. -Veamos... La hija. -Duplica m i mensualidad. tl padre. -Pero, hija mía; te entrego to- dos los meses doscientas pesetas. M e parece que para una muchacha de veinte años es más que suficiente. A mí, hombre, a tu edad, nunca me permitieron disponer de tales cantidades. La hija. -Eran otros tiempos, en que el dinero tenía más valor. Además, tus padres eran pobres y el mío poderoso. El padre. -A fuerza de su trabajo. La hija. -De lo que yo estoy orgullosísima, palabra. El padre. -Pero, chiquilla: ¿tú tienes noción de lo que vale el dinero... La hija. -Porque la tengo es por lo que vengo a decirte que el que me das es insuficiente para mis gastos personales. E l que por lo visto no tiene esa noción eres tú. El padre. -Vamos por parte: ¿qué gastos puede tener una muchacha? En casa se te paga todo: las modistas, las sombrereras, el zapatero. Dispones de un coche para tu uso particular. Las fiestas de caridad, los abonos benéficos, corren de cuenta de la casa. Y encima se te entregan cuarenta duritos todos los meses. ¿Qué gastos extraordinarios puedes tú tener? Reconoce que no eres razonable. La hija. ¿Tú sabes lo que cuesta un cock- tail, papá... ¿Sabes lo que vale un paquete de cigarrillos turcos... Sí que lo sabes, porque de ambas cosas has pagado unas cuantas en el bar de tu Círculo, y no. para tu uso particular, precisamente. El padre. ¡Niña... ¡Niña... Vuelvo a advertirte que te excedes. La hija. -Papá, estamos aquí los dos solos y en plena confianza; sabes que no voy a delatarte y que conozco y comprendo la vida moderna. Porque la conozco es por lo que me permito ponerte ejemplos. ¡Qué culpa tengo yo de que la moda sea como es... T u hija sorbe un par de cock- taüs al día y apura hasta una veintena de cigarrillos, porque todas las otras de su misma clase y condición lo hacen también. Y paga, por añadidura, porque no le es grato dejarse convidar. P o r esto, al menos, espero que no me recriminarás. El padre. -No, por eso, no. La hija. -Pues, entonces, echa tú un poquito mis cuentas, ya que eres gran matemático. Dos cock- taüs diarios, con propina, un duro; una cajetilla de cigarrillos cada mañana, seis pesetas. E n este primer renglón nada más tu hija gasta 330 pesetas mensuales. T ú me dirás si el exceso de 70 más que te pido es una cosa extraordinaria. El padre. -Pero, ¿y tu salud, hija mía... ¿N o incurriré yo en un delito inmoral al autorizar a una chiquilla para que beba y fume de esa suerte? La hija. -Vamos, papá, que no viviendo en los tiempos de Mari- Castaña demasiado sabes, por experiencia propia, que la nicotina y el alcohol, en pequeñas dosis, son venenos muy lentos. E n tu mismo Club... El padre. -Dejemos mi Club... La hija. ...concurren al bar muchachas hasta más jóvenes que yo... El padre. -Te daré cuatrocientas mensuales, pero si te callas. La hija. -Para siempre. Y ahora sí que te beso, papaíto de mi alma. A s í toma, toma... N o te retires... L o del rojo de mis labios era una broma... Vengo de la cama, adonde me vuelvo ahora mismo, y no me había pintado todavía... -Gil de Escalante. De la Coruña y Madrid llegó anoche en el rápido la señora de Quiroga Pardo B a zán, hermana de los marqueses de Cavalcanti. H a sido pedida la mano de la bella señorita Enriqueta Ferrari Salas para D E n r i que Bermúdez Nogueras. L a boda se celebrará en breve. ¿Qué c 5 mejor p o r a el edtciftaqo 9 Si padecimiento tiene come útntcmaX dolor, aciden que ¿e curará o cm D E L DR VICENTE
 // Cambio Nodo4-Sevilla