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A B C. M A R T E S 5 D E D I C I E M B R E D E 1936. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 18. ni ironía. Como sucede respecto de sus compañeros. Mas ei Sr. Sbert es un hombre público, de esa especie de contratistas de la tranquilidad de que alguna vez habló D A n tonio Maura, o como aquellos antiguos caudillos de los partidos obreros que no habían trabajado en su vida, en su vida, n i se decidían, jamas a hacerlo, sino en los menesteres de su jefatura. N i a ellos n i a nadie puede negar el Estado su justicia. Pero tratar de amansarlos con lisonjas y favores, onerosos en poco o en mucho para los que sostenemos las cargas públicas, es como ceder a una especie de intimidación que a muchos millones de ciudadanos nos parece humillante. Y será prudente que sus amigos se. habitúen a la idea de que no es indiscutible. L o menos que está obligado a admitir el que- -sin carrera, oposición, concurso n i otro fundamento que el arbitrio ministerial- -recibe dinero de la nación para gastarlo primero y justificarlo después, es que juzguen la oportunidad y. la conveniencia de la donación quienes, en fin de cuentas, la paguen. -Juan Pujol. den. Comenzó diciendo que este tema es 1 muy antiguo y desaparecido. Los que ha- J blan de la Religión, de la familia y de l a l Monarquía, tienen el agradecimiento y la estimación de los altos dignatarios de la Iglesia, de la mujer y de la Realeza; pero al hablar del orden, sólo esperan aplausos de la Guardia civil y de Seguridad. D i j o que es necesario se agrupen los amantes del orden, porque no ha de tardar en llegar un día en que serán insuficientes las fuerzas de los Gobiernos. H i z o un recorrido histórico y elocuentísimo de nuestra Historia, estableciendo como símbolo las figuras de D o n Quijote y Sancho. E n los siglos de la Reconquista, en Flandes, en Italia y en la conquista de América, marchaba delante D o n Quijote, seguido de Sancho, haciendo innumerables proezas. Pero, desde hace dos siglos, D o n Quijote, cansado, dejó su puesto a Sancho, para que éste llevase el mando, y desde entonces se marca nuestra decadencia. Don Quijote gobernó en nombre del cielo ¡S a n cho, en nombre, de la tierra. L a Monarquía católica quiso convertirse en territorial, y ello fué l a causa del derrumbamiento del Imperio español, esta fué la ruinosa hazaña de Sancho. Seguidamente, Sancho quiso hacerlo todo en nombre de la democracia y de l a libertad, y en tono humorístico dijo que cáncer y liberal significan lo mismo, ya- que uno corrompe el cuerpo individual y el otro el cuerpo social. E n un párrafo muy inspirado dijo, que, algunas veces, D o n Quijote, cansado y asqueado de la política llevada por Sancho, cabalgaba de nuevo y ganaba glorias para España, como el desembarco de Alhucemas. (A l terminar este párrafo, el público prorrumpió en una ovación clamorosa, dando vivas a Primo de Rivera. Y termina su elocuente discurso diciendo que hay que obligar de nuevo a D o n Quijote a que él nos dirija, para que España vuelva a ser lo que fué; entonces el mundo dirá: O t r a vez España está aquí y debemos hacer como ella. E l duque de Amalfi, que desarrolló el. tema de Monarquía, dijo que él, como diplomático, tomaba parte. gustosísimo en este acto, por ser completamente apolítico. H i z o un estudio retrospectivo de todos los Reyes de España, desde Isabel la Católica, teniendo frases de condenación para aquéllos que llevaron al extranjero leyendas con ánimo de desacreditarnos. A n a l i z a y, encauza a las que establecieron la Inquisición, que fué necesaria para la pacificación de los espíritus; a Felipe I I por la unión de España y P o r t u g a l a F e lipe I I I por la expulsión de los moriscos. Tuvo frases de alabanzas por los hechos salientes de la época borbónica. Combatió las Cortes de Cádiz, y dijo que los errores de Isabel I I se deben achacar a sus educadores. Elogió a Alfonso X I I I y al hablar de nuestro Monarca actual, dijo que siempre nos rige teniendo en cuenta las palpitaciones de su pueblo, haciéndolo en el Cerro de los Angeles del Corazón de Jesús. Y dio fin a su interesante discurso leyendo unos inspiradísimos versos, que dedicó a S. M el Rey. E l teatro estuvo completamente lleno, y los oradores fueron constantemente aplaudidos, no registrándose ningún incidente. jeto imponer a la conciencia nacional cuatro afirmaciones esenciales: Catolicismo, F a m i lia, Orden y Monarquía. Somos políticos- -dijo- pero no de los de las mezquinas ambiciones, sino de los que sienten el amor a Valencia, a España y a Cristo. E l Sr. Peman elogia la campaña de orientación social que se viene realizando en E s paña, que cumple dos finalidades: aclarar, los puntos de su programa en medio de l a confusión actual y dar ocasión a que los hombres de buena voluntad se unan a r a tratar de puntos esenciales de trascenden- cia nacional. A cada generación se presenta su programa; el actual es de Patria o co- munismo, Monarquía o República. Nosotros no venimos a proclamarnos liberales o con- j servadofes, venimos a situarnos, a agrupar- nos en torno de aquellos principios fundamentales, qile se propugnan en este acto. Hablemos de Religión. Después de unas elocuentes considerado- nes, estudiándola en abstracto, se refiere a la labor perseverante y tenaz para arrojar, hasta del lenguaje como de los corazones a Dios. Recuerda unas conclusiones secretas de cierto Congreso en que se acordaba substituir en las despedidas el adiós por el abur el santo por la fiesta onomástica Pide que se restablezca la vida cristiana. Censura elocuentemente la actuación de los que llama cristianos mínimos y compara la vida de éstos y su conjunto nacional con la verdadera vida cristiana de las sociedades de los siglos que nos precedieron. Dos caminos fundamentales existen para volver a ella, para reinstaurar la verdadera vida cristiana: la acción social y la acción política. Desarrolla con arrebatadores acentos ambas afirmaciones, que provocan, unánimes ovaciones. H a y que conquistar los Poderes sociales anteriores y superiores a los Poderes políticos E n ellos está la salvación de España. L a acción política es supletoria y en defecto de la social. E l contenido de nuestra ideología es superior en la amplitud e intensidad a toda otra, pues no nos impone el ser liberales ó conservadores, sino el ser perfectos, como nos impone nuestra Religión. Pide la unión de los derechos; Valencia tiene un valor insuperable, el valor hombre, que vence hasta al agua en su lucha mitológica con la Albufera. Pide a las clases directoras valencianas qtie aprovechen, en bien de la región, de l a familia, del orden, de la Monarquía y de España, aquel elemento inestimable. E l Sr. Simó Marín recuerda la carta del Sr. Peman a los monárquicos sevillanos, d i ciendo que él (el orador) que jamás ha servido al Rey actual, se considera más monárquico que el más fervoroso, porque las personas pasan 3 la institución queda, y ella es consubstancial con l a P a t r i a y su perfección. Habla el Sr. Simó Marín de la familia, a la que defiende, en párrafos muy elocuentes, de los ataques prácticos, escandalosos o tácitos que la impiedad le dirige, y la inconsciencia, a veces, consiente ejercer el poder sobre las soberanías naturales, que es la mayor de las tiranías. Condena la secularización de la enseñanza, que no es más que arrancar a Cristo del corazón del niño. N o se debe consentir tal acto de tiranía, n i que el Estado no gobierne con el deber. S i esto ocurriera, la sociedad debe entonces gobernar con su derecho. Recuerda una anécdota cordialísima de sus relaciones profesionales y de amistad con el señor L a Cierva, a quien dedica efusivos elogios. E l Sr. Marín Lázaro comienza recordando sus años juveniles de piedad, de estudio y de lucha poético- social vividos en Valencia, al lado del padre Vicent, en el seno de la L i g a Católica... L a celebración de este acto es el MÍTINES D E ORIENTACIÓN SOCIAL En Madrid Madrid I, 12 noche. E n la mañana del domingo se celebró en el Teatro Alkázar un mitin de la campaña de orientación social, presidido por el catedrático D Severino Aznar. Primeramente hizo uso de la palabra don Alfredo López Martínez, que habló sobre la religión. D i j o que la falta de serenidad actual, es debida a la deficiente formación cultural: E s necesario leer y practicar el Evangelio en todas sus partes, en todo momento, y, además, las Encíclicas y pastorales, que deben ser el postre de nuestra inteligencia. H a y muchos católicos que, en privado, se comjoorftan como buenos cristianos y en su vida pública no tienen inconveniente en ayudar al sostenimiento de cierta clase de Prensa, que no tiene rriás norma que la de envenenar las conciencias cristianas. Y termina diciendo que es imprescindible resolver la cuestión social, de acuerdo siempre con la Encíclica Renum Novarum, y en el sentimiento religioso debemos buscar el ideal colectivo para que cesen los trabajos inútiles y las luchas estériles. D. José Martínez Agulló disertó sobre la familia, institución la más grande, la que según Donoso Cortés no puede morir nunca. Se extiende en consideraciones sobre la misión de la familia en el colegio y afirma que sobre todo debe intervenir e n j a U n i versidad. Las leyes, por buenas que sean, no sirven para nada, si no se cumplen; hay que inyectar esas leyes en la carne popular para hacer buenos ciudadanos. L o fundamental en la familia es el buen ejemplo, superior a todas las enseñanzas teóricas. Habla del feminismo, aludiendo a un cuento humorístico de Peman. D i j o qué no era momento de hablar sobre las teorías malthusianas, pero sí decía que todo hijo que viene a este mundo, trae la bendición del cielo. Y da fin a su discurso, diciendo que es necesario no olvidar a la familia campesina. A esaj si se le abandona, puede hacer la revolución, no esos señoritos intelectuales que juegan a la revolución como podían jugar al poker. Todos debemos hacer lo posible para que las teorías disolventes no lleguen a la familia campesina, compendio hasta hoy de las virtudes de la raza. D Ramiro de Maeztu habló sobre el or- E n Valencia Valencia I, 10 mañana. E n el teatro Principal se celebró ayer el anunciado acto de orientación social, bajo la presidencia del marqués de Lozoya, catedrático de la U n i versidad. Había en el amplísimo local cuanto público permitía su capacidad. A l aparecer los oradores fueron recbidos con una ovación reiterada y vivas. E l Sr. Bosch, en nombre de la comisión organizadora, dijo que el acto tenía por ob-