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MADRID- SEVILLA 6. D 1 CBR E. D E 1930. NUMERO S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO D E S A N SEBASTIAN. SUSCRIPCIONES CERCANA A TETUAN, Y SEVILLA. DIARIO ILUSTRADO. A Ñ O V 1 GES 1 MOSEXTO N. 8.720 g é ANUNCIOS. MUÑOZ OLIVE, la propiedad y el amor a la propiedad de un modo enorme, y ha llenado de pequeños propietarios regiones enteras. Estas gentes se han hecho socialistas en el primer momento para defenderse de los enemigos de la agricultura: conservadores obtusos de la propiedad a la antigua y liberales vacíos del E n febrero de 1921, mientras el socialis- Parlamento. Pero luego estos socialistas del m o italiano agitaba en el Parlamento su ren- campo- -en gran parte pequeños propietacor proletario y su vaguedad internaciona- rios- -se han visto dos veces traicionados lista, Sorel escribía: A la hora en que las por el socialismo: como propietarios y como burguesías de la Entente se muestran resuel- agricultores. De siervos de la gleba a siervos tas a impedir los progresos del bolchevi- de la liga socialista. Toda su participación quismo en Europa es el caso de preguntarse se resuelve en una ovejuna participación si una tentativa revolucionaria en Italia no electoral para fines revolucionarios, para reicorrería el riesgo de provocar una temible vindicaciones del obrero industrial y urbareacción en el único país que todavía con- no, para colaboracionismos en el Parlamenserva vivas algunas tradiciones liberales to, para toda suerte de combinaciones y Jorge Sorel lo supo todo Así como pro- alianzas de izquierda, donde la agricultura fetizó que Mussolini sería el conductor de es desamparada y traicionada. E l socialisuna nueva Italia, profetizó también que l a mo, con su redada vasta y superficial, alarrevolución en marcha- mucho m á s en mar- mante y engañadora por los campos de Itacha c o n m á s cabezas, hombres y masas lia; ha preparado las huestes m á s duras y deque l a que ve; en España el doctor M a r a- cisivas del fascismo. Pero en un segundo ñen- -sólo iba a servir para provocar l a momento- -y antes de que el fascismo ven reacción temible o sea el fascismo. Toda ga- -el partido popular hace su agosto camtradición liberal quedó deshecha entre dos pesino y llega. a aquella espléndida minoría fuegos: social- comunista y. fascista: E n la cíe m á s de cien diputados, que sale, sobre propaganda ideológica y en práctica revolu- todo, del campo. Es un partido de raíces cionaria- -ocupación, de fábricas, motines, et- católicas, de métodos modernos, con progracétera- todo tendió a l comunismo, porque mas agrarios más intensos y racionales que la entera democracia radicaip. de da más- in- -los del socialismo. Se parece a cualquier telectualista y conservadora a la m á s iletra- partido popular centroeuropeo y se presenda y enfurecida, veía en la ideología comu- ta como un buen campeón de la vida pura, nista la forma pura, heroica, insuperable sencilla y religiosa de los campos contra el superurbanismo ateo, corruptor y corromy. atrevida de sus aspiraciones. pido de la ciudad. Pero este partido se deja L o s amigos de T u r a t i y Treves (jefes soabsorber por- una excesiva preocupación cialistas) -añadía Sorel- -no carecen, ciertaparlamentaria y electoral, por una sociolo- mente, de buenos motivos de orden práctico gía fingida, pobre de contenido nacional, para- combatirHa lógica un poco averiada de por el internacionalismo blanco, por los líos sus adversarios, pero no parecen tener una de campanario, por un extremismo y unaconciencia clara de los principios que se demagogia del otro lado. glorian de representar. ¿P o r qué no aproE l socialismo ha sido deductivo, en cuanvechan las actuales circunstancias para i m to ha ido a aplicar los principios socialistas poner una política socialista del pan, capaz al campo. E l popularismo ha hecho lo conde transformar, verdaderamente la productrario. H a sido inductivo. Antes que el parción agrícola. del país? tido y sus principios, han surgido acá y A continuación, Jorge Sorel expone un allá las uniones agrarias dispersas, como programa agrario italiano, perfectamente ahora en España, y se ha pasado por ese concebido desde el punto de vista socialisperíodo acéfalo que C a m b ó a g r a r i o -i r r i ta, y en no pocos aspectos justo, eficaz y sión de ver convertida en agraria la larp r á c t i c o E l fascismo probablemente ha teva m á s cosmopolita, superurbana, superfinido en cuenta para la ley Serpieri y para nanciera, superindustrial y antiagraria de la ei Estatuto de sus Corporaciones agrarias política española- -quiere aprovechar dando muchas conclusiones de Sorel. Pero ¿cuál color regionalista- agrario, unidad al agraés esa conciencia poco clara de los prinrismo disperso y acéi alo que empieza a surcipios que se glorian reDresentar atribuida gir por toda E s p a ñ a como protesta contra wor Sorel al socialismo italiano? E s la revoel imbécil desamparo en que viejos partidos lución de tipo demagógico nebuloso, vacía y confusos tropeles revolucionarios dejan a de contenido práctico ante la realidad nacioesta gran mavona del trabajo y de 1 a econal es la alianza al buen tuntún con todas nomía nacionales. las tendencias disolventes y rebeldes, sólo Pero el popularismo italiano se muestra por serlo. L a agricultura constituve, entre tanto, la inmensa mayoría del sufrido traba- insuficiente ante la revolución, que repite j o italiano. Y la agricultura, sobre todo, sus tentativas, y ante el desgobierno del E s es traicionada en la algarada parlamenta- tado, que avanza. Entonces el ruralismo y r i a y en el motín revolucionario huelguista la pequeña burguesía de las ciudades empiezan á engrosar las filas del fascismo, y de la ciudad. E n Italia el socialismo ha hecho, sin duda, en la marcha sobre Roma se enarbolan los rrucho. muchísimo, por los labradores. Pero bieldos y rastrillos de las tierras del P ó Ese carácter antiagrario, propietario, i n ha hecho todo lo contrario de lo que se proponía, y con esto que el socialismo ha he- telectual, y superurbano, siempre inherente cho D or la tierra, nrecisamente con esto, el al- socialismo revolucionario y a la demosocialismo se ha deshecho. E n los campos cracia radical, ha precipitado quizá tamde Italia el socialismo h a sido un espanta- bién en Alemania, de modo m á s o menos j o formidable v arrollador contra lo gran- indirecto y visible, el triunfo racista e hitledes terrntersient aristócratas. latifutidia- riano. M e hacen pensar en ello unas líneas, rios, pasivos... Pero con eso ha propagado escritas hace tres o cuatro años por Os- 1 LA AGRICULTURA Y LA REVOLUCIÓN Sobre un aviso de Sorel y otro de Spengler N 1 1 wald Spengler, el autor tan celebrado y comentado en E s p a ñ a de La decadencia de Occidente. A l e m a n i a- -escribía Spengler hacia 1928- -se ve guiada por partidos, o, en realidad, por banderías de politicantes, que buscan explotar, al menos en cuanto a los fines materiales, la m á s v i l y la m á s insensata de las revoluciones. P o r eso la agricultura no rinde, y los campesinos afluyen a las ciudades siempre m á s numerosos, porque las masas electorales de las ciudades pretenden tener el pan barato, sin preocuparse de que este pan venga de América o bien sea producto del suelo patrio. Por eso Alemania es el único país en que aún dura aquella miseria de los inquilinatos, que apesta- la vida de las familias y convierte a los inquilinos en electores de tendencias radicales... L a agricultura sola, los llamados partidos agrarios pueden, en general, políticamente, poco. Pero sin contar con la agricultura, partidos y Gobiernos pueden poco, o, lo que es peor, caen en errores y desastres de orden político, social y económico. L a mayor y m á s enmudecida virtud transformadora y conservadora de una nación, el regulador de todo su equilibrio histórico, social, económico, reside en el campo. Pareció enormemente revolucionaria la transformación del régimen- agrario en Rumania, que dividió todas las inmensas propiedades tradicionales de Transilvania y Besarabia, y, sin embargo, ésta fué una de las medidas m á s conservadoras de nuestros tiempos al constituir una trama de medianos y pequeños propietarios, que en la fronteía rusa presentó al bolchevismo u n dique infranqueable. Y de aquella transformación agraria fué saliendo toda la transformación y toda la defensa social, económica, política de la actual Rumania. L o s partidos de gobierno, que- no sienten el peso y la trascendencia dé. los intereses- agrarios, obran, -a! cabo, ea él vacío. Las revoluciones y radicalismos que, por vicio congénito, vuelven las espaldas al campo o quieren engañarle con soluciones radicales simplistas, acaban por promover las m á s temibles reacciones, luego de haber prolongado, sin honor y sin gloria, aquel período de aberración política, que ha descrito D a n te en su Monarchia, v en el cual se hace gritar al populacho de la plazuela Viva mi muerte y muera mi vida! E s la serpentina intención que, a pesar de sus conductores, o a gusto de sus conductores, se esconde y culebrea en todos los partidos que andan agitando su delevda contra todo, sin saber a favor de qué realidades están, fuera de sus gritos verbales. Las tímidas, las. ordenadas gentes del campo, y las tímidas, las ordenadas gentes de la ciudad, las que Ortega y Gasset llama lanudas y ovejunas, son las que no han perdido su simple y callada lealtad a la tierra nativa, y resultan, al cabo, m i l veces más fuertes que todos los furiosos de a destrucción mental o material, porque, corrió dice Maquiavelo, sin duda los h o m b í feroces y desordenados son mucho m á s débiles que los ordenados v tímidos, porque el orden, al cabo, echa de los hombres el mor. v el desorden extrema la ferocidad N o diría mejor T o m á s de Kempis. RAFAEL SÁNCHEZ M A Z A S