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ANTE LAS MESAS COLOCADAS EN ÁNGULO, ILUMINADAS POR LAS DOS UAMPARAS QUE SITÚAN LA ZONA D E TRABAJO, FRENTE A UNA DECORACIÓN DE ZAPATERO IDEALISTA, RAMÓN HOSCA EL SECRETO DEL ALMA DE LAS GENTES Y DE LAS COSAS... a la Puerta del Sol, y muchas noches otras dos o tres a la plaza Mayor... E l caso es ver los ojos claros del alba a t r a v é s de los quevedos de la Puerta de Alcalá... Ramón se detiene un instante. Enciende de nuevo su pipa, desatendida mientras ha hablado, y sigue: -Algunos días se interfiere una mujer, un viaje por los barrios castizos de M a drid, una visita de penitencia y absolución al Rastro- -que es el único lugar en que tengo crédito- la ida a algún espectáculo. E s así como se vería algo mi vicia. E l día de toros me absorbe también, pues me dedico a él con una liturgia especial, que comienza en una paella, continúa con la riña de gallos, sigue con l a corrida y acaba en un colmado con una cena triste y cante flamenco. -Pero está usted sujeto a una vida muy dura de trabajo, una vida casi heroica, casi penitencial... -Pues no hay otro remedio. Y o no pod i í a escribir lo que escribo ya en las m á r genes desinteresadas del arte, si no fuese por esta clase de vida que hago y porque me lie salvado del hogar gracias a que he estado vigilante a toda acechanza, durmiendo como el p á j a r o duerme, abriendo los ojos a cualquier presunción de que el enemigo ronda. Q u é cosas tiene usted en marcha aparte de su labor fija? -Preparo varias novelas. 111 torero Páramo, üv tipa disparalado. El vizconde, Un puesto en el automóvil, y como libro de agonía y de hondura Los muertos y las muertas. ¡S i el tiempo me da tiempo! E n tonces l o g r a r é decir algo de lo que la vida está aspirando a que sea dicho desde m á s profundidad y que yo oigo porque siempre he escrito en estado. de trance, como quieren los surrealistas que se escriba. E l reloj de cuco lanza de repente una hora sacando del cajón a un cuco desgañifado y desplumado. Otro reloj, agasaja al p á j a r o con unos compases de minué. R a m ó n atiende a la llamada ele sus seres apretando ei resorte de su perdiz que lanza su reclamo siete isócronas veces. -Vamonos. M i s amigos se. enfadan ya. E s la hora de su reposo y de sus confidencias. Es necesario dejarles para que murmuren un rato de usted. E n mi presencia no se atreven... L e llevaré a m i otra casa. E n las proximidades del estudio entramos en una casa de ambiente recogido y pulcro. R a m ó n abre con su llavín y nos pasa a una habitación empapelada con recortes de fotos y grabados de vanguardia- -maravillosa decoración de zapatero idealista- era uno de cuyos lados hay dos grandes mesas de trabajo colocadas en á n g u l o recto. -A q u í no entra nadie. Siempre me gusta tener una casa cuyas señas ignore todo el mundo. A s í en este sigilo, encuentro mejor el secreto del alma de las gentes y de las cosas. Desde i de octubre tengo aquí un micrófono para emitir, cuando lo crea oportuno, la glosa urgente, la necrología, la crítica del estreno que dejo a medio acabar para trazar rápidamente m i impresión al oído de los radioescuchas... Soy el primer cronista permanente de la radio con m i c r ó fono propio. ¿Y las greguerías, R a m ó n sus famosas, y mundiales greguería, cómo, cuándo las escribe usted, o las hace, o las caza? -Y o no cazo greguerías, amigo m í o Es lo único que no improviso nunca. M e lo concedió esa adolescencia de la vida que va pareja de nuestra adolescencia... E s t á n esperándolas en Alemania, en Erancia para traducirlas en revistas, pero yo no precipito mi p r o d u c c i ó n E s o tiene que ser lento y natural. E s una gota de los siglos que atraviesa mi c r á n e o E n lo demás yo escribo seguido, sin volver l a vista a t r á s sabiendo que he de llegar al fin alguna vez... Si no se ponen unas palabras detrás de otras no hay literatura... M e conducen el fervor y la vocación... S é lo que no hay que decir, lo que es ya tópico, y, sobre todo, sé lo que no hay que amanerar... V i v o horas de absoluta libertad fuera del mundo y de la sociedad. Y tengo ya el brazo derecho bastaste m á s largo que el izquierdo de tanto escribir. R a m ó n guarda un breve silencio. Y de repente, con una voz desconocida, con un gesto nuevo en él- -el amigo, la intimidad de la habitación, el instante confidencial quizá- -me dice lentamente -A veces soy actor de soledades y me sieuto morir en la noche. Confieso que en esos momentos sólo quisiera romper mis papeles, y sólo siento no haber agotado mis ternuras con la mujer. Calle abajo los dos vamos con nuestra ofrenda ritual de las cinco vueltas a la Puerta del Sol. Con el deseo de volver a ver, una vez m á s p r e c i s a m e n t e aquélla, los ojos claros del alba a través de los quevedos de l a Puerta de Alcalá (Fotón Alfonso JOSK y caricatura LORENZO ilp O b r W u
 // Cambio Nodo4-Sevilla