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vor... es un favor... de renunciar a las alusiones al sombrero de mi esposa... PEPE. -He pagado media corona para ver tin cuento de hadas y no el sombrero de su esposa... (A m mujer. Y además, ¡basta ya! ¡Estoy harto! Ahora mismito va a volver ese mocoso a su asiento, y si no ve nada, que no vea; que se ponga de pie en la butaca. Eso es... (Pepito se coloca de pie en su asiento. U N ESPECTADOR (detrás de Pepito, golpeando la espalda del padre con su paraguas) ¿Quiere usted decir a su niño que se quede sentado? N o me deja ver absolutamente nada. PEPE. -Con mucho gusto, si puede usted obtener antes que la señora que está sentada delante de nosotros se quite el sombrero... De otro modo no hay nada que hacer... Quédate ahí, Pepito... No te muevas. E L ESPECTADOR. ¿De modo que esas tenemos? Pues ahora me pondré yo también de pie en mi butaca. Y o lo que quiero es ver lo que pasa en el escenario. E L PUBLICO. ¡Que se siente! ¡Que sé siente! ¡Vaya un salvaje! (El espectador tiene que sentarse, furioso. PEPITO. ¡Papá! E l señor de atrás me está pellizcando en los muslos... ¡A y ay, ay! PEPE. ¿Quiere usted dejar de pellizcar al muchacho? ¡Porque, vamos, creo que no le ha hecho a Usted nada! E L ESPECTADOR. ¡Pues siéntele! PEIE. -Primero haga usted que se quite el sombrero esa señora. oído de su esposa) -Oye, lo mejor será que te quites el sombrero y concluiremos... ¿Quéeee... ¿Pero qué dices, nombre... ¿Que me quite el sombrero... Primero me moriría... ¿Te enteras? (Se llama a la acomodadora. L A ACOMODADORA. ¡Silencio, señores! Les suplico a ustedes... Tendré que llamar a los agentes... Está prohibido subir a las butacas... Están ustedes molestando... ¡Tenga la bondad, caballero! (Se logra, finalmente, sentar a Pepito en su butaca. El muchacho llora silenciosamente. En el patio se hace la cahna. Y, provisionalmente, triunfa la dama del sombrero. L A DAMA OBE? A- -No llores, hijito... Te sentarás en seguida en la butaca de tu mamá... No hay duda; esa señora debe de LA DAMA DEL SOMBRERO (sofocada) -E L MARICO DE LA SEÑORA (tímidamente al tener muy buenas razones para no quitarse el sombrero... ¡Pobre señora! P E P E (comprendiendo) ¡Ah! ¡E s verdad! No había pensado en eso... ¡Naturalmente! Si se quitara el sombrero sus cabellos se vendrían abajó... hay que enfadarse mucho con ella; es una infeliz. repente y volviéndose hacia el enemigo) -Bueno, ya está... Creo que quedarán ustedes muy satisfechos ahora... PEPE. -Señora, más vale tarde que nunca. Y muchas gracias... Pero así, entre nosotros, no sé por qué no se lo quitó usted desde el primer momento... Está usted mucho más guapa así, sin sombrero... ¿No es cierto, Elena? Pepe. LA L A DAMA D E L SOMBRERO (quitándoselo de L A DAMA OBESA. ¡Tú lo has dicho! No LA DAMA OBESA. -Absolutamente cierto, Sam... pregunta al señor que está sentado detrás de nosotros si le gustan a su niño los bombones franceses... F. A N S T E Y (Dibujos de Almadá) 4 DAMA DEL SOMBRERO (conquistada) 4 t
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