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-ALEMÁN... BUEN SOLDADO... VALIENTE SOLDADO. afirma que los cigarrillos corrientes se hacían de una mezcla de algas y heces secas de caballo; en cuanto a los bosques y al relleno de nuestros colchones, nos los hemos fumado también sin el menor escrúpulo. Kosole, rebosante de placer, lanza el humo, aromático, que todos olfateamos con avidez. Laher palidece, mientras le tiemblan nerviosamente las aletas de la nariz. ¡Siquiera una chupada! -suplica a Fernando. Pero antes de que pueda coger el cigarrillo, otro americano le brinda un paquete entero de tabaco de Virginia. Valentín afila una mirada de incredulidad; pero, aun cuando al asir y oler el tabaco su rostro parece desfigurarse, vacila y lo devuelve; insiste el americano y señala con resolución la esLJn sargento fornido, de encendido rostro, se abre paso hacia nosotros y derrama sobre Kosole, que es el que tiene carapela de la gorra de Laher, que asoma por la bolsa del pan. Valentín no comprende lo que quiere decir semejante i n m á s próximo, un verdadero diluvio de palabras en alemán. dicación; pero el sargento de Dresden explica: Fernando no puede reprimir su sorpresa. -Quiere cambiar el tabaco. por la escarapela. ¡Pero si habla igual que nosotros! -dice, maravillado, Laher no se- explica el capricho. ¡Cambiar aquel riquí- a Bethke- ¿Q u é quiere decir esto? simo tabaco por una escarapela de l a t ó n! P o r fuerza, aquel Casi es más pura y fluida que la de Kosole. la dicción hombre tiene que estar loco; porque él, Valentín, no soltaría del sargento, que cuenta cómo antes de la guerra estuvo en el paquetito en cuestión ni aun al precio, otorgado allí mismo, Dresden e hizo allí muchas amistades. de unas insignias de suboficial o de teniente. ¿E n Dresden? -pregunta Kosole, cada vez m á s desconY no ya la escarapela; toda la gorra pasa a ser en el certado- T a m b i é n yo estuve allí dos años... acto, propiedad del americano, mientras Valentín, con manos E l sargento sonríe, como si esto fuera una distinción y temblorosas, carga ansiosamente la primera pipa de aquella nombra la calle donde él vivía. exquisita y aromática picadura. -i T a n cerca de mi casa -declara Fernando, vivamente Todo elsecreto del absurdo cambalache se aclara a nuestros impresionado ya- ¡Y que no nos hayamos encontrado nunca. ojos; bien se ve que los americanos no han estado mucho ¿Conoces, acaso, a la viuda Pohl, esquina a Johannigasse? tiempo en l a guerra cuando todavía sienten la pueril comezón U n a mujer gorda, con el pelo negro... ¡E r a mi patronal de coleccionar presillas, escarapelas, hebillas, condecoraciones, Claro está que el sargento no la conoce; sí, en cambio, botones de uniforme, recuerdos, en fin, de la lucha. Nosotros, al consejero de cuentas, Zander, de quien, por su parte, no más prácticos, preferimos, en cambio, surtirnos de jabón, de se acuerda Kosole; pero ambos coinciden en el recuerdo del cigarrillos, de chocolates y de conservas. Elba y del castillo, y ello les pone radiantes de alegría. Fernando sacude confianzudamente al sargento por el antebrazo: Hasta los heridos disfrutan hoy de buena suerte, porque otro americano, con tanto oro en la dentadura que su, boca- ¡Bien, hombre, bien! ¡Mascullas el alemán como un rebrilla como un taller de latonero, pretende quedarse con viejo y has estado en Dresden... ¿P a r a qué habremos hecho unos sucios y ensangrentados jirones de vendas para probar tú y yo la guerra? con ellos en su país que, efectivamente, eran de uso corriente Tampoco lo sabe el sargento y se echa a reír, mientras entre nosotros los vendajes de papel; y brinda, en trueque, saca un paquete de cigarrillos y se lo ofrece a Kosole. N o un cake y cigarrillos ingleses. N o hay que decir que el camtitubea éste en aceptarlo, porque por un buen cigarrillo cualbio se realiza instantáneamente y que el americano, compla quiera de nosotros sería capaz de entregar gustosamente un cido de su adquisición, coloca con cuidadosa minuciosidad en pedazo de alma. Los nuestros están hechos con hojas de su cartera de bolsillo los desgarrados retazos, entre los que haya y de heno y no podemos quejarnos, sin embargo, porque dá preferente atención a los de Luis Breyer, porque, al fin ésta es, entre nosotros, la clase m á s selecta. Valentín Laher solé mira de frente con fijeza; Luis Breyer se incorpora... nosotros apretamos nuestros fusiles rriás fuertemente; nuestros huesos se atesan; los ojos se hacen más duros y no se humillan volvemos a mirar hacia el campo de donde vinimos: en nuestros rostros no se mueve un músculo; diríase que vuelve a pasar por nuestro ser todo lo que hemos hecho, todo lo que hemos padecido y todo lo que hemos dejado atrás. N o sabemos lo que nos ocurre; pero si se insinuase ahora una palabra dura, nos apiñaríamos todos, quisiéramos o no; nos lanzaríamos y atrepellaríamos, feroces, antíelantes y enloquecidos, y lucharíamos... S í a pesar de todo, lucharíamos otra vez. (E X C L U S I V A D E A B C P A R A TODA ESPAÑA. PP. 0 H 1 BIDA L A P. JiPKODUCCIOX) (COPYKIGHT- U. FJSATURE SINDÍCATE) continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla