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HF. HL i JO 0 7 POR EXCIMA mismo Kosole se le antojaban demasiado y sólo parecía vivir para el momento de volver a su casa y ajustar cuentas a la infiel. A h o r a yace tendido en tierra, y las últimas oleadas de su sangre le espumean en la boca. Sus manos se crispan. Kosole se le acerca, agachándose para que pueda oírle, y le dice, furioso: -Descuida, Hcinzmann, que yo tomo a mi cargo tu venganza. Pero el herido no se entera ya de nada. Resuella y se retuerce horriblemente, porque se está ahogando y el pulmón se le deshace en borbotones de sangre a cada alentada. Empero Kosole quiere darle aún aquella última alegría y le grita al o: do: ¡Descuida, Heinzmann! ¡D e eso me encargo y o! Heinzmann abre los ojos, que se escapan de las órbitas. Y a todo le es igual. Las fuerzas le abandonan por momentos... Dos horas después, está enterrado. A la tarde nos hallamos sentados en el patio de una cervecería. Nuestro jefe, el primer teniente Hehl, sale de la oficina de la fábrica y nos congrega para darnos cuenta de una orden que manda elegir entre la tropa gente de confianza. E l l o nos asombra, porque, hasta ahora, no había sucedido nada semejante. De pronto, aparece M a x Weil en el patio; levanta en ia mano un periódico, y g r i t a -E n Berlín hay revolución. H e h l se le encara y dice. ¡B a h! ¿L l a m a s revolución a los disturbios? Pero W e i l no se da por contento y a ñ a d e -E l Emperador ha huido a Holanda. Esto sí que nos sobresalta. Weil tiene que estar trastornado, sin duda. Hehl grita, en un rojo estallido de indignación: -i Maldito embustero W e i l entonces, le entrega el periódico. Hehl lo arruga, despectivo, y clava en Weil una mirada iracunda; no puede sufrirle, porque Weil es un judío, un hombre cachazudo que siempre anda por los rincones leyendo libros, y Hehl, en cambió, es un hombre de armas tomar. ¡Ganas de hablar! -rezonga, mirando a Weil como si quisiera comérselo. M a x entretanto, desabrocha tranquilamente su capote y E X C L U S I V A VE A E C PARA TODA E S P A Ñ A P R O H I B I D A LA REPRODUCCIÓN) saca otro número del periódico; Hehl lo ojea por encima, lo rasga en pedazos y se retira a su cuarto. Weil recompone como puede el ejemplar y nos lee en voz alta las noticias; nadie se explica qué quiere decir todo aquello. -Dícese que ha querido evitar una guerra civil- -afirma Weil. ¡Qué estupidez! -sentencia K o s o l e- ¡Mira que si nosotros hubiéramos pensado entonces lo mismo... ¡Aquí, en cambio, nos resistimos! -Jupp, sacúdeme con fuerza, a ver si soy yo- -dice Bethke. -Sí, hombre, sí, eres tú- -confirma Jupp. Y Bethke continúa. -Entonces, será verdad; pero no lo comprendo. Si cualquiera de nosotros hubiera hecho eso, lo habrían fusilado en el acto. -N o puedo acordarme ahora de Wessling, ni de Schroder, ni de Heinzmann- -dice Kosole, cerrando los puños, como en una amenaza- porque estallo de ira. Un mozo como Schroder se queda alh hecho papilla, y ése, por quien él cayó, se escapa... ¡Cobarde! -Hablemos de otra cosa, si os parece- -propone Willy Homeyer- Ese hombre ha muerto para mí. W e i l da cuenta de cómo en varios regimientos se han formado Consejos de soldados. los oficiales no son considerados ya como superiores, y hasta a muchos de ellos se les han arrancado las charreteras. También quiere él fundar, entre nosotros un Consejo semejante; pero no prospera la idea. Nosotros no queremos fundar ya nada. Nosotros no deseamos sino encontrarnos en nuestras casas. Por último, se eligen tres hombres de cor fianza: Bethke, Weil. y Luis Breyer. Weil invita a Luis a que se despoje de las. charreteras. ¡A q u í! -d i c e Breyer con acento cansado- y se toca la frente con la punta del dedo. -Breyer es como cualquiera de nosotros- -dice Bethke, rebatiendo a Weil con manifiesta sequedad. Luis llegó a la compañía en calidad de soldado voluntario, y allí ganó su ascenso a teniente. N o sólo nos tutea a todos, a Trosske, a Homeyer, a Broger, a mí mismo- -confianza natural, porque todos fuimos sus condiscípulos- sino también a los m á s viejos camaradas, cuando no anda cerca ning ú n otro oficial, prueba de respeto que se le tiene muy en cuenta. (COPYRIGHT- p; FEATUEB SINDÍCATE) Se continuará,