Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
F 1 TI! I f. r fü l T F S i f i v hacia adelante, y sólo en las ventanas de la nariz olfateante se advierte la vida. Corre la voz de que hoy no pasará y a ningún tren; pero nadie se mueve. U n soldado no cree nunca en simples rumores. Efectivamente, por la tarde llega otro convoy. A la p r i mera ojeada vemos que es el nuestro; a lo sumo, t r a e r á cubierta la mitad de sus plazas. Retumba el cobertizo con un estruendo de cascos rotos y con la tumultuosa invasión de las columnas que irrumpen desde los salones de espera. Los que pretenden pasar, se apelotonan y confunden con los que aguardamos en el andén. E l tren pasa, deslizándose. i o r una ventanilla que viene abierta, Alberto Trosske, que es el que menos pesa de nosotros, es levantado en vilo y trepa hasta dentro como un mono. Son asaltadas las portezuelas; pero están cerradas casi todas las ventanillas y los que, a toda costa, quieren viajar las hacen saltar a culatazos, aun sacando así desolladuras en piernas y manos. Vuelan las mantas sobre los cristales hechos añicos y la invasión adquiere casi caracteres de tumulto. Logra éxito el sistema, y ya todo el mundo procura colarse a través de los rotos cristales. Alberto ha recorrido los paNuestro grupo, empero, lio se ha disgregado. Llevamos tosillos del tren, procurando siempre quedar enfrente de nosdos el mismo camino, y nos apostamos en el andén de la otros mientras aquél avanza; de no hacerlo así, todo hubiera estación para tomar, como podamos, el primer tren que pase. sido inútil, porque estamos tan apretujados que no podemos E l andén es un revoltijo de i cajas, paquetes, lonas y mochilas. mover siquiera un pie en ningún sentido. E n siete horas pasan solamente dos trenes, con enjambres Se detiene el convoy y Alberto baja l a ventanilla que da ele hombres arracimados, pendientes de las portezuelas. A la tarde, conquistamos un sitio cerca de la vía cuando llega frente a nosotros. Salta dentro Tjaden y detrás de él, y con la ayuda de W i l l y Bethke y Kosole. Los tres se precipitan la noche nos encontramos, al fin, en primera línea. hacia ias puertas del pasillo para bloquear por ambos lados Llevamos comida para varios días, y en cuanto a bebida, el departamento. Sigue el destrozo de los cristales, cuando Alberto Trosske se ha procurado un gran cántaro con recuelo Luis y Ledderhorse pugnan por entrar al mismo tiempo. D e de café. Kosole ha sacado a Ledderhorse unos cigarrillos, i n trás de ellos vamos Valentín, Carlos Broger y y o y, por. timidándole con empujarle al paso del tren si no se los daba último, W i l l y que ha vuelto A recobrar su sitio. de grado. Así vamos adelante, como se puede. Carlos Broger- ¿Todos dentro? -grita Kosole desde el pasillo, entre y Valentín, que se han quedado a la zaga, pugnan por abrirse camino hasta nosotros. L a ¡cabeza pelirroja de VVilly les ha apreturas y empujones. Todos listos! -vocifera VVilly. servido de faro para orientarse de nuestra situación. Dormimos de pie. Bcíhke, Kosole y Tjaden se precipitan a coger sitio, y el torrente de los detenidos se desborda por los departamentos, Hasta primera hora de la; m a ñ a n a no llega otro tren; viene escala las redecillas de los equipajes y llena, en fin, hasta ei tan abarrotado, que sería uu desatino intentar asaltarlo y último centímetro disponible. preferimos no perder nuestro puesto junto a la vía. E l que llega después es! un mercancías, con caballos, cieHasta la locomotora es asaltada; en los topes hay ya hom- gos del frente. Los pobres animales, con el globo de los- Gj os bres sentados, y en los techos de los vagones na cabe mi: azulenco y cárdeno, van silencioso? con las cabezas estiradas alfiler. E l maquinista g r i t a 1 J 1 un pretexto para seducirnos y llevarnos a un paraje secretamente minado y traidoranhente lleno de peligros... I Y nuestros camaradas jcorren hacia él, incautos, solos: sin fusiles ni granadas de ¡m a n o N o se concibe que se vayan y no vuelvan... Quisiera uno correr detrás de ellos, hasta darles alcance, y gritarles: ¿A d o n d e vais? ¿Q u é haréis, tan solos, allá lejos? Quedaos con nosotros, todos juntos! ¡Construiremos subterráneos y estableceremos apostaderos! ¿C ó m o podríamos v i v i r de otro modo? Nos defenderemos unos a otros cuandoi nos ataquen, como seguramente volverán a atacamos... Pero ellos se ríen y bacán saludos de despedida. N o quieren que se les detenga. Y en nuestro pecho se despierta un miedo insensato; aquello lío puede acabar bien... allí se prepara alguna celada... de ¡seguro que van a ser tiroteados... E x t r a ñ a rueda de molino que gira y gira en el cerebro. Consecuencias de haber sido! soldados demasiado tiempo. E l viento de noviembre! silba sobre el patio vacío del cuartel. Crece el número dej los camaradas que se van. Dentro de poco, cada uno. estará a solas consigo mismo. (INCLUSIVA Dji! A 11 C i A I I A TVDAI Í SX A; A. P I X U Í I D i 1 A L A lí U P I C O P l C jio: co; -i it; i ¡r- a. ¡msTvas SÍ NÍ ÍCATÉ) (Se continuarán)
 // Cambio Nodo4-Sevilla