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subiendo, la marea revolucionaría, que ha sumergido ya al Imperio y amenaza ahora la existencia de la misma República rusa. En el horizonte un resplandor rojo anuncia la aparición de los bolcheviques, recién llegados del extranjero, para agitar a las masas No importa. Ño hay ningún cuidado. U n puñado de sectarios de la Tercera Internacional no inspira la menor inquietud a un Gobierno democrático, republicano y socialista, que ha redimido al pueblo ruso. Y sin embargo, los días de la flamante República están contados. Como sucede siempre, la revolución arrastra en su turbio torrente a sus mismas criaturas. ALVARO ALCALÁ G A L I A N O FELICIDAD E N L O S DILUVIOS Y C A L A M I DADES Escolios a Lucrecio E l telégrafo nos habla, estos días de terribles inundaciones; crecidas de ríos, ciclones y otras calamidades causadas por el vario humor de la Naturaleza. Sin querer, los que estamos al reparo traemos a las mientes aquel famoso y conocido principio de L u crecio en su libro II, De Rerum Natura: Suazñ mari magno, tprbantibus alquora dentis Dulce cosa es- -viene a decir- -contemplar desde la ribera las olas encrespadas por la tempestad y el peligro de un desgraciado que lucha con la muerte; no porque se saque placer del infortunio ajeno, sino porque es consoladora la vista de los males que uno no experimente. De aquí se infiere cuan grande sería la felicidad del arca de Noé en el diluvio, cuando toda la Humanidad era una tertulia flotante sobre el inmenso cataclismo. Noé, viejo de seiscientos años, gozó con los suyos durante cinco buenos meses la paz más hermosa de la Historia en medio de la mayor calamidad. Cuando desembarcó, creo que el dulce sueño de su embriaguez primera, con el zumo de la viña aborigen, fué como un prolongar de los sueños encantados y flotantes del arca, bajo el tibio calor que esparcía el vaho de las bestias. Se estaba bien allí. Las costumbres de los animales servían de diario entretenimiento; los partos, de las nueras de Noé, de alegría. E n la forzosa y sedentaria ociosidad del arca debieron inventarse cosas parecidas a los géneros narrativos, a los juegos de naipes, a los perros y pajaritos amaestrados y a los teoremas de la Geometría, aunque suele decirse que estos últimos se deben a las inundaciones del Nilo. Sin embargo, puede sospecharse que el origen de la ciencia geométrica floreció er. el arca de Noé y en el reposo divertido de los constructores, que, sin duda, discutían el por qué del orden y las exactas medidas dadas por Jehová para fabricar el inmenso navio. U n progreso incalculable de las ciencias teóricas y especulativas debe luego, sin duda, atribuirse a las inundaciones del Ñilo, ya que ellas, durante largos meses, forzaban a la meditación y al diálogo de los ciudadanos más inteligentes, como si todo el espacio perdido para la contemplación de la tierra inmensa bajo el espejo líquido fuese ganado para el espíritu y la contemplación de las estrellas. E l diluvio se hace regular en el almanaque de Egipto, pero la historia de Venecia ofrece el espectáculo de una ciudad que vive en una inundación permanente y civilizada. Campanella, en su mejor soneto, le llama nueva arca de Noé, mientras inunda- -de áspero horror el bárbaro tirano Venecia salva la libertad en pleno cataclismo, en pleno diluvio de barbarie- -a mediados del siglo VIII- -a favor de las aguas. Renueva la remota civilización palustre ante las Se- SEVILLA. UÑA INICIATIVA PLAUSIBLE 1, JUGUETES ENV U 30 S POR SS. MM. LOS RKYES Y SS. AA. LAS INFANTAS DOÑA BEATRIZ Y DONA CRISTINA CON DESTINO A L ÁRBOL D E NAVIDAD PARA LOS HIJOS DE LAS CLASES D E L EJERCITO, QUE ORGANIZA LA MARQUESA D E CAVALCANTI. 2, ASPECTO PARCIAL D E LA SALA D E CAPITANÍA GENERAL, DONDE SE V A N REUNIENDO LOS JUGUETES DONADOS PARA E L MISMO F I N POR LA ARISTOCRACIA, E N T I DADES Y PARTICULARES D E LA CAPITAL. (FOTOS DÍAZ) hace indispensable renovar también el Ejército democráticamejite quitarles el mando a cuantos jefes y oficiales sirvieron al antiguo régimen y son todavía sospechosos de abrigar sentimientos monárquicos. Y así desde el Poder se labora por la disolución del Ejército- en plena guerra, a la que contribuyen por su parte los agitadores extremistas, fomentando la indisciplina y la rebelión armada. Los mismos métodos renovadores se aplican entre el personal de los funcionarios civiles del Estado, que se encuentran de pronto en la calle. cuando no en la cárcel. L a revolución liberadora sigue su curso. U n nuevo Poder ha nacido junto al puramente verbal de una Duina parlamentaria, que naufraga en un mar de elocuencia revolucionaria. Es el de los Soviets de soldados y campesinos, que organizan mítines y enormes manifestaciones callejeras, gritando: ¡Viva la revolución! y ¡Abajo la guerra! Esto ya empieza a inquietar al Gobierno y también a las Embajadas aliadas, que acogieron a la nueva República con tan risueño optimismo. ¿Qué significa eso de ¡Abajo la guerra! ¿Y los Tratados? ¿Y la fraternidad de las naciones democráticas? No se puede consentir semejante desatino. Los diplomáticos aliados ejercen continua presión sobre las altas esferas para que sea Kerensky el encargado de presidir los destinos de Rusia. A l fin éste toma las riendas del Gobierno con beneplácito de la opinión pública. Cuando estalla una huelga en las fábricas de guerra llega Kerensky y enardece a las masas obreras con un largo discurso de elevado idealismo democrático. Los obreros le aplauden, pero luego no reanudan el trabajo. Cuando del frente llegan noticias alarmantes de sublevaciones militares, allá va Kerensky y hace otro discurso de vibrante patriotismo a los soldados rebeldes que le ovacionan. Pero luego los soldados se niegan a obedecer a sus jefes y abandonan las trincheras. Mientras tanto, ya subiendo,
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