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PRESIDIENDO UNA REUNIÓN SEMANAL E N L A REAL ACADEMIA D E SAN FERNANDO mental minuto de tregua, porque aún aquellos ratos dedicados al hogar están vibrando al ritmo de la vida exterior; ora es la condesa- -no se puede evocar la venerable figura de esta dama de privilegiada alma sin rendir con respeto la frente ante sus virtudes y talentos, que perpetúan los de una procer estirpe- ora es la condesa, digo, quien en la intimidad familiar comenta, con certera perspicuidad intelectual y con insinuante dulzura de corazón, una obra social en la que interviene, un afán filantrópico que la inquieta; ya son los hijos los que con vivacidad traen del mundo financiero, o del aristocrático, o del literario la más reciente percusión; y aun los nietos, también transmisores de los ruidos y sensaciones de la vida en torno... Todo ello es captado por la mente célere del conde de Romanónes, puesta así como antena receptora constante de sugestiones para ir siempre sintiendo o siempre pensando por los caminos de la vida... -Desde que me levanto- -me dice el conde de Romanónes en nuestra charla de uno de estos días últimos, dedicada por entero a confesarle -me pongo a trabajar. Soy de todos los Círculos de Madrid; nadie me verá en ninguno de ellos nunca. No voy al teatro. No juego a las cartas. Si hay alguien abstemio, soy yo. N i siquiera tengo la distracción de fumar... Mi. vida de continua ocupación mental no presenta en esto más que un asueto: el. campo, y en el campo, la caza. Esto s í la caza me ha encantado siempre. Quince horas diarias de tensión para la sensibilidad y para la inteligencia. ¿Q u é mucho que un espíritu así batido por la gimnasia reaccione siempre con insospechable y aguda agilidad... corrijo para que vuelvan a ser puestas en limpio y enviadas a la imprenta... El conde Son las once de la mañana. Los antedespachos y pasillos del señoril palacio de la Castellana se pueblan de rumores. Es ya la gente política que acude a visitar al ex presidente del Consejo, al jefe del partido liberal, al posible futuro presidente otra vez. Sobre todo, este último es quien tiene más asiduos visitantes. ¡Seamos humanos y comprendámoslo... Adelante... Pero no; yo no he venido hoy a hablar del político que tiene su tertulia de once a. una y media todas las mañanas en el palacio señoril de la Castellana. Si yo me pusiera ahora a describir ante usted, lector, al conde de Romanónes en esas dos o tres horas, usted formaría o seguiría formando del conde de Romanónes un concepto tan falso, tan sobremanera alejado de la realidad... como tienen muchos de los contertulios y correligionarios del conde de Romanones. No. Esas son las horas en que el conde de Romanónes es sólo el conde según la nomenclatura consagrada en el mundo de la trapisonda política. Y yo estoy hablando, no de el conde ni de Romanónes -como dice con familiaridad un poco insolente el vulgo propicio a otorgar famas a su antojo- sino de la entera y verdadera personalidad del conde de Romanónes... El escritor. El hombre de lecturas. Primeras horas matutinas... E l conde de Romanónes es durante ellas el hombre de lecturas y eí escritor. E n estas horas fueron redactadas las Memorias- -tan comentadas a su aparición- el Ságasla, de rara claridad en la visión del gran político. En estas horas está naciendo, página tras página, el Salamanca, obra en la cual el conde de Romanónes va a presentarnos, con documentada semblanza, la figura del ilustre cuánto poco vulgarizado prohombre. -No crea usted que exagero- -afirma el conde de Romanónes- -al decir que, dadas las ofertas que me hacen los editores, podría yo vivir con el trabajo de mi pluma... Y, vivamente, sin dejarme tiempo para que yo reaccione ante su sorprendente afirmación, diluye en una sonrisa; mientras guiña un ojo, esta aclaración: i- -Bueno; claro es que no viviría como vivo ahora, porque ya se sabe cómo vive, a duras penas, quien sólo vive de su pluma... Asiento y sigo escuchando al conde de Romanónes -Primero escribo mis cuartillas. Luego las dicto al mecanógrafo. Y a conoce usted mi letra, que, no siendo yo, no hay quien entienda. Sobre las cuartillas de máquina
 // Cambio Nodo4-Sevilla