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A B C. M A R T E S 16 D E D I C I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 20. U n grupo reducido de oficiales de la guarnición de Jaca, secundados por núcleos de soldados y paisanos, logró audazmente sorprender en sus domicilios, durante la noche del doce al trece, al general gobernador de la plaza, al coronel del regimiento de Galicia y al teniente coronel del batallón de la P a l ma, así como a otros jefes y oficiales que dormían alojados en la Ciudadela. Asimismo consiguió el núcleo rebelde detener a los jefes y oficiales desafectos y sacar a la calle las tropas, haciéndoles creer que se había proclamado en toda España la República. N o tuvieron los revoltosos igual fortuna en sus propósitos de someter a las fuerzas de Carabineros y Guardia civil, por lo que dieron muerte a dos de aquéllos y al sargento de la Benemérita, comandante del puesto, víctimas inocentes que han perdido con honor la vida en cumplimiento de su deber. Eliminada así l a actuación de jefes que pudieran sofocar la rebeldía; suprimidos sin reparo los elementos que hicieron frente a ésta, los sediciosos se adueñaron de la población, cortaron las comunicaciones, se proveyeron de armamento, con el cual y con los uniformes de los almacenes de los Cuerpos equiparon a los paisanos; requisaron camiones, organizaron una junta revolucionaria (que expidió salvoconducto y ejercitó otros actos de mando) y emprendieron la marcha sobre Huesca, a cuyo fin se valieron de vehículos automóviles y de ¡a línea férrea, aunque no pudieron llegar más que hasta Ayerbe, porque en esta estación resistieron fuerzas de la Benemérita y Carabineros y además levantaron los rieles en cumplimiento de órdenes del Gobierno. Este, mientras tanto, había acumulado elementos para ahogar la rebelión, ordenando que de Zaragoza y Pamplona acudieran fuerzas para dominar el movimiento. A l advertirse en Huesca la incomunicación con Jaca, y ante los rumores de que algo anormal ocurría en esta población, el general gobernador militar, D Manuel de las Heras, salió, acompañado del jefe del Estado Mayor, de dos oficiales y doce números de la Guardia civil, eu dirección a Jaca, y al intentar reducir a la obediencia a la columna rebelde, que avanzaba, no pudo lograr su propósito, pues por desgracia la obcecación de los sublevados fué tan grande que en vez de acatar a su superior dispararon contra él y contra sus acompañantes, hiriendo al referido general y a un guardia civil, matando a un capitán de este Instituto y prendiendo a un teniente del mismo y al jefe del Estado Mayor. Las fuerzas de la guarnición de Huesca, compuestas del regimiento de Valladolid y de un regimiento pesado de Artillería, al tener noticia de la marcha hacia esa población salieron de la pia; a al mando del coronel Muñoz Barredo y ocuparon posiciones defensivas, en las que permanecieron durante la noche para detener el avance de los sediciosos. Las fuerzas que habían partido de Zaragoza en tren militar y en camiones llegaron en la madrugada del día 13 a Huesca, y constituyendo una columna mandada por el general Dolía, marcharon a reforzar las posiciones establecidas por aquella guarnición, ante las cuales se presentaron los sublevados a las ocho de la mañana. N o habiendo tenido éxito la maniobra emprendida por los sediciosos de atraerse a las tropas leales, rompieron el fuego contra ellas, que fué contestado por l a artillería y las ametralladoras. Inmediatamente comenzó la desbandada de los rebeldes, que dejaron sobre el campo dos muertos y 25 heridos de tropa, abandonando en su huida las ametralladoras, fusiles y camiones que habían utilizado. L a columna leal avanzó hacia el norte, recogiendo todo el material citado y apoderándose de 19 S hombres. Y continuando su marcha hacia Ayerbe, entraron en esta población a última hora de la tarde, donde se sometieron seis oficiales y 300 hombres. Como quiera que a su vez la noticia del encuentro y de su resultado había llegado a Jaca, ausentáronse precipitadamente los sediciosos que allí habían quedado, de suerte que el teniente coronel de Carabineros pudo reunir elementos bastantes para poner en libertad a los jefes y oficiales detenidos y restablecer la situación, que estaba ya normalizada cuando llegó por la noche la columna organizada en Pamplona. Con esto quedó terminada la rebelión, de la cual merece destacarse dos notas contradictorias de una parte, la fidelidad de la Institución armada que ha respondido a su tradicional lealtad, y de otra, la honda ofensa que algunos ofuscados han inferido a la disciplina militar, imponiendo la intervención de la jurisdicción militar, que ha comenzado la instrucción de las causas correspondientes, habiéndose ya juzgado a seis oficiales en procedimiento sumarísimo, dictándose por el Consejo de guerra correspondiente, en la plaza de Huesca, en las primeras horas de la mañana de hoy, sentencia por la cual se condena a la última pena a los capitanes del regimiento de Galicia D. Fermín Galán y D Ángel García Hernández, y a reclusión perpetua al capitán de Artillería disponible D. Luis Salinas García, teniente del regimiento de Galicia D Manuel Muñíz Izquierdo, teniente del regimiento de la Palma don Miguel Fernández Gámez y alférez del de Galicia D Ernesto Gisbert Blay. E l fallo respecto a los dos primeros fué ejecutado a las dos de la tarde del día de hoy. L o dicho bastaría para que la opinión pública quedara imparcialmente informada; pero conviene añadir algo más, con objeto de que no la sorprendan las salpicaduras que acaso traiga consigo la actitud de ciertos elementos propicios siempre a aprovechar para sus fines cualquier estado de- inquietud y apasionados hasta el punto de no comprender que estos movimientos fracasan totalmente cuando su iniciación ha podido atajarse y su proceso es conocido. Todas las noticias que se tienen sobre la abortada sedición coinciden en afirmar que el chispazo de Jaca debía ser el comienzo de una subversión general, a base de huelgas revolucionarias que apoyáranse en levantamientos republicanos que el Ejército había de contemplar con pasividad. Bien a las claras está la equivocación padecida. E l elemento militar, obedeciendo a imperativos esenciales de su misión, ha repudiado el papel que sin fundamento se le asignaba. Con ello sería suficiente para que se viniera a tierra toda la construcción levantada sobre tan erróneo supuesto. Pero se olvida, además, que al promoverse un levantamiento como el que se había fraguado, nadie puede regular su evolución, n i es capaz de contenerlo en su desenvolvimiento, porque en todo contubernio de elementos de desorden son en definitiva los más turbulentos y extremistas ros que prevalecen conduciendo los sucesos hacia el fin que a su interés importa, aunque haya que desoír los propósitos de los que desearían quedarse a mitad del camino. L o que pueden dar de sí las agitaciones comunistas y anarcosindicalistas abandonadas a su propio impulso, es cosa harto sabida porque las últimas huelgas generales surgidas en regiones tan diversas y con tan fútil pretexto han servido para ponerlo de relieve. L o que haya de significar un conato republicano, detenidos como están sus promotores y descartada la ayuda con que torpemente creían contar, no es tampoco motivo de seria preocupación. A h o r a bien: la repulsa general con que los pasados sucesos habían sido acogidos debe aleccionar a todos para que, advertidos de lo que se pretendía reaccionen en favor de las ideas de orden y paz pública, indispensables para toda convivencia civilizada. Por su parte, el Gobierno, consciente de sus obligaciones, no andará remiso en cumplirlas, y enterado de cuanto se trama quiere hacer constar que dispone de medios sobradísimos para establecer la tranquilidad, sea cualquiera la medida en que intente perturbarse. Los tribunales actuarán, interviniendo lo mismo cuando se trate de fallar los sangrientos episodios acaecidos que al enjuiciar la conducta de sus inductores. L a Ley, aplicada serenamente, bastará para arreglar la situación. E s sensible que la marcha hacia la normalidad se vea interrumpida por obstáculos tan torpemente acumulados. N o es menos lamentable que nuestra moneda sufra con daños para todos, las repercusiones de la presente agitación; pero a la postre, y muy en breve, el Gobierno, apoyado por la opinión, despejará para mucho tiempo el porvenir ahuyentando fantasmas y procediendo en toda ocasión con entereza proporcionada al estrago que estos movimientos causen a los intereses supremos del país. T r e s aviones arrojaron proclamas E n las primeras horas de la mañana se tuvo noticia por el Gobierno de que se habían sublevado los aviadores de Cuatro Vientos, del que se elevaron tres aparatos, que comenzaron a volar sobre Madrid, a muy poca altura, arrojando proclamas. A l paso de los aparatos sediciosos sobre algunos cuarteles fueron tiroteados por las fuerzas adictas al Gobierno, que obligaron a alejarse a los rebeldes. E n el m i n i s t e r i o d e l E j é r c i t o M a d r i d 15, 6 tarde. Los ministros permanecieron reunidos en el ministerio del Ejército con el general Bereng er desde las diez y media de la mañana hasta ias dos de la tarde. E l generai Sanjurjo estuvo mucho tiempo también en el despacho del presidente. E l Si- Rodríguez de V i g u r i dijo a los periodistas, al salir del ministerio, que en algunas poblaciones del Norte de España se habían declarado huelgas; que el movimiento revolucionario de Cuatro Vientos estaba completamente dominado, y que el Gobierno se reuniría de nuevo esta noche para conocer las noticias que hubiera. L a mañana e n P a l a c i o S e s u s p e n d e n las a u d i e n c i a s Desde poco después de las ocho de la mañana, uno de los aparatos que volaba sobre Madrid apareció por encima del Palacio Real lanzando proclamas en gran cantidad, que el viento llevaba hacia la Plaza de Oriente. E l aparato volvió a volar varias veces sobre Palacio, arrojando siempre proclamas. Como en los demás sitios de Madrid, los guardias de Seguridad, en la Plaza de Oriente y calle de Bailen, prestaban servicio desde primera hora, con tercerolas, y lo mismo la Guardia civil. E l relevo de la guardia exterior se verificó a las once, sin novedad. Bien pronto se supo que se habían dado órdenes para que un regimiento reforzase durante el día de hoy la guardia. S. M el Rey dio orden de que se suspendiera la audiencia militar que iba a recibir, y, en efecto, a medida que los generales, jefes y oficiales que figuraban en la misma iban llegando a Palacio, se les hacía saber la noticia de la suspensión. Las infantas doña Beatriz y doña Cristina, que se proponían trasladarse a la E s cuela del Cuartel de Alabarderos para presidir el anunciado reparto de prendas, han desistido también de su propósito. A las doce y media de la mañana el presidente no había acudido a Palacio. E l ministro de Estado había enviado, en cartera que llevaba el portero mayor del departamento, muchos decretos para la firma, que el Rey sancionó. A las doce se supo que una columna man-
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