Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
UN DRAMA RELIGIOSO EN WESTMINSTER Eager Heart (El gran corazón) es el título da un adorna religioso que se representa tina ves al año, desde hace veinticinco, en Westminster, por actores anónimos. En escena aparece Eager Heart con los tres Reyes Magos. TEATRO LITERARIO Y TEATRO ILETRADO E r a norma antigua en las costumbres teatrales considerar el arribo a la escena como una consagración del escritor. A l teatro se llegaba por el camino de la literatura, y sin cédula de hombre letrado o de poeta en vano se llamaba a sus puertas. L a razón estaba en que el público rio se satisfacía con meras imitaciones costumbristas. Su aspiración insatisfecha de elevarse hacia un nivel superior le pedía en la escena héroes legendarios o superhombres creados por el artista. Y la realización d r a m á tica no podía improvisarse. Iba elaborándose con las aportaciones sucesivas de una preparación literaria. E l espectador buscaba unas ideas que no fueran ias suyas, unos personajes distintos de los que forzosamente trataba a todas horas, un panorama m á s amplio que el campo reducido de sus experiencias. Acudía, en fin, al teatro para elevarse, para engrandecerse. Por eso el autor iletrado no podía darse como hoy. Hoy, sí. Se diría que el público concurre a ios teatros para rebajarse, para empequeñecerse. Causa tristeza ver cómo en el mundo entero va ganando puestos un teatro que nada tiene que ver con l a literatura. P o r lo que hace España, ¿cómo calificaríamos el que predomina en ella? ¿Comedia de costumbres? ¿Copia de la sociedad española? De n i n g ú n modo. Nuestra comedia actual se l i mita a la incorporación de tres o cuatro t i pos deformados grotescamente y repetidos hasta la saciedad, que no pueden ser representación de nuestras costumbres ni de nuestro medio social. ¿Cuál es entonces la causa de que este teatro predomine y se acepte con general complacencia? L a baja en el nivel cultural artístico. Europa empieza a darse cuenta- -a través de la influencia americana- -del error fundamental que supone haber abandonado el estudio de las humanidades para dar preponderancia a una enseñanza esencialmente utilitaria. Perfeccionando sus conocimientos en una sola actividad ha desatendido su preparación general y con ello ha reducido el campo de sus sensibilidades, t í a ganado en lo material. V i v e mejor. Se defiende mejor contra la vida. P e r c h a empequeñecido su espíritu. Se ha despojado de lo que vale más en nosotros: de la capacidad para las actividades espirituales; de saber perder el tiempo en cosas al parecer inútiles. Y de éstas ninguna ha perdido tanto como la l i teratura. Las generaciones actuales son antiliterarias. E n la escuela se les ha enseñado idiomas, no para que lean a Shakespeare o a Moliere, sino para la gran máquina comercial. Los principios de Filosofía se han substituido por elementos de Mecánica, y les fundamentos de cultura clásica por la ciencia aplicada. Este fenómeno, que no es caprichoso, como no es caprichosa, ninguna evolución humana, responde a una necesidad de la vida, y tiene, por tanto, la fuerza irrebatible de los hechos fatales. Pero produce la escisión de las letras en la formación de ¿a juventud, con grave peligro para quien nace con vocación literaria. Por si era poco, el cinematógrafo vino de momento a combatir la palabra como expresión artística. Se hablaba- ¡santo Dios! -del arte del silencio como de algo insuperable. ¡P a s m o s a herejía que al fin se ha desvanecido! Y una adolescencia formada en la contemplación muda de las imágenes con la misma atención muerta de quien no sabe leer ante las estampas de un libro llegó a la mocedad con psicología de analfabeto. Sólo con un público así ha sido posible el triunfó de un teatro sin literatura. Acéptese el hecho, ya que los hechos son leyes de vida y tienen más poder que todos los razonamientos. Pero no queremos creer que un espíritu tan fino y constantemente cultivado en la literatura como E n rique Diez Cañedo haya en algún momento defendido el teatro sin literatura. N o podemos creerlo porque viene a desmentirlo su magnifica traducción de Siegfried, la comedia m á s literaria de los futimos tiempos, y aunque el ilustre crítico aludiese a cierta literatura huera, m á s llena de falsa elocuencia que de verdadero acento humano, siempre sería preferible una literatura deficiente, a un iletradismo perfecto. Francia, que sigue dando normas al mundo, así lo ha entendido siempre. Y como es el país que, a pesar de la guerra, ha descuidado menos su educación literaria, sigue sin admitir el teatro iletrado. Allí no se da el caso de un autor- -por aplebeyado y superficial que sea- -que no sea capaz de escribir un excelente artículo periodístico o una correcta poesía con elegancia, fluidez y con estilo. Viene todo esto a cuento de haber presenciado recientemente la representación de Los andrajos de la púrpura. Ausente de M a d r i d cuando su estreno, había lleg- ado hasta mí el rumor de su literatismo. U n a comedia muy literaria decíanme todos, como si ello constituyera un grave pecado de su autor. E n efecto, así es. U n a gran comedia muy literaria. De una literatura desusada, si se quiere, pero muy noble, muy señora, muy alta, muy digna, muy de otros tiempos, desgraciadamente. Escuchar la voz de un poeta- -siquiera sea en prosa de largos períodos con resonancias de D Annunzio y cíe Bataille- -en este ambiente alicorto donde toda vulgaridad y todo prosaísmo tiene su eco, -es cosa desusada también y enseñanza muy provechosa. E n la representación que yo he presen-
 // Cambio Nodo4-Sevilla