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A B C SÁBADO 20 D E D I C I E M B R E D E 1930. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 6 LO POLÍTICO Y L O P E DAGÓGICO E l idioma en la escuela Más de una vez he planteado en estas populares y hospitalarias columnas de. A B C el problema de la enseñanza en su doble aspecto político y pedagógico. Las dificultades con que puede tropezar un maestro en Cataluña cuando se encuentra con un niño que no conoce el idioma castellano se resuelven con un sencillo criterio de discreción, pues pedagógicamente la eficacia de la escuela se puede lograr de dos maneras: o aprovechando el régimen graduado de la enseñanza y haciendo que en el primer grado se enseñe en catalán, o utilizando la semejanza y afinidad de las dos lenguas latinas (el catalán y el castellano) mediante el fácil expediente de que el niño se exprese en catalán y el maestro le hable en castellano, hasta que de un modo natural, sin violencia alguna, el idioma castellano se convierta en idioma vehicular, como les pasa a todos los niños educados por una institutriz extranjera y a todos los grandes que van a ampliar sus estudios fuera de España. Cuando yo estudiaba el doctorado me acostumbré a que mis condiscípulos catalanes me hablasen en su idioma, y yo les contestaba en castellano. Afortunadamente, repito, todas las personas cultas de España leen y entienden el catalán sin haberlo estudiado, y casi lo mismo nos ocurre con el italiano y el portugués. Tengo a l a vista un reciente libro, escrito por D Francisco Seminario. Se titula El problema catalán por la concordia, a pesar de todo) y entre las muchas cosas de interés que contiene encuentro las siguientes líneas: N o sé si la mentalidad de una raza y la psicología de un pueblo están o no íntimamente relacionadas con el instrumento de expresión: con su lenguaje. E n forma que, por ejemplo, la profundidad del pensamiento alemán, la disposición que los germanos tienen paradla Metafísica, es una consecuencia inmediata de su idioma más fluido, más vago, de contornos menos limitatíos y fijos que el francés y que todas las lenguas latinas en genera! pero lo que sí sé es que un latino de una cultura regular no encuentra dificultad alguna en la comprensión de una obra escrita en cualquiera de las lenguas de procedencia latina, y esto es más verdad tratándose del catalán y del castellano. Puede ser que- los nuevos escritores catalanes, en su empeño de substituir las palabras afines al castellano por otras más o menos exóticas, consigan elaborar un catalán literario que no lo entendamos los profanos, como nuestros vascófilos han hecho un vascuence que no lo entienden los casheros; pero el catalán usual, el catalán del hombre de las Ramblas lo comprende hoy un castellano aun cuando no tenga ninguna cultura. Y en cuanto al castellano, puede decirse que todo catalán que ha venido al mundo en las ciudades hasta ahora nacía bilingüe, como el suizo, el belga, etc. y que si hoy no es así, es porque ha tenido que hacer un esfuerzo por olvidar el castellano, sin perjuicio de que mañana tendrá que volver a aprenderlo, porque así lo exigirá esa íntima articulación de intereses qu existe entre Cataluña y su mercado, iba a decir, su colonia comercial: el resto de España. H o v no se puede, no va adquirir una cultura, n i comerciar, ni andar por el mundo, si no se conoce más que un idioma. E l bilingüismo ya no es suficiente y se necesita como mínimo tres o cuatro idiomas. 1 Pero aún es más interesante lo que escribe el autor, planteando el problema de las relaciones entre Cataluña y España, nada menos que en el mismo terreno en que lo hacen los más furibundos catalanistas: como un caso de protección de las minorías nacionales, que después de la gran guerra han pasado a depender de un Estado de diferentes nacionalidades: O p i n a la Sociedad de Naciones, en lo relativo a la enseñanza de las minorías, que. en las escuelas oficiales, sostenidas por el Estado, se debe enseñar en la lengua oficial; en las escuelas no oficiales se podrá enseñar en la lengua local, pero con la obligación de enseñar en esa lengua la oficial, y, por último, que el Estado no tiene por qué meterse, por no ser de su incumbencia, si esas minorías quieren sostener Academias o instituciones dedicadas al cultivo y perfeccionamiento de su idioma local; pero el considerar el castellano, como lo fracen algunos extremistas, como un idioma extravio, y posponerlo en la enseñanza de Cataluña a otro idioma extranjero, no sólo es una manifestación de una mentalidad cerril, sino que al mismo tiempo es ir contra los intereses de los catalanes. Y o insisto en que, sin necesidad de exigir a los maestros nacionales que sepan catalán, bastaría su discreción pedagógica para vencer las dificultades que a la eficacia de la escuela oponga la circunstancia de que los niños ignoren el castellano. L o que no me cabe en la cabeza es que una entidad tan respetable como la Asociación de Maestros Nacionales de Sevilla me denuncia y que tiene verdadera gravedad. Se trata, al parecer, de un maestro nacional de Barcelona, a quien se ha formado expediente porque se negó a admitir una comunicación oficial redactada en catalán. Esto ya no tiene nada que ver con la eficacia pedagógica de la escuela ni con la labor docente de los maestros. Esto ya afecta a la dignidad del profesorado público (yo me honro al considerarme compañero de los maestros de Primera enseñanza) y a la del propio ministro de Instrucción pública, quien no puede consentir que se veje a. sus subordinados por el hecho naturalísimo y hasta laudable de exigir que las comunicaciones oficiales relativas a un servicio público de carácter nacional, como es l a enseñanza, se redacten en el idioma de la Real Academia Española. ANTONIO R O Y O VILLANOVA ABC EN CHILE lia, Alemania y Estados Unidos. Estos son, en efecto, los; países que hasta el presente consultan l a reciprocidad para los escritores chilenos. Como se ve, un autor español, un editor español, no puede inscribir eii Chile las obras de su propiedad n i tiene derecho a l guno a ser defendido por, la Ley, porque. España, por imperdonable negligencia, no ha hecho l a declaración de reciprocidad para los autores o editores qhilenos. E s decir, que los casos, de piratería no pueden ser castigados, y: los que se apropian de la propiedad, literaria, artística, etc... gozan de una perfecta impunidad. Grave es, lo anterior, y es íle esperar que rápidamente actúe el señor duque de A l b a como jefe de nuestra cancillería, a fin de establecer la protección legal a nuestra producción intelectual. Y eso es, urgente, y es i m postergable, porque el mismo articulista no ss oculta para exponer una original doctrina, que pone en, situación peligrosa a la labor intelectual europea. Se refiere el autor a la próxima Convención de la Habana, y después, de explicar la situación de los autores cuyos países han establecido la reciprocidad para las obras chilenas, dice de este modo: Pero, entre tanto, quedan los países americanos, entre todos los cuales existe un. frecuente cambio intelectual y múltiples, posibilidades en materia editorial, o, en general, de reproducción de las obras de la inteligencia. A subsanar la situación deficiente que hasta el momento rige en todos los países americanos tiende Ta Convención de la Habana. E s oportuno, pues, hacer notar qué para Chile es de todo punto conveniente la ratificación de dicha Convención, que sólo aspectos favorables puede presentar para nuestro país. E n efecto, comienzan a producirse en el continente obras literarias, musicales, artísticas, que aspiran a la difusión internacional y la logran. E s legítimo consagrar a dos autores de ellas la protección legal, a que es lógico aspiran. N o se lesiona la cultura- nacional con e. sta medi, da, ya que las obras americanas que pueden tentar la circulación entre nosotros no son notoriamente superiores, como calidad e interés, a las que se producen en Chile. Este mismo principio, referido a la mayoría de las obras europeas es inaplicable, puesto que las obras aludidas presentan generalmente una superioridad. notoria respecto de las nacionales, y. su; mayor difusión sólo puede acarrear beneficios a la cultura chilena. E n tanto, con eh reconocimiento de la protección a los autores americanos se aleja la posibilidad del ejercicio de la piratería editorial, que cada cierto tiempo recrudece en C h i l e U n aspecto de la p r o p i e d a d intelectual en C h i l e Cuando se proriiulgó la ley de la propiedad intelectual que rige en esta República, me valí de las páginas de A B C para llamar la atención del Gobierno de España y de los autores y editores españoles sobre sus disposiciones. E l desinterés de que todos han dado claras señales crea una situación falsa, que puede ser apreciada exacta- mente leyendo el texto que sigue, que copio de un artículo de El Mercurio, de esta fecha (3 de noviembre) L a ley- -dice el periódico- -sobre propiedad intelectual vigente en Chile establece que se podrá inscribir en este país la propiedad de toda obra intelectual de autor natural de nua nación en la cual los autores chilenos tengan igual protección. De esta manera, merced a acuerdos especiales o simplemente por obra de las disposiciones de las leyes que en esos países extranjeros r i gen sobre la materia, en Chile se puede constituir la propiedad de obras intelectuales cuyos autores sean nacionales de Francia, Ita- N o creo que sea necesario decir más que el autor del artículo para dejar muy en claro el pensamiento fundamental: si se trata de una obra europea, de país que no haya dado la reciprocidad de la propiedad intelectual a Chile, el libré ejercicio de la piratería editorial es una virtud... Nuestro señor ministro de Estado, que es m i h o m b r e de. vasta cultura muy cuidadoso de los intereses de España y de sus prestigios, actuará con toda diligencia en esta ocasión. Contará con l a más decidida cooperación del embajador de Chile, señor Bermúdez, que llevó a M a d r i d el- firme propósito de que las vinculaciones chilenohispánicas sean mucho más estrechas y fuertes. U n simple protocolo; de no laboriosa construcción, puede aclarar la recíproca posición de los dos países, y con eso se salvan dificultades y se evitan abusos. E l señor duque de A l b a estov seguro de que se dejará convencer por mí. EL BACHILLER ALCALICES. Valparaíso, noviembre, 193o.