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L O S R E Y E S MAGOS C O N SUS CLASICAS CRIAS D E C A M E L L O S ricos, y veréis. H e aquí el tablero de los muñecos. H a y 750, que forman nutridos cuadros, parecidos a ejércitos. Están a falta de pintarles los ojos, la boca y las peanas. Aquí, sentado, hay u n niño; allí otro, otros dos más allá. Todos hacen algo: unos para ayudar, otros por afición. H a y trabajo para todos, porque durante la temporada- -d e julio a diciembre- -se producen sesenta o sesenta y cinco gruesas de pastoreo y otras tantas de ganado. E l pastoreo comprende toda toda clase de figuras humarías, desde el Misterio hasta los Magos, y, por añadidura, los camellos. Cada figura, una perra gorda. E l ganado lo forman pavos, ovejas, gallinas y algo más. A perra chica l a pieza. Total, 18.720 figuras en seis meses. Que hay que moldear, armar y pintar. Todo a mano. ¿Sabéis lo que viene a quedar? Seguramente no llega a mil pesetas en l a temporada, para todos. N o queda resquicio en el reducido tallercito para la vida del hogar. ¿Dónde comen, dónde duermen aquellos niños, con su madre y con su abuelita? E n t r e cajones de muñecos pintados y entre nacimientos de corcho y de cartón. ¡O h qué ilusión para algunos de los compradores! Y sin embargo, en aquella mansión del placer hay quien siente algo de melancolía... ¿C ó m o hace usted los muñecos, señora Manuela? -E s t á todo muy caro, señor. L a s pinturas, el barniz, hasta el barro cerámico. -I Cerámico? ¡A h sí, s í! H a y que comprarle en V i llaverde, en la cantera. Se trae por cargas, duro y seco. E s preciso humedecerle, trabajarle y tenderle hasta que se dé. Cuando se le hacen grietas es que ya se ha dado: Después se sacan los moldes. ¿Dónde adquiere los moldes? -L o s hago yo. M i marido modelaba las figuras, por cierto muy bien, porque tal era su oficio; pero yo me limito a remoldear, esto es, a sacar nuevos moldes de figuras queconservo. Nos muestra los moldes: dos sencillas piezas de escayola del tamaño de dos panecillitos de Viena. -V e a usted- -dice- se cogen así, se mete dentro el barro y se aprieta entre las dos rodillas. Y a está. L a figura sale sin ninguno de los añadidos que usted ve. Las panderetas, las ollas, los presentes que se ofrecen al niño van ensartados con un alambrito. También las patas de los caballos galopantes. Y las peanas de las ovejas y de los gallos. E s muy trabajoso. Luego se pintan. Las pinturas se preparan en casa. Polvos, aguarrás, aceite, barniz. ¡N o crea usted, que cada figura tiene muchos colores! V e a usted la lavandera: la cara y las manos, rosa; el pelo, marrón; los ojos, blanco y negro; la boca, encarnada las mangas, blancas; el pañuelo, azul; el delantal, morado; la peana, verde... ¡Q u é ihorror... -H a y que trabajar mucho- -nos dice la señora M a n u e l a- Y o me pongo a la labor a las ocho de la mañana, y la dejo a la una y media de la madrugada. Se puede hacer una gruesa diaria... ¿De modo que quedan pocos muñequeros? -Conocidos, pocos. A h o r a bien; es una pequeña industria que ocupa muchas manos diversas en estos días: pero que se dediquen habitualmente a ella... pocos. Murió la Ojirris y otro muñequero el pasado año. Dos que han caído. Antes se ganaba bastante, pero hoy no. Y o crié a mis dieciséis hijos, porque todos llegaron a cumplir cinco años, y el oficio nos permitió a todos los de la familia reunimos a l a mesa. H o y no sería posible. Soy una pobre viuda y no x tengo más que a m i h i j a y a m i nieta, y, si no fuera por los hijos que están en la A r gentina, que son muy buenos y se acuerdan de su madre... -Y durante el resto del año, ¿qué hace? L a hija de la señora Manuela, tan vivaz y madrileña como su madre, enumera el resto de la fabricación, contando con los dedos: -Fabricamos la cabecita del gato que hace ¡m a m á! la tijera que se alarga, el polichinela de cartón de los teatrillos, los pitos de San Isidro, las carracas de Semana Santa... ¿Todo eso se hace aquí? -preguntamos con extraña alegría, porque de pronto parece que hemos venido a dar con un pequeño corazón donde anidan tantas inefables emociones ya acabadas. ¿Y eran estas dos heroicas mujeres, animosas, tenaces, infatigables... (Luego, ¿era aquí? Sesenta años fabricando pequeñas figuritas. Ciento treinta gruesas al año, o sea dieciocho m i l Más de un millón, desde los tiempos del primitivo taller de la calle del Amparo ¡Cuántas vicisitudes a través de esta larga existencia de trabajo! Y en el porvenir, ¡cuántas vicisitudes aún! Y mientras tanto, frente a las necesidades crueles de la vida, estas dos mujeres ofreciendo a todos los pequeñuelos madrileños la cuna dorada, la virgen, el niño, la muía y el buey... Y o creo firmemente que, por ser tan modesta y v i v i r tan olvidada la señora M a nuela Díaz Rocha, nadie- -a no ser el teniente de alcalde del distrito- -sería capaz de formular una justísima petición en pro de una merecidísima medalla del Trabajo para esta mujer madrileña. JUAN M (Fotos V Muro. MATA UN EJERCITO D E MOLINEROS, LAVANDERAS, PASTORES Y REYES P R E P A R A D O PARA L A V E N T A
 // Cambio Nodo4-Sevilla