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FÚTBOL. PRIMERA LIGA LOS F A V O R I T O S D E L A P R I M E R A LIGA, DERROTADOS AMPLIAMENTE Y CON T A N T E O S D E SERSE El Real M a d r i d E l Athiétic de B i l b a o y el Barcelona, sucumben p o r cuatro tantos a uno Resultados Arenas- Real Madrid Raciríg- Athlétic Bilbao. Deportivo Alavés- Español Europa- Real Unión. Real Sociedad- Barcelona a cuya ayuda tenía que acudir para descargar de trabajo a Prats, a quien se le veía resentido de su lesión. E l aficionado madrileño no se dará cuenta de lo mal que jugó el Madrid. ¿Esté es el Madrid, equipo repleto de i n ternacionales? se preguntaban los espectadores. Sí, era el Madrid, aunque no lo pareciera. E l Madrid, que estaba llevando una lección severa que le servirá para que en lo sucesivo salga al campo a dar todo el rendimiento posible, sin examinar- de antemano los nombres de los jugadores contra los cuales tenga que enfrentarse. ¡Qué sorpresa al ver que un muchacho innominado hasta ayer- -ya advertí a los lectores dé A B C que se trataba de un jugador de porvenir- -fuese el alma de la línea media arenera! M e refiero a David, que se constituyó en héroe, de la tarde, hasta tal punto, que un fotógrafo, durante el fragor de la l u cha, hubo de llamarle para impresionar l a placa fotográfica con su diminuta figura, a fin de darlo a conocer de la afición vizcaína. E n la segunda parte, el M a d r i d jugó con diez jugadores- -Prast se retiró a la caseta- y este handicap pudo haberles costado una derrota aún más seria. P o r lo menos, un tanto más pues Gerardo Bilbao falló un penalty, por pretender esquinar demasiado el tiro. Para entonces Calero y Mandaluniz habían elevado ya el score a cuatro góals. A poco de comenzada esta segunda paite, García de la Puerta demostró qué es jugador oportunista, al marcar el único goal de su bando, por lo bien que calculó la trayectoria, del centro de Lazcano, recogiendo y enviándoío suavemente a la red por el único sitio libre de jugadores. García de la Puerta hizo cosas bonitas al principio del partido, y seguramente las hubiese repetido si no se hubiese dejado dominar por la apatía, acusada por ciertos gestos de desaliento que más de una vez se traslucieron al público. 1, L a defensa madrileña estuvo mal, sencillamente. Abusaron de las cargas, con lo cual se agrió el ambiente. Hubo un... incidente final que pudo traer consecuencias que luego todos hubieran lamentado. Torregrosa pegó una patada a Rivero y éste contestó con otra. E l arbitro- cortó el incidente y silbó el final del encuentro. E l Arenas merece una sincera felicitación por el juego que desarrolló durante todo el partido. N o se puede destacar la labor de nadie, porque todos estuvieron muy bien y colaborando para el conjunto. S i n embargo, me permito darles un consejo: Rivero, a su puesto. E l arbitro, Sr. Steinborn, tuvo un partido difícil, porque Quesada se dedicó a amargarle la tarde discutiéndole los fallos. Sin que esto quiera decir que en muchos casos no tuviera razón. E l público, bastante excitado; pero sin traspasar los límites que pudieran influir en el resultado del partido. Arenas: Zarraonandia; Llantadá, Arriét a David, Cilaurren, Gerardo Bilbao; R i r s vero, Fernández, Mandaluniz, Calero y Emilín. Real M a d r i d V i d a l Torregrosa, Quesada; Prats, Esparza, Peña; Lazcano, Eugenio, Morera, García de la Puerta y Gale. -Olascoaga, Rácing de Santander, cuatro t a n tos; Athiétic de B i l b a o uno Santander 22, T I mañana. Este partido había despertado enorme expectación, recordándose que en Santander únicamente fué donde el campeón de España quedó vencido en la temporada anterior. A pesar de la lluvia, se registra un entradón formidable, alineándose los equipos, así: Bilbao: Blasco; Castellanos, U r q u i z u G a rizurieta, Muguerza, Echevarría; Lafuente, Iraragorri, Bata, Uribe y Gorostiza. R a c i n g S o l a Ceballos y Mendaro; H e r nández, Baragaño y L a r r i n o s a Santi, Iba- rra, Télete, L a r r i n a g a y Cisco. Dominan al. principio los bilbaínos, que t i ran varias veces a goal. U n buen centro de Gorostiza es rematado alto con la cabeza por Iraragorri. E l Athiétic demuestra mejor clase, siendo el Racing incapaz de contener- susavances. A los cinco minutos, Lafuente pasa el balón a I r a r a g o r r i éste lo cede a Bata, que dribla la defensa y fusila un tanto, i m parable. Los santanderinos reaccionan, y Blasco, apurado, cede un córner. L e tira Santi, estando Ibarra a punto de rematar, rozando lapelota el poste. A los siete minutos, en- otrocomer, Baragaño remata y el tiro roza el poste, causando las jugadas viva emoción; ysiendo alentadas por los incondicionales. A pesar de todo, la delantera athlética juega mejor, dando sensación de mayor peligro por juego y por peso. Los athléticos tiran el p r i mer córner por mediación de Gorostiza. Los racinguistas dominan ahora, poniendo en situación grave a la meta de Blasco. Un. centro de Cisco es. rematado por Ibarra; pero como Blasco hace una salida en. falso, Castellanos tiene que hacer- un gran plongeón; para evitar el tanto, deteniendo el chut con. la mano. T i r a Baragaño el castigo y l o g r a el goal del empate, que entusiasma al público. Los vizcaínos atacan muy codiciosos, y Sola sé distingue, parando estupendamente, siendo ovacionado. E l Athiétic, sin embargo, cede terreno y concluye la primera parte con empate a un goal. A l comenzar el segundo tiempo, los montañeses son ovacionados y hay pitos para el Athiétic. Después de breves instantes de dominio athlético, el Racing presiona fuerte- niente, y en un acoso, Castellanos da una mano para evitar un goal. T i r a Baragaño el penalty, y Blasco le detiene; pero aquél re- coge la pelota y logra marcar el segundo, tentó. Los montañeses, enardecidos, juegan a fondo, y a los quince, minutos hacen la mejor jugada de la tarde. Cisco, perseguido por dos contrarios, en vez de centrar, los esquiva hábilmente, e internándose consigue marcar el tercer tanto de un. tiro magnífico, que es entusiásticamente aplaudido. El Athiétic juega cada vez más flojamente, siendo arrollado por el Racing. Se tiran tres corners seguidos, muy peligrosos para Blasco. H a y un gran centro de Santi, que Télete remata con la cabeza. L a pelota rebota arriba y abajo, entrando en la meta. Los athléticos protestan la jugada, abucheando los bilbaínos á Insausti. Este cuarto tanto produce enorme entusiasmo en el público. P o co después termina el partido con el triunfo del Racing, por cuatro a uno. Los delanteros del Athiétic estuvieron, muy flojos. S u mejor jugador fué Roberto. U r quizu y Castellanos, desacertados, y Blasco, irregular. 4- 1 4- 1 4- 1 2- 1 4- 1 A r e n a s cuatro tantos; M a d r i d uno Bilbao 22, I I mañana. N o crean los aficionados madrileños que lean este comentario que quien lo escribe se halla influenciado p o r w i exagerado partidismo local. Antes de sentarme frente a la máquina de escribir he procurado apartar a un lado todo prejuicio, repasando de memoria la marcha del partido y meditando sobre los i n cidentes desagradables- producidos duranteel misino, y de este examen sereno e imparcial he sacado la conclusión de que- conviene, para el bien del fútbol y para el equipo cortesano, hacer la crítica sin buscar paliativos que excusen la derrota, con lo que sólo se conseguiría desorientar a la afición madrileña con un engañó pueril. A mi juicio, el M a d r i d salió al campo imaginándose que la victoria necesariamente debía ser suya. Esto pudo apreciarse por la excesiva tranquilidad de que dieron muestra sus jugadores durante los veinte primeros minutos del primer tiempo. Suponían, como machos, que en la composición del once arenero aparecían demasiados remiendos, sin tener en cuenta que esos parches podían estar fuertemente cosidos a la prenda y no con sólo un hilván descuidado. A los seis minutos escasos, Calero marcaba el primer tanto, ante el estupor de la defensa cortesana, que había quedado clavada en su sitio, como esperando que algún ser llovido del cielo le sacase del apuro. H u bo algunas recriminaciones en el bando madridista; pero fueron pocas, porque quedaba aún mucho tiempo para remediar el tropiezo. Siguió el Madrid en plan de as, considerándose con fuerzas sobradas para aplastar a sus contrarios. Daba la impresión de que no se interesaba demasiado en la lucha. E l Arenas, en cambio, alentado por el buen éxito del comienzo, no dejaba de mantener el acoso en la meta de V i d a l Consecuencia de esta presión fué el segundo tanto, obtenido por Mandaluniz a los veintitantos minutos del comienzo. Y aquí vino el sálvese quien pueda del Madrid. Y a nadie se entendió; todos querían hacer y ninguno hacía nada. Perdieron de tal forma la cabeza los del Madrid, que no había sino un equipo en el campo: el del Arenas. Parece mentira que jugadores de la experiencia de Quesada, Peña y demás veteranos se descompusieran hasta el extremo de encararse unos con otros en forma descompuesta, tratando de colocar el fardo al vecino. Nadie quería ser responsable de aquel desbarajuste, y todos lo eran. Mejor dicho, todos menos Eugenio, que era el único, con sentido común, especialmente en la defensa, 1
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