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nantemente por F r a n c i a y la pequeña Entente Hungría, reino sin Rey, no se atreve a restablecer la Monarquía por considerarlo u n reto sus antiguos adversarios. Polonia, aliada de Francia, vive! en continua inquietud entre sus dos eternos enemigos A l e m a nia y Rusia, que no ocultan sus sentimientos respecto a Dantzig y las fronteras polacas. P o r todas partes vemos dictaduras y brotes de exacerbación nacionalista. H i t l e r i s m o agresivo en A l e mania, amenazando la paz interior. Comunismo en Rusia, invadiendo con su propaganda a los Estados capitalistas y armando al mismo tiempo su Ejército r o j o dispuesto a invadir e! O c c i dente como una nueva ola de barbarie. Fascismo en Italia, clamando a los cuatro vientos su disconformidad con los Tratados y su derecho a más amplias compensaciones territoriales. Y aquí tropezamos con la piedra de toque. Quizá el español que lea los conflictos anteriores se encoja de hombros soñando con otra beneficiosa neutralidad como la de 1914. Pero las cosas han variado mucho. Primero es dudoso que el Imperio Británico, hoy en grave crisis respecto a sus dominios y colonias, interviniese en otra guerra europea si de nuevo no invadían Bélgica y amenazaban sus propias costas. Segundo, la tensión francoitaliana, tan agudizada en estos tiempos, hace que peligre mucho la posible neutra- lidad de España en una guerra entre ambas naciones. H o y no es ¡posible ignorar ya que se alzan frente a frente F r a n c i a e Italia en competencia marítima por la hegemonía del Mediterráneo. Cada una busca también, en tierra, pactos y alianzas con diversos países. Si F r a n c i a cuenta con el seguro auxilio militar de aquellos E s tados favorecidos por el Tratado de Versalles, en cambio Italia parece inclinarse ahora hacia el llamado bloque de los descontentos Hungría, Bulgaria, Austria, Alemania, Turquía y la misma Rusia bolchevique. España, evidentemente, no tiene por qué salirse, erí teoría, de la más estricta neutralidad, ni manifestar su adhesión ¡tal o cual régimen político. Nuestro deseo fervoroso es seguir en cordiales relaciones con ambas naciones latinas y que éstas eviten darle al mundo el triste espectáculo de una lucha fratricida. Perc si llegara el caso, también debemos recordar que el Mediterráneo baña nuestras costas y nuestras islas Baleares. Y si bien los españoles no debemos consentir que pacto alguno o Tratado secrete nos haga salir de la neutralidad, tampoco habríamos de tolerar ninguna agresión u ocupación estratégica que humillara nuestre amor propio nacional. Por eso es de esperar que en 1931 se despeje la angustiosa incógnita francoitaliana y que se alejen las nubes negras que hoy ensombrecen el Mare Nastrum. 1 ARIST 1 DES TADO SU I5 RIAND, DE KSK PALADÍN Y DUK HA UNION DE I. A PAZ, Q U E FOTO NO HA OCULAL ALVARO ALCALÁ GALIANO DESENCANTO UNA RENUNCIADO. AL PARECER, MEl RJSSü) SUEÑO EUROPEA. des potencias, con sus respectivos satélites y la complicada cadena de alianzas, cuya medida preventiva contra pos bles conflictos armados arrastró, sin embarco, involuntariamente, a casi todas las naciones hacia la hoguera devoradora. Pero era rivalidad de Estados y de Cancillerías, no odios de raza, como ahora. Los pueblos europeos vivían inconscientes del peligro en aquellos felices tiempos de la anteguerra, en que la vida todavía era barata. Nadie creía en una guerra mundial y menos aún en una l u d i a larga v devastadora, que dejara igualmente agotados a vencedores y vencidos. Por eso, fuera de las altas esteras oficiales, pocos previeron en cada país las consecuetic as del drama de Sarajevo ni del agresivo nllimátam a Servia, considerado al pronto por las masas como un mero incidente balcánico. Se hablaba de la guerra s i n creer mucho en ella, como cuando, a veces, algún adivino anuncia el próximo fin lei mundo. L o triste es que c! terrible huracán provocado por la insensatez de 1o s hombres no haya servido de lección. De nuevo renacen los sentimientos destructores en el espíritu de los pueblos. Estamos en T 93 Una tras de otra fracasan las Conferencias de Desarme y aumenta vertiginosamente la carrera tk: los armamentos iiilitures, navah y aéreos. Pudiera objetarse, frente a peligro común, que el malestar económico fie Europa (sin olvidar la crisis financiera de los listados U n i d o s L las hondas perturbaciones políticas v sociales en diversos países y el agotamiento general, son un freno suficiente contra otra explosión de inconsciencia colectiva. Sin embargo, en la nueva Europa, bakani ada por absurdos Tratados, se han multiplicado los riesgos de agresión y las dificultades de lodo género. L a anémica República austríaca anhela el Inschiuss o sea la unión con la grande Alemania, prohibida termi- II I N D E N l S U K i EL MARISCAL OUK CA 1I JZO LA GUERRA, PRESIDENTE KESTKKI HOY DE LA REPUBLT ALEMANA. (FOTO