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EL TOREO EN INVIERNO U N ENCUSR. HO E N S E V I L L A N los días de p r e p a r a c i ó n de estas p á ginas, con el anticipo que requiere el acop. amiento y confección de numerosas y coleccionadas planas de un extraordinario, m á s dispuesto tenemos el á n i m o para meditar en rebeldías fracasadas que para discurrir en materia taurina. Pero como en periodismo el tema obliga, y sujeta, y empuja, y no se puede parar en lo de ayer, y hay que seguir sin detenerse, hemos de hacer un comentario al toreo, aunque el tiempo l o impida. T a m b i é n el toreo tiene sus revo uciones fracasadas, y en ellas intervino también, con su desinterés de siempre, la Guardia c i v i l L o s revolucionarios del toreo fracasaron, como los otros, porque Ifí revolución no tenía profundidad- -dimensión indispensable para triunfar- y fué cuando m á s algo visual y teatral de un día, de una hora, sin l a preparación necesaria; algo que sorprende y apasiona de momento y acaba por cansar. U n lance, un pase, un destello revoluciona las masas de las plazas; un detalle, sí, pero el toreo, no. Y es que e toreo es algo m á s amplio, m á s complejo, m á s fundamental, que t a m b i é n tiene su peso histórico. E s innegable que el torero de hoy torea de una manera tan precisa y justa como no sospecháramos. Tiene momentos plásticos de belleza escultórica. S e torea como no se ha toreado nunca dice l a gente. Y es verdad. Entonces, ¿p o r q u é se habla de c r i s i s? ¿P o r q u é las Empresas se lamentan por su negocio i Sí se torea coma no se ha toreado nunca, ¿por q u é se señalan decadencias en el toreo? S i queremos discurrir un poco acerca de las interrogaciones que nos salen al paso, E tenemos que decir que al toreo actual le falta profundidad. E s m á s intuitivo que clásico; m á s ocasional que escolástico. A c h a camos esto a falta de preparación, a desconocimiento del toro y su lidia, a que el toreo actual, su génesis y su desarrollo, es m á s de ciudad que de campo. E l toreo fué una necesidad de campo. L o s hombres guardaban los toros, bregaban con los toros, tenían que apartarlos, que cogerlos, que esquivar sus acometidas; tenían que torear. Para esto vigilaban sus querencias, aprovechaban sus condiciones, estudiaban el toro y el terreno, y sin proponérselo nació el toreo que m á s tarde había de invadir l a ciudad como espectáculo. L a ciudad le quitó rudeza y aspecto de lucha, ie u r b a n i z ó le vistió, le elegantizó, y poco a poco le fué haciendo señorito. ¡Ganó? ¿P e r d i ó? G a n ó V perdió, diríamos, si a las dos tendencias queremos tener en cuenta. Ganó al acomodarla a los fines espectaculares, cuando, en decadencia el toreo a caballo, los homibres de a pie le hicieron suyo y tuvieron hasta que inventar los útiles de trabajo, y organizark, y se dictaron reglas; y surgió el primer Tratado de la Tauromaquia o Arle de torear, libro docto y m a g n í fico, atribuido a Pepe- filo, y que sin duda inspiró, aunque el escritor debió ser, a j u i cio de los investigadores, D J o s é de la T i xera. L a fiesta, siguiendo una curva de v i cisitudes que no se puede trazar en ejste sencillo comentario, alcanzó su mayor coordenada en Joselito, y de ahí vuelve a bajar. P a r a los aficionados a esa curva a que hacemos referencia, que es en definitiva la traza de l a fiesta de toros, recomendamos un libro de reciente publicación, que pare 1 Í ce el primero de una serie de costumbres de E s p a ñ a en el que D Lorenzo O r t i z C a ñ a v a t e va acopiando datos interesantísimos para la H i s t o r i a del Toreo, de la colección que l o g r ó reunir su padre, D M i guel, uno de los aficionados m á s cultos, entusiastas y callados que tuvo la fiesta. Decimos que las coordenadas que sitúan a Joselito acusan después un descenso en ¡a fiesta. Y no es que el espectáculo venga a menos; es que el toreo se pulveriza en especialidades, y lo que gana la fiesta en i n tensidad pierde en extensión. H o y se torea como no se lia toreado; pero faltan toreros completos. A l lidiador le sobran prejuicios de ciudad y se echa de menos en él abolengo campesino. Guerrita es el primer torero que se sale de la ciudad y se va al campo a estudiar. Guerrita sabe que la agilidad y la fortaleza son indispensables para torear; el ejercicio m á s violento a que puede entregarse el hombre. Y en el campo encuentra su vigor v su m a e s t r í a Observa el califa de la t o r e r í a que las vacas de tienta, cuando se quedan codiciosas en el caballo, salen ahormadas y m á s fáciles para las suertes, y esta observación le lleva a la plaza y le dice al picador: D é j a t e enganchar el caballo Y se empieza a dejar romanear en los caballos para quebrantar al toro, que así permite un toreo m á s moderno, menos defensivo. H o y los toreros salen al campo m á s que nunca. A Salamanca concurren de todas las regiones, de todas las edades v de todas las categorías. Pero es una práctica taurina un poco a la inversa. N o van a resolver dificultades, esas dificultades, podríamos decir, tan difíciles que se presentan en el toreo. V a n con un prejuicio de plaza de toros a hacer
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